sábado, 24 de agosto de 2013

ARTEMISA O DIANA


Hija de Zeus y Leto, y hermana gemela de Apolo, Artemisa o Artemis (en griego) o Diana (en Roma) es conocida como la diosa de la caza, los animales salvajes, el terreno virgen, los nacimientos, la virginidad y las doncellas, la que traía y aliviaba las enfermedades de las mujeres. Fue una de las deidades más ampliamente veneradas y una de las más antiguas de toda la Antigua Grecia.

Narra la leyenda que, nada más nacer, ayudó a su madre a traer al mundo a su hermano. La diosa representa el correlato femenino de Apolo: también está armada de arco y flechas y, al igual que al hermano se le identifica con el sol, a Artemisa se la identifica con la luna a partir de la época helenística, siendo directamente identificada con la titánide diosa de la Luna, Selene. La diosa lleva en la cabeza, como reconocimiento, la luna en cuarto creciente.

Como su hermano, ella también puede mandar epidemias a los hombres; además, las muertes súbitas, en particular las de las mujeres, se consideran consecuencia directa de sus flechas. Al ser la diosa benéfica, aleja los males y los sufrimientos de los mortales.

En su caracterización de diosa de la caza, le gusta entretenerse en dicha actividad y a menudo se la describe dedicada a cazar entre bosques y valles con sus compañeras las ninfas, acompañada casi siempre de perros. A parte del perro, el ciervo también es un animal que identifica a la diosa, ambos consagrados a ella. Entre sus atributos también se encontraban el arco, las flechas y la luna.

Una imagen bastante frecuente de la diosa de la caza es la que la representa bañándose, dedicada a su aseo cotidiano. A menudo, la representación de Artemisa ha sido tomada como pretexto por los artistas para realizar bellos desnudos femeninos. Se le suele representar también o cazando o con su séquito de ninfas.

En la tierra esta diosa recibía los nombres de Diana o Delia (es decir, nacida en la isla de Delos), en el cielo se le daba el nombre de Luna o Febe, y el de Hécate o Proserpina en los infiernos. De aquí que Diana fuese también denominada diosa triple, triple Hécate, diosa de tres formas o triforme, nombres que el algunas ocasiones hallamos en los poetas, y que se le ofrecieran los sacrificios en las plazas o lugares en que convergían tres caminos.  


DIANA CAZADORA
Copia romana del original griego atribuido a Leocares
París, Louvre




DIANA CAZADORA
Cavalier d'Arpino
1600
Roma, Musei Capitolini




DIANA CAZADORA Y SUS NINFAS CAZANDO
Peter Paul Rubens
1636 - 1639
Colección privada, Madrid




DIANA SALIENDO DEL BAÑO 
François Boucher
1742
París, Louvre



EL NACIMIENTO DE ARTEMISA

Las versiones que relataban la historia del nacimiento de los gemelos de Leto eran diversas. Sin embargo, todas las tradiciones coinciden en que Artemisa era considerada hija de Zeus y Leto y la hermana melliza de Apolo, dios del sol y las artes.

La versión relatada por Calímaco era aquella en la que la reina de los dioses, Hera, es la protagonista. Encolerizada por la infidelidad cometida por su marido con Leto, Hera prohibió que ésta pudiese dar a luz tanto en tierra firme (en el continente) como en una isla. Pero la isla de Ortigia, que más tarde pasaría a llamarse Delos, emergió de las profundidades marinas, por lo que Leto pudo dar a luz en ella.

En otra de las versiones recogida por Higino, cuando Hera descubrió que Leto estaba en cinta de Zeus, prohibió que diese a luz en cualquier lugar donde el Sol iluminase. Además, envió a la terrible serpiente Pitón para que asesinase a Leto en el trance del parto. No obstante, Zeus envió al fuerte viento Bóreas para que recogiese a Leto y la llevase junto a Poseidón. Éste la llevó, a su vez, a la isla Ortigia, y cubrió el lugar con una gran bóveda formada por olas. Allí, sin contravenir la prohibición de Hera, nacieron Apolo y Artemisa aferrándose a un olivo. Más tarde, la isla pasó a llamarse Delos y Apolo mató a Pitón para vengar todos los sufrimientos de su madre.

Según narra la leyenda, Artemisa nació antes que su hermano y ayudó a su madre a dar a luz a Apolo. En otra, la isla de Ortigia es una isla diferente a Delos; en la primera fue donde nació Artemisa y en la segunda, Apolo.



LA INFANCIA DE ARTEMISA

Esta parte de la historia de la diosa de la caza no está completamente recogida en ningún mito conservado. La Ilíada reducía la figura de la pavorosa diosa a la de una muchacha que, tras haber sido azotada por la terrible Hera, buscaba consuelo en el regazo de su padre, Zeus.

