lunes, 26 de agosto de 2013

ARES O MARTE


Ares o Marte, hijo de Zeus y Hera, reyes de los dioses, es el dios de la guerra, caracterizado por un carácter violento, cruel y agresivo y, por tanto, es una figura desagradable para el resto de los dioses olímpicos, incluidos sus propios padres. Era, más bien, la personificación de la brutalidad y la violencia, así como del tumulto, confusión y horrores de las batallas. Los romanos lo identificaron con Marte, deidad romana de la guerra y la agricultora, al que habían heredado de los etruscos, pero que gozaba entre ellos de mucha mayor estima.

Los helenos siempre desconfiaron de Ares, quizá porque ni siquiera estaba influenciado por el espíritu de pertenecer a un bando, sino que a veces ayudaba a una parte y a veces a la otra, según le dictaban sus inclinaciones e intereses. Su mano destructiva se veía incluso tras los estragos provocados por plagas y epidemias. Este carácter sanguinario lo hacía ser odiado por otros dioses, incluidos sus propios padres.

Los antiguos pensaban que su residencia se encontraba en Tracia, región salvaje y extrema, habitada por poblaciones guerreras, las Amazonas (las cuales se consideraban sus hijas) entre otras. A diferencia de Atenea -quien encarna imagen de sensatez y prudencia en el plano bélico-, Ares representa el lado violento, feroz, sanguinario y cruel de la guerra. 

El dios Marte proviene del Ares griego de Tracia, donde su culto no estaba especialmente difundido y no tenía repercusiones morales o sociales. Ya existía, en cambio, esta divinidad en la ciudad de Atenas, donde tenía un templo en el Areópago (en griego, "colina de Ares").

El culto de Marte se hallaba, pues, muy difundido, sobre todo entre los romanos, pueblo belicoso que consideraba a este dios como el padre de Rómulo y el protector del imperio. Numa Pompilio instituyó en honor al dios un colegio de doce sacerdotes llamados salios, cuya principal misión consistía en velar por la conservación de los escudos sagrados. Cuando los cónsules partían para la guerra, iban al templo de Marte para orar y ofrecer sus votos, acercábanse solemnemente a la imagen del dios y tocando su lanza exclamaban: "¡Dios de la guerra, protege esta república!". En las fiestas que en su honor se celebraban se le sacrificaba un caballo, como símbolo de ardor militar, y a veces un lobo como emblema de furor. Le estaba especialmente consagrado el martín pescador por ser el ave que tiene fama de valerosa.

Se representa a Ares bajo los rasgos de un hombre joven aun, de feroz mirada y andar precipitado. El dios de la guerra tiene atributos propios de un guerrero, como el yelmo, el escudo, la coraza, la lanza y la espada. Pero no siempre aparece como vencedor: su fuerza brutal a menudo es derrotada y burlada por las fuerzas inteligentes de Hércules y Atenea. Su vestido es el de un guerrero; un casco protege su cabeza, y su pecho descubierto parece provocar los ataques del enemigo. Con su mano derecha blande una enorme lanza; con su izquierda sostiene un escudo o sacude un látigo. A sus pies aparece un gallo. Se le ve sentado en un carro tirado por fogosos corceles guiados por él mismo o Belona, su hermana y diosa guerrera.



ESTATUA COLOSAL DE MARTE
s. I. d.C.
Roma, Musei Capitolini




AREÓPAGO
Acrópolis, Atenas



NACIMIENTO DE ARES

Homero relata que el dios, armado de los pies a la cabeza siempre, se complacía solo con oír el salvaje grito de guerra mientras corría por los campos de batalla trayendo la muerte. Pero la sensual Afrodita (o Venus en Roma) se enamoró del dios, traicionando a Hefesto (Vulcano en la mitología romana), su esposo.

Homero y Hesíodo afirmaban que Ares era hijo de Zeus y Hera, pero los poetas latinos contaban que después de que el padre de los dioses hizo salir a Atenea de su cerebro, Hera hizo que Ares naciese del contacto de una flor en los campos de Olene, ciudad de Acaya. Ésta parece ser una imitación de la leyenda sobre el nacimiento de Hefesto, recogida por Ovidio. También existe una leyenda similar sobre la el nacimiento de Eris, diosa de la Discordia. Su lugar de nacimiento y auténtico hogar estaba situado lejos, entre los bárbaros y belicosos tracios, y a él huyó cuando fue descubierto con Afrodita.

Antes de que viniese al mundo, los hombres luchaban a la ventura, armados solamente con garrotes y piedras, sin táctica y sin orden, Ares fijó reglas precisas para el ataque y la defensa, simplificó, en principio, el arte de matarse unos a otros, y el hierro que hasta entonces se destinaba a usos ordinarios fue transformado en espadas y puñales.


CABEZA DE TIPO ARES BORGHESE
Copia romana de una obra del s. V
a.C. atribuida a Alcámenes
Finales del s. II
Musei Capitolini, Roma



ARES Y LOS ALÓADAS

En un oscuro mito arcaico, relatado en la Ilíada por la diosa Dione a su hija Afrodita, se contaba la historia de Ares y los dos gigantes ctónicos conocidos como los Alóadas. Ares desplegó un valor inaudito luchando contra Oto y Efialtes, los Gigantes hijos de Aloos, pero cayó en una emboscada y fue hecho prisionero por los Alóadas. Fue encerrado en una gran urna de bronce donde permaneció trece meses, es decir, un año lunar.

Ares gimió prisionero durante largo tiempo hasta que Hermes lo rescató y Artemisa engañó a los Alóadas haciendo que se arrojaran sus lanzas uno al otro, por lo que los dos acabaron muriendo.


OTO Y EFIALTES MANTIENEN
ENCADENADO A ARES
Tommaso Piroli
La Ilíada de 1795



ARES, AFRODITA Y HEFESTO

Aunque Afrodita se había casado con Hefesto, se enamoró perdidamente de Ares hasta el punto de traicionar a su marido. Ares, en su vuelta al monte Olimpo se esforzó por agradar a Afrodita. Su traje guerrero, el brillo de sus armas, su valor heroico daban a Ares, a los ojos de la diosa, singular belleza; ésta sentía su vanidad sobremanera satisfecha al ver postrado a sus pies a quien sembraba el espanto en los ejércitos.

El dios de la forja fue informado de la traición por Apolo, dios del sol que todo lo ve, y decidió vengarse. Acercandose a la fragua, fabricó una red extremadamente fina y al mismo tiempo muy fuerte y resistente, invisible incluso para el ojo divino. Tras sujetarla alrededor del lecho, fingió haberse ido a la isla de Lemnos, su tierra natal.

En ese momento, Ares aprovecho la situación y la ausencia de Hefesto para yacer con su amante, pero ambos quedaron atrapados e inmovilizados en la red. Entonces, Hefesto llamó como testigos a todos los dioses quienes, en vista de la escena, se rieron. La pareja sólo fue liberada gracias a la intervención de Poseidón.


VENUS Y MARTE
Sandro Boticelli
1483
Londres, National Gallery



ARES Y LA GUERRA DE TROYA

En la Ilíada de Homero se representa a un Ares sin alianzas fijas ni respecto hacia Temis, el orden correcto de las cosas: prometió a Atenea y Hera que lucharía al lado de los valerosos aqueos, pero la bella Afrodita logró persuadirlo para que luchase en favor a Troya.

Durante las batallas, Diomedes se enfrentó al príncipe Héctor y contempló como el dios de la guerra estaba luchando en el bando troyano. Así, Diomedes exclamó a sus soldados que se retirasen lentamente. Hera, reina de dioses y la madre de Ares, vio la injerencia del dios y pidió permiso a Zeus, su padre, para alejarlo del campo de batalla. Sin embargo, Ares logró atacar a Diomedes con su lanza, pero Atenea desvió el ataque. El héroe griego respondió con la pica y Atenea guió ese golpe para herir a Ares, quien en su caída bramó como nueve o diez mil hombres y huyó al Olimpo, lo que obligó a los troyanos a retirarse.

Cuando Hera mencionó durante un diálogo con Zeus que su hijo Ascálafo había fallecido, Ares rompió a llorar y quiso unirse a la contienda del lado de los aqueos contra la orden de Zeus de que ningún dios olímpico debía participar en la célebre guerra. Atenea detuvo a Ares y le ayudó a quitarse la armadura. Más tarde, cuando el padre de los dioses permitió a las divinidades tomar parte activa en la guerra de los mortales, Ares intentó vengarse de Atenea. No obstante, el dios terminó herido de nuevo cuando Atenea lo golpeó con una piedra sólida, cubriendo al caer con su cuerpo tumbado siete yugadas. Cuando la piedra golpeó al dios, mató a Ilíada y lo mandó a gobernar su patria, Tracia, un lugar de sabiduría.


DIOMEDES CONTRA ARES EN LA
 GUERRA DE TROYA



ARES EN LA TIERRA

Ares abandonó el cielo, se retiró a la región de Tracia y moró durante algún tiempo este país, por el cual sentía una especial estima y en el que era adorado como principal divinidad. 

De aquí marchó a Grecia; al llegar al Ática presenció los ultrajes que infería a su hija Alcipa el cruel Alirrocio, hijo del dios Poseidón, y no pudiendo contener su indignación mató al agresor. Poseidón citó entonces a Ares para que compareciese ante un tribunal augusto que los atenienses acababan de instituir, para que fuese allí mismo juzgado. El acusado expuso a los jueces el asunto con toda la simplicidad y franqueza de un soldado y se defendió con tal elocuencia, que fue absuelto. Entonces, este tribunal tomó el nombre de Areópago. Areópago quiere decir colina de Ares: Ares significa en griego Marte y pagos colina. En efecto, el Areópago se asentaba sobre la colina donde Ares pleiteara.

Uno de los papeles de Ares situado en el propio continente griego era el del mito fundacional de la ciudad de Tebas. El dios era el progenitor del dragón acuático que mató Cadmo, convirtiéndose en ancestro de los espartanos: los dientes del dragón brotaron como si de una cosecha creciese una raza de guerreros descendientes de Ares. Para aplacar a Ares, Cadmo tomó como esposa a Harmonía, fruto de unión entre el dios con Afrodita, resolviendo así la contienda y fundando la ciudad de Tebas.



LA PRESENCIA DE ARES, DIOS DE LA GUERRA

Entre la descendencia del dios de la guerra y brutalidad se encontraban los hijos que tuvo con la bella Afrodita: Deimos y Fobos, respectivamente los espíritus del terror y el miedo que lo acompañaban en la batalla. 

La hermana y compañera fiel de Ares era Enio, la diosa del derramamiento de sangre y la violencia. Su hermana Eris lo acompañaba en los combates, incitando a los soldados a luchar formidablemente. Su otra hermana Hebe, a quien trataba irrespetuosamente, era reclamada a menudo para prepararle el baño.

La presencia de Ares también se veía acompañada por Cidoimos, el daimon del alboroto de las batallas, así como las Macas (Batallas), las Hisminas (Disputas), Polemos (un espíritu menor de la guerra, probablemente un epíteto de Ares, pues no tenía un dominio específico) y la hija de éste, Alala, la diosa-personificación del grito de guerra griego, cuyo nombre era usado por Ares como grito de guerra propio.



DESCENDENCIA DE ARES

La descendencia del dios es bastante extensa. Sin embargo, los nombres más relevantes eran los siguientes:
  • Con la diosa Afrodita tuvo a Anteros, Deimos, Eros (Cupido), Fobos y a Harmonía.
  • Con Otrera, también llamada Hipo, que era una de las primeras reinas de las Amazonas y fundadora de la nación amazónica, tuvo a Antíope, Hipólita, Melanipa y Pentesilea, las grandes reinas Amazonas. Sin embargo, Otrera es considerada hija bien de Euro, dios del viento del este, bien del propio Ares, de quien fue consorte.
  • Con Ilia (Rea Silvia en la mitología romana) tuvo a los fundadores de la ciudad de Roma, Rómulo y Remo.
  • Junto a Cirene fue el padre de Diomedes de Tracia.
  • De su unión con Altea nació el héroe Meleagro.


MARTE Y REAL SILVIA
Peter Paul Rubens
1616 - 1617
Palais Liechtenstein, Viena

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