viernes, 23 de agosto de 2013

APOLO


Hijo de Zeus y Latona (Leto) y hermano de Artemisa (Diana en Roma), Apolo o Febo es el dios del sol, de la luz que surge en la oscuridad de la noche. Era descrito como el dios de la divina distancia, que amenazaba o protegía desde lo alto del cielo, siendo identificado con el sol y la luz de la verdad. Hacía a los hombres conscientes de sus errores y era el agente de su purificación; presidía las leyes de la religión y las constituciones de las ciudades, era el símbolo de la inspiración profética y artística, siendo el patrono del más famoso oráculo de la Antigüedad, el oráculo de Delfos, y líder de las musas.

Apolo es famoso, sobre todo, por su poder adivinatorio. Sus oráculos se demuestran fundamentales en la solución de cuestiones tanto políticas -la vida pública de los antiguos- como particulares -la vida privada-. Entre los santuarios dedicados al dios,el más célebre y famoso es el situado en Delfos, donde la sacerdotisa Pitia pronunciaba los oráculos entrando en estado de éxtasis.

También era el dios de la muerte súbita, de las plagas y enfermedades, pero también el dios de la curación y de la protección contra las fuerzas malignas. Además, era el dios de la belleza, de la perfección, de la armonía, del equilibrio y de la razón, el iniciador de los jóvenes en el mundo de los adultos, estaba siempre conectado a la naturaleza, a las hierbas y a los rebaños, y era el protector de pastores, marineros y arqueros.

Es una divinidad benévola, pero también vengativa. Apolo era temido por los otros dioses y solamente sus padres podían contenerlo. Los orígenes de su mito son sombríos, pero en el tiempo de Homero ya era una divinidad de gran importancia, siendo uno de los dioses más citados en la Ilíada.

Por ende, a menudo se le representa armado con arco y un carcaj de flechas, atributos básicos de su imagen. Sus dardos, como los rayos del sol, pueden ser o benéficos o maléficos; puede castigar a los hombres enviando plagas o causando muertes pero también tiene la habilidad de ayudar y alejar el mal si se le propicia oportunamente. Considerado el inventor de la música, y habilísimo con la lira, dirige el canto de las Musas y, por ello, se le denomina musagete (es decir, "guía de las musas"). Su vigor también es identificado con sus animales simbólicos como la serpiente, el cuervo o el grifo.

Descrito como un hombre de rara belleza, a Apolo se le atribuyen numerosos amores con ninfas o mujeres mortales. Sin embargo, fue un infeliz en ese terreno pero tuvo varios hijos: Ios, Ascelpio, la famosa maga Circe, Lino (maestro de Orfeo) y Faetón eran sus hijos más renombrados.


APOLO
Kylix de fondo blanco
470 a.C.
Delfos, Museo Arqueológico




APOLO SAURÓCTONOS
Copia romana de original del Praxíteles
360 a.C. 
Ciudad del Vaticano, Palacios Vaticanos




EL CARRO DE APOLO
Odilon Redon
1905 - 1914
París, Musée d'Orsay




EL PARNASO
Andrea Appiani
1811
Milán, Villa Belgiojoso Bonaparte, Museo dell'Ottocento



NACIMIENTO DE APOLO

Cuando Hera descubrió que Latona se encontraba embarazada del padre de los dioses, prohibió que diera a luz en tierra firme (es decir, en el continente o cualquier isla del mar). En su deambular, la joven Latona encontró la recién creada isla flotante de Ortigia, que pasaría a llamarse Delos, que no era el continente ni una isla real. Allí fue el sitio donde dio a luz a los gemelos Artemisa y Apolo.

Hera, en su malévolo plan, secuestró a la diosa de los partos, Ilitía, para evitar que Latona diese a luz. Los demás dioses del Olimpo engañaron a su reina para que la dejase ir ofreciéndole un collar de ámbar de ocho metros de largo. Los mitógrafos coinciden en que la primera en nacer fue Artemisa, y ésta ayudó a nacer a Apolo. Después, la isla rodeada de cisnes fue asegurada por Zeus y más tarde fue consagrada a Apolo.


APOLO Y ARTEMISA
Brygos
Tondo de una copa ática de figuras rojas
470 a.C.
Louvre, París



APOLO Y LA SERPIENTE PITÓN

Antes de la llegada de Apolo, el santuario de la diosa de la ley, Temis, se encontraba en la ciudad de Delfos, futuro santuario del dios del sol. El espacio sagrado de la diosa estaba protegido por un dragón ctónico llamado Pitón, un monstruo en forma de serpiente monumental nacido en la tierra que saqueaba de cualquier manera la tierra de Delfos. Pitón vivía en Delfos junto a la fuente Castalia, fuente que emitía los vapores causantes de que el oráculo de Delfos hiciese sus profecías. Hera había mandado a la gran serpiente para perseguir y matar a Latona, la madre de Apolo, por todo el mundo.

El primer combate que dio ocasión a que Apolo hiciera uso de sus flechas, a cuatro días de su nacimiento, fue cuando exterminó a la serpiente que devastaba la campiña de Tesalia. Es más, para proteger a su madre, el dios suplicó a Hefesto un arco y flechas. Tras recibirlos, Apolo arrinconó a Pitón en la cueva sagrada de Delfos.

Apolo logró matar al monstruo después de haberle disparado más de mil flechas, liberando así definitivamente al pueblo del terror del monstruo. Sin embargo, el dios por ello porque Pitón era uno de los hijos de Gea, la Tierra.

En memoria de dicha empresa, el dios instituyó los denominados Juegos Píticos, que se organizaban cada año en Delfos. Así, el dios se adueñó del santuario convirtiéndose en lugar dedicado a él. Para purificarse de la suciedad provocada por la muerte de la serpiente, Apolo fue hasta Tesalia. Desde entonces, en Delfos se conmemora la muerte de Pitón con fiestas solemnes cada ocho años.


APOLO MATA A LA SERPIENTE PITÓN
Eugène Delacroix
1850 - 1851
París, Louvre



LOS AMORES DE APOLO

Apolo reunía cuanto se necesitaba para agradas: a las cualidades del espíritu se unían la belleza del cuerpo, la lozanía de la juventud, una voz sumamente encantadora y un porte majestuoso; pero a pesar de tantas perfecciones no conseguía lograr el amor de mujer alguna. Coronis, Deífobo, Casandra y otras mujeres le despreciaron.

Apolo tuvo con Cirene un hijo llamado Aristeo, que se convirtió en el dios patrón del ganado, los árboles frutales, la caza, la agricultura y la apicultura. También fue un héroe de la cultura que enseñó a la humanidad las técnicas de la ganadería lechera y el uso de las redes y trampas en la caza, así como el cultivo de los olivos.

Con Hécuba, esposa del rey Príamo de Troya, Apolo tuvo un hijo llamado Troilo. Un oráculo profetizó que Troya no sería derrotada siempre que Troilo llegase a cumplir los veinte años de vida. Pero cayó en una terrible emboscada y fue asesinado por Aquiles.

Apolo también se enamoró de Casandra, la princesa troyana hija de Hécuba y Príamo, y hermanastra de Troulo. El dios prometió a la joven el don de la profecía para lograr seducirla, pero ella le rechazó después. Enfurecido, Apolo le concedió el don de conocer las tragedias futuras junto con la maldición de que nadie la creyera jamás.



APOLO Y DAFNE

Después de matar a la serpiente Pitón, Apolo, ensoberbecido por la victoria, tropezó con Cupido. Éste estaba doblando su arco para anudar una cuerda a los dos extremos. En vista de la escena, Apolo escarneció al dios niño afirmando que armas tan grandes no eran adecuadas para un pequeño muchacho, sino para un dios valeroso como él. Frente a semejante afirmación, la reacción de Cupido no se hizo esperar. El dios del amor extrajo del carcaj dos flechas de distinto tipo: una dorada y de afilada punta, capaz de infundir amor atravesó al dios del sol; la segunda, despuntada y de plomo, que convertía en insensible al amor, disparó a la ninfa Dafne, hija del dios fluvial Peneo.

Inmediatamente el dios sintió una violenta pasión por la hermosa ninfa, y ella, lejos de corresponder a sus ternuras, huyó rápidamente y re ocultó a sus miradas. Apolo corre tras ella, al través de la pradera por donde serpenteaba el río, y ya estaba a punto de alcanzar a la joven Dafne cuando ésta, rendida por la fatiga, imploró la ayuda de Peneo, que la transformó en laurel.

Apolo solo pudo estrechar entre sus brazos un tronco inanimado. Este árbol hizo desde entonces sus delicias; lo adoptó como símbolo, arrancó del trono algunas ramas y con ellas se tejió una corona, queriendo así que en los siglos venideros el laurel fuese la halagadora recompensa por la que suspirasen los poetas, los artistas y los guerreros.



APOLO Y DAFNE
Gian Lorenzo Bernini
1622 - 1625
Roma, Galería Borghese



APOLO DESTERRADO

Otras desgracias le esperaban aún al dios del sol. Presenció la muerte de su hijo Ascelpio, famoso médico a quien Zeus aniquiló con sus rayos, castigándole así por haber resucitado a Hipólito, el hijo del famoso héroe ateniense Teseo. 

Apolo, que no se atrevió a tomar venganza en la propia persona de Zeus, dio muerte a los Cíclopes que forjaban el rayo, pero esta atrocidad recibió el merecido castigo, pues el dios fue arrojado del cielo y condenado a vagar errante sobre la tierra, sujeto a los mismos infortunios y desgracias que los simples mortales.

Entonces fue cuando Apolo se puso a sueldo del troyano Laomedón, y cuando buscó asilo junto a Admeto, rey de Tesalia, donde, convertido en simple pastor, guardó durante largos años los rebaños de este príncipe leal y hospitalario.

Habiendo ofendido a su padre, fue enviado a construir junto con Poseidón las legendarias murallas de la ciudad de Troya para el rey Laomedón pero, según algunas fuentes, éste se negó a pagar a los dioses el salario estipulado en treinta dracmas troyanas. En respuesta, Apolo envió una peste terrible y Poseidón un maremoto con un fuerte golpe de su tridente.

Apolo disparó flechas infectadas con la peste en el campamento griego durante la fatídica Guerra de Troya en respuesta al isnulto de Agamenón a Crises, uno de sus sacerdotes cuya hija Criseida había sido secuestrada. Apolo exigió su liberación, y los aqueos terminaron por ceder, provocando indirectamente la furia de Aquiles.

Cuando Diomedes hirió a Eneas, Apolo lo rescató sin vacilar. Primero Afrodita, su protectora madre, intentó rescatar al príncipe troyano pero Diomedes la hirió también. Entonces, Eneas fue envuelto por una nube creada por Apolo, quien le llevó a Pérgamo, un lugar sagrado de Troya.

Apolo también socorrió a Paris a matar a Aquiles guiando la flecha de arco hasta el débil talón del griego. Una interpretación de esto motivo es que fue en venganza por el sacrilegio que Aquiles al matar a Troilo, hijo de Apolo con Hécuba, en el mismo altar del templo a él dedicado.



APOLO Y LOS REBAÑOS DE ADMETEO

Ascelpio, dios de la medicina e hijo de Apolo y Coronis, había llegado a ser tan hábil en el arte de la medicina que sabía resucitar a los muertos. Temiendo que el dios médico pudiese trastocar el orden natural del mundo, Zeus lo fulminó. Para vengarse de dicha injusticia, Apolo mató a los Cíclopes que, en la fragua de Hefesto, creaban los rayos de su padre.


Como castigo, Apolo fue enviado como esclavo a Tesalia, donde estuvo durante un largo año cuidando los rebaños del rey Admeteo. Mientras Apolo seguía en su dura faena, Mercurio, muchacho aún, le robó los bueyes y los escondió. Gracias sólo a la providencial intervención de Zeus, fue establecido el orden. Pero Apolo, que había tenido ocasión de escuchar el mágico sonido de la lira inventada por Mercurio y había quedado fascinado, cambió los bueyes por el instrumento. 



APOLO Y FAETÓN

Faetón, hijo de Apolo y Clímene, tuvo cierto día un vivo altercado con Epafo. En el calor de la disputa llegaron a injuriarse con duras palabras y Epafo se atrevió a reprochar a Faetón que no era hijo del Sol: "Tu origen no nos es desconocido -le dijo,- tu frágil madre ha fingido unos amores divinos para legitimar mejor su desarreglada conducta". Ultrajado Faetón por este reproche, corre a casa de Clímene y muy emocionado exclamó: "Alguien ha puesto en duda lo celestial de mi nacimiento y aun ¡oh madre! se ha atrevido a atacar vuestro honor. Vengaos y vengadme, o si no decidme lo que procede hacer en tal caso".

Al momento fue concebido el plan conveniente. La madre aconsejó a Faetón que pidiese a Apolo que le permita guiar su carro aunque sea solo por un día a fin de poder así probar a sus calumniadores su celestial alcurnia. Faetón acudió a a morada del Sol, le refirió la afrenta que le había sido inferida y le suplicó que le concediese un favor que pudiese demostrar al mundo entero que era realmente su hijo.

Apolo, que sentía por Faetón tierno afecto, le juró por la laguna Estigia que ninguna de sus peticiones sería desatendida: "Pues bien, padre mío -le dijo,- dejad que por un solo día conduzca yo el carro de la luz: por esta prueba de vuestra ternura conocerán mis enemigos que sois el autor de mi ser". Apolo ya había jurado por las aguas estigias y su juramento debía ser irrevocable.

Intentó, pues, disuadir a su hijo de una empresa tan peligrosa, pero viendo que todas sus objeciones resultaban inútiles y que el joven se obstinaba más y más, llama a su presencia a las Horas matinales y éstas acuden precedidades de Ios, la Aurora; enganchan los corceles al carro del Sol, Faetón sube a él lleno de orgullo, empuña las riendas centelleantes y apenas se digna a escuchas a su padre que le advierte: "En tu vuelo, no seas excesivamente tímido o demasiado audaz; evita llegar al Cielo o descender hasta la Tierra; sigue un camino equidistante, único que te conviene".

Apolo hablaba aun y el presuntuoso Faetón se cernía ya veloz al través de la bóveda azulada. Los impetuosos corceles, que no sentían la mano de su amo, se desviaron del camino acostumbrado y tan pronto se elevaban demasiado, amenazando abrasar el cielo con su fuego, como descendían excesivamente secando el agua de los ríos. Entonces fue cuando los etíopes tomaron el tinte negro que aun hoy conservan y desde aquel instante los desiertos de África perdieron para siempre su vegetación.

La tierra, calcinada hasta lo más profundo, gime, se agita, levanta hasta el cielo su cabeza ardiente y conjura al rey de los dioses que ponga fin a tales tormentos. Alarmado Zeus, echó mano del rayo y mató al hijo de Clímene. Y mientras los corceles acaban al azar la carrera del día, Faetón, juguete de los vientos y los rayos, cae hecho un torbellino en el Erídano. Sus hermanas no pudieron sobreponerse a su desesperación y quedaron convertidas en álamos. Cicno, amigo de Faetón, sucumbió al peso de su dolor y se transformó en cisne.

Dos moralejas se deducen de esta fábula: Faetón representaba un ambicioso que acomete empresas superiores a sus fuerzas; Apolo, el Sol, es la imagen de los padres excesivamente débiles que no se atreven a negar nada a sus hijos y le ocasionan la muerte por una tonta condescendencia.


LA CAÍDA DE FAETÓN
Johann Liss
Comienzos del s. XVII
Londres



APOLO DESOLLA A MARSIAS

Marsias, natural de Frigia, era un músico notable que habiendo hallado junto a una fuente la flauta que Atenea arrojara, supo modular con ella dulcísimos sonidos. Orgulloso de los elogios de que era objeto, se atrevió a lanzar a Apolo un insultante desafío, que le fue aceptado, pero bajo la condición de que "el vencido se pondría a disposición del vencedor".

Los habitantes de Nisa fueron designados jueces del pleito. Los habitantes de Nisa fueron designados jueces del pleito. Marsias fue el primero que, colocándose en medio de la multitud, arrancó a su flauta sones maravillosos, con los que imitaba a la vez el gorjeo de los pájaros, el murmullo de las fuentes, la voz imperceptible de los ecos, los silbidos del huracán, el alegre vocerío de los borrachos.

La asamblea maravillada aplaudió entusiastamente, y Apolo, sin dejarse deslumbrar por estas clamorosas demostraciones de aprobación, acompañándose con su lira impuso silencio entonando un preludio melancólico. Después se entregó al arrobamiento que su arte le producía, e infunció en todos los corazones el delirio de la más delicada sensación estética. Apolo tejió su canto con estas palabras: "Ariadna abandonada en una isla desierta, Ariadna plañidera y gemebunda, Ariadna que se reprochaba haber abandonado a su padre, su hermana y su patria por un amante voluble, Ariadna que tenía por únicos testimonios de su pena los peñascos insensibles y las olas en perpetuo mugido, Ariadna, en fin, cuya llama sobrevivía aun a la traición del pérfico ateniense".

Las lágrimas brotaron de los ojos de todos los presentes y le adjudicaron el triunfo. Pero su crueldad empañó la gloria a que se había hecho acreedor; cogió a Marsias, lo ató al tronco de un abeto con las manos ligadas a la espalda, y lo desolló vivo. Su muerte causó duelo universal. Los Faunos, los Sátiros y las Dríades, le lloraron amargamente, y sus abundantes lágrimas engendraron un río de Frigia que por esto recibió el nombre de Marsias.


APOLO Y MARSIAS
José de Ribera
1637
Nápoles, Museo Nazionale di Capodimonte



APOLO Y CORONIS

Coronis (nombre con significado de "cornamenta"), era la bella hija del rey de los lapitas, Flegias. Apolo se encaprichó de ella, pero la muchacha lo traicionó con un joven mortal. El cuervo, ave consagrada al dios, voló rápidamente a explicárselo a su señor, quien, lleno de ira, se vengó atravesando a Coronis con una flecha.

Antes de expirar, la joven confesó que esperaba un hijo de Apolo. Ante tal afirmación, el dios, totalmente arrepentido, se maldijo a sí mismo y al pájaro que le había comunicado la traición. A pesar de los esfuerzos por intentar mantenerla viva, Coronis murió, pero Apolo consiguió salvar al niño arrancándolo del vientre de su madre cuando ya estaba en la pira fúnebre y confiándole a los cuidados del centauro Quirón. Así nació Esculapio o Asclepio, el dios de la medicina, que fue instruido en el arte médico por el centauro. En lo que al cuervo se refiere, que esperaba una recompensa por sus servicios, Apolo le cambió el color de blanco a negro.



APOLO, JACINTO Y CIPARISO

Jacinto, hijo de Amiclas, era un joven espartano amigo íntimo de Apolo. Este dios, para gozar de su presencia más a menudo, se había prestado a enseñarle a manejar el arco y a tocar el laúd. Céfiro sentía por el joven Jacinto especial estima, sin conseguir ser de él correspondido; solamente para Apolo tenía éste pruebas continuas de confianza y afecto.

Céfiro, a quien los celos atormentaban cruelmente hasta cegarlo, no retrocedió ante el crimen. Un día que el feliz rival jugaba con Jacinto, Céfiro desvió el disco y lo dirigió contra la sien del joven con tal violencia que le causó la muerte. En vano aplicó Apolo sobre la herida las plantas de más reconocida virtud curativa; su amigo expiró a los pocos momentos y fue transformado en una flor que lleva el nombre de jacinto.

En la pequeña ciudad de Ceo vivía Cipariso, joven de extraordinaria belleza amado por Apolo. El muchacho poseía un ciervo sagrado, su más querido compañero de juegos y con el que pasaba la mayor parte del tiempo. Un caluroso día de verano, el animal se había echado a la sombra de un árbol buscando algo de fresco, y Cipariso, sin darse cuenta, lo atravesó con una flecha. Aunque Apolo intentó consolarlo, el joven mortal, desesperado, imploraba a los dioses permanecer en un estado de luto eterno. Entonces, sus miembros empezaron a transformarse adoptando el aspecto de un árbol, que por él tomó el nombre de ciprés, el árbol de la tristeza y del luto.


APOLO, JACINTO Y CIPARISO
Alexander Andreyvich Ivanov
1834
Tretyakov Gallery, Moscú

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