Por otro lado, un poema de Calímaco dedicado a Artemisa "que se deleita en las montañas con el arco" imaginaba algunas escenas encantadoras. A los tres años de haber nacido Artemisa pidió a su padre, mientras estaba sentada en sus rodillas, que le concediese seis deseos: permanecer siempre virgen; tener multitud de nombres para diferenciarse de su hermano Apolo; ser la Phaesporia o "dadora de luz"; tener un arco y flecha, y una túnica hasta las rodillas para poder cazar; tener sesenta "hijas de Océano", todas de nueve años, para su coro; y veinte ninfas amnisíades como doncellas para cuidar de sus perros y su arma cuando descansase. No pidió, en cambio, que se le dedicase ciudad alguna, sino gobernar sobre las montañas, y también el poder de ayudar a las mujeres en los dolores del parto.

Artemisa creía ciegamente que había sido elegida por las Moiras para ser comadrona, ya que había ayudado a su madre en el nacimiento de Apolo. Todas sus acompañantes tenían que permanecer vírgenes bajo pena de implacables castigos, y la propia diosa guardó celosamente su castidad.

Calímaco relata cómo Artemisa pasó su niñez buscando lo necesario para ser una cazadora eficaz, obteniendo su arco y flechas en la isla de Lipara, donde trabajaban Hefesto y sus ayudantes los Cíclopes. Las hijas de Océano estaban aterradas ante la visión de los monstruosos herreros, pero la joven diosa se acercó valientemente y solicitó sus armas.

Artemisa también visitó a Pan, el dios de los bosques, y éste le dio siete perras y seis perros. A continuación, la mismísima diosa capturó seis ciervos de cornamenta plateada para tirar de su majestuoso carro, y comenzó a practicar con su arco disparando primero a los árboles y después a las bestias salvajes.


DIANA CAZADORA
Gaston Casimir Saint-Pierre



ARTEMISA EN LA GUERRA DE TROYA

Artemisa puede haber sido representada como partidaria del bando troyano en la famosa Guerra de Troya. La razón de esto sería que su hermano, Apolo, era el patrón de la ciudad de Troya, y la diosa era ampliamente adorada en toda la Anatolia occidental en tiempos históricos.

En la Ilíada, Artemisa llegaba a enfrentarse a la reina olímpica Hera cuando los dioses aliados con los bandos en conflicto se involucraron en éste. Hera golpeó a la diosa cazadora en los oídos con su propia aljaba, haciendo que perdiese las flechas. Después, Artemisa huyó llorando con Zeus y su madre, Leto, recogió el arco y las flechas caídas.

Sin embargo, su papel fue muy relevante durante la larga guerra. Además de calmar los vientos para impedir el viaje por mar de los aqueos hasta que Agamenón accedió a sacrificar a su hija Ifigenia, ayudó incansablemente a Eneas junto a Leto y Apolo. Éste lo encontró herido por Diomedes y los llevó al cielo, donde los tres lo curaron en absoluto secreto.


EL SACRIFICIO DE IFIGENIA
Sébastien Bourdon
1653
Museo de Bellas Artes de Orleans, Orleans



ARTEMISA LA CASTA

Entregada al ejercicio varonil de la caza, Artemisa acabó por volverse insensible a las delicadas inclinaciones propias de su sexo. Artemisa es también la diosa pura por excelencia, protectora de castidad y de las muchachas hasta el momento del matrimonio. 

Ninguno de los pretendientes que intentaron conseguir su amor pudieron lograrlo, y por eso ha sido otorgado a Artemisa el sobrenonmbre de casta. 

Como una joven virgen, Artemisa despertó el interés de numerosos dioses y hombres mortales, pero ninguno de ellos logró ganarse el corazón de la diosa de la caza a excepción de su compañero de caza Orión, quien murió accidentalmente a manos de la propia Artemisa o de Gea, la Tierra.

Alfeo, un dios-río, estaba enamorado de la diosa, pero sabía que no podía hacer nada para ganarse su corazón, así que decidió raptarla. Artemisa se encontraba con su séquito de bellas ninfas en Letrenoi cuando fue al Alfeo, pero, sospechando sus motivos, cubrió su rostro con barro para que el dios-río no la reconociese. Otra historia donde aparece el dios es cuando intentó violar a una ayudante de Artemisa, Aretusa. Ésta sintió pena por ella y la salvó transformándola en una fuente en el templo de Artemisa Alfea en Letrini.

Búfago, el hijo del titán Jápeto, vio a Artemisa y pensó en violarla. Detectando sus pecaminosos pensamientos, la diosa lo atacó en el monte Foloe.

Sipretes era un muchacho cretense que vio accidentalmente a Artemisa bañándose desnuda o intentó violarla, y ésta lo transformó en una muchacha.



ARTEMISA Y ENDIMIÓN

La historia de Endimión no contradice en un punto lo que acabamos de exponer. Endimión, pastor de Caria, había obtenido del padre de los dioses, Zeus, el privilegio de no envejecer jamás y conservar hasta el fin de sus días la lozanía y frescura juveniles.

Una noche que Artemisa a la claridad de la luna vio al pastor dormido sobre el monte Latmos, quedó tan prendada de su belleza, que durante largo rato, llena de admiración recreó en él su mirada. Esto es lo que la fábula refiere; la verdad es que Endimión, que era un sabio astrónomo de la Caria, muy a menudo pasaba la noche en la cima de las montañas entregado a la observación y al cálculo de la marcha de los astros. La Luna, o sea Artemisa, iluminaba sus prolongadas vigilias, durante las cuales, agotado ya por el trabajo, se rendía algunas veces en brazos del sueño. Por lo que dice la fábula de que Endimión no envejecía jamás, resulta ser verdad, porque el genio y la ciencia pueden hacer al hombre inmortal.


SELENE Y ENDIMIÓN
Sebastiano Ricci
1713
Chiswick House, Londres



ARTEMISA Y ACTEÓN

Pero esta misma diosa, acostumbrada como estaba a dar caza a los más feroces animales empapando muchas veces la tierra con su sangre, tenía, por esta misma razón, un carácter salvaje y se entregaba sin escrúpulo a cualquier acto inhumano, de lo cual es ejemplo palpable la muerte de Acteón.

Acteón, hijo de Aristeo y Autonoe, no tenía otra afición que la caza, siendo así un cazador muy hábil: en el arte de la caza fue instruido por el centauro Quirón. Un día, después de haber matado innumerables animales salvajes sobre el monte Citerón y cuando el Sol era más ardiente, llama junto a sí a sus compañeros, que corriendo a través de los bosques se entregaban aun con ardor a su diversión favorita: "Alegraos de vuestra jornada -les dijo;- recoged vuestras tiendas y no os fatiguéis ya más". Obedecieron todos y se entregaron al descanso.

Allí cerca se extendía el valle de Gargafia, consagrado a la diosa Artemisa. Era un paraje lleno de encantos, sombreado de pinos y cipreses bajo cuyas ramas corría el agua fresca y límpida entre dos riberas esmaltadas de flores. Allí Artemisa, cansada de sus largas correrías, acababa de llegar con las ninfas que formaban su séquito, con el propósito de bañarse. Acteón, que vagaba por el bosque sin rumbo fijo, tuvo la desgracia de penetrar en este vallecito y acercarse al mismo riachuelo.

Las ninfas al advertir el ruido y viendo que el ramaje se estremecía, lanzaron un grito de espanto. Artemisa se indignó contra el temerario cazador y recogiendo en el hueco de su mano el agua de la corriente, se la echó a la cara; en aquel mismo momento su cabeza apareció coronada por cuernos arborescentes, su cuello se prolongó, sus brazos se convirtieron en piernas delgadas y largas y todo su cuerpo quedó cubierto de un pelo jaspeado; en definitiva, Acteón quedó convertido en ciervo.

Los perros de la diosa, al descubrirlo, le acometieron. Él quería gritarles: "¡Yo soy Acteón, reconoced a vuestro amo Acteón!", pero su garganta no podía proferir palabra ni articular sonido alguno, muriendo destrozado por los mismos canes que había amaestrado y alimentado y que poco antes saltaban de alegría a su alrededor prodigándole las más tiernas pruebas de cariño.

LA MUERTE DE ACTEÓN
Crátera ática de figuras rojas
Pintor de Pan
470 a.C.
Museum of Fine Arts, Boston




DIANA Y ACTEÓN
Tiziano Vecellio
1558
Edimburgo, National Gallery of Scotland



ARTEMISA Y CALISTO

Calisto era hija de Licaón, rey de Arcadia, entró en el séquito de Artemisa después de haber hecho un voto de castidad. Zeus la descubrió y se enamoró de ella. Éste, adoptando el aspecto de su hija Artemisa, sedujo a la joven y la preñó. Después de unos meses, tras una larga cacería, la diosa propuso a su séquito parar junto a una fuente para descansar y refrescarse. En el momento en que todas se hubieron desnudado, Calisto dudó y las ninfas le arrancaron las ropas descubriendo así su embarazo.

La hermana de Apolo, enfadada y celosa, transformó a Calisto en una osa. Ignorando completamente la triste suerte de su madre, el pequeño Arcade, con quince años, intentó matarla durante el tiempo de caza pero Zeus se apiadó y lo detuvo en su cometido en el momento en el que estuvo a punto de matarla. En ese momento, el padre de los dioses elevó a su hijo y su amante en el aire, los situó en el firmamento y los transformó en las constelaciones de la Osa Mayor y la Osa Menor.


JÚPITER Y CALISTO
Jacopo Amigoni
1736 - 1737
Ermitage, San Petersburgo



ARTEMISA Y ADONIS

En algunas versiones del célebre mito de Adonis, que fue una adición tardía a la mitología griega durante la época helenística, la diosa Artemisa enviaba un jabalí a matarlo como castigo por haber presumido de ser mejor cazador que ella misma.

En mitos más tardíos, Adonis era descrito como favorito de Afrodita, y ésta era responsable de la muerte de Hipólito, a su vez favorito de Artemisa. Para vengarlo, Artemisa dio muerte a Adonis. Incluso en otra versión, era el propio Ares quien provocaba la muerte de Adonis como castigo por ser amante de Afrodita.


LA MUERTE DE HIPÓLITO
Jean-Baptiste Lemoyne the Elder
1715
Louvre, París



ARTEMISA Y ORIÓN

Después de haber abandonado a Eos, Orión se convirtió en uno de los más hábiles compañeros de caza de Artemisa. Sin embargo, la diosa terminaría por matarlo, aunque las razones dadas variaban según la versión.

Algunos defendían que la diosa había acabado con la vida de Orión para vengar los celos de los inmortales por el matrimonio de una de ellos, Eos, con el mortal Orión. En otros casos, en cambio, se decía que la diosa lo mató por haber sido retada a lanzar el disco.

Por otro lado, también se afirmaba que Orión intentó violar a Artemisa, por lo que ésta envió un escorpión desde la remota isla de Quíos a matarlo, y ambos fueron situados entre las estrellas como constelaciones. Esta leyenda explicaría por qué la constelación de Escorpio aparece justo cuando Orión comienza a ponerse: el escorpión aún lo persigue.

Orión había violado a una de las vírgenes que procedía de Hiperbórea llamada Opis, por lo que Artemisa se valió de sus flechas para acabar con su vida. 

En otras ocasiones se relata la historia de que Orión, siendo compañero de caza de Artemisa, se volvió sumamente arrogante, alardeando de su superioridad y ofendiendo a los inmortales. Gea, la Tierra, envió un escorpión gigante tras él, y Orión murió por la dolorosísima picadura del aguijón letal. Artemisa y Leto pidieron al padre de los dioses, Zeus, que pusiera a Orión en el cielo en forma de estrellas brillantes.

Apolo, hermano gemelo de Artemisa, temía que su pobre hermana pudiese perder su virginidad con Orión, o bien estaba celoso porque la diosa de la caza ya no le prestaba la atención de antes, o incluso creía que Orión, tras abandonar a Eos, acabaría también abandonando y haciendo sufrir a su hermana. Por ello, el dios tramó un ardid para que Orión muriese. 

Explicó, pues, a Gea, la Tierra, la vanidad del cazador y ésta envió un escorpión contra él. Orión trató de escapar nadando hacia la isla de Delos, lugar donde esperaba que Eos lo protegiese, y entonces Apolo desafió a Artemisa a disparar sus flechas contra el que se alejaba nadando tras acusarlo de haber seducido a Opis. Artemisa disparó sus flechas y lo mató. Tras ello, descubrió que se trataba de su amigo Orión y no poder hacerlo revivir, lo colocó entre las estrellas.


DIANA SOBRE EL CADÁVER
DE ORIÓN
Daniel Seiter
1685
Louvre, París



ARTEMISA Y LOS ALÓADAS

Oto y Efialtes, más conocidos como los Alóadas, eran los hijos gemelos de Ifimedea y Poseidón que crecían cada año un codo a lo ancho y una braza a lo alto. En cuanto a su carácter, eran bastante agresivos pero buenos cazadores, y no podían morir salvo si se mataban entre sí. 

A los nueve años de vida, quisieron tomar al asalto el monte Olimpo, para lo que apliaron el monte Osa sobre el Pelión. Lograron secuestrar a Ares y le mantuvieron preso en una vasija de bronce encadenado durante trece meses. Sólo fue liberado cuando Artemisa se ofreció a acostarse con Oto, lo que hizo que Efialtes sintiese una inmensa envidia y se pelearan. Artemisa se transformó entonces en una bella cierva y huyó saltando entre ellos. Los Alóadas, para evitar que huyese, arrojaron sus lanzas. En algunas versiones se defendía que Apolo fue quien los mató y en otras, en cambio, fueron ellos mismos quienes se mataron uno al otro.


OTO Y EFIALTES MANTIENEN
ENCADENADO A ARES
Tommaso Piroli
La Ilíada de 1795

2 comentarios:

  1. Quisiera tener relaciones sexuales con Artemisa.

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    1. pervertido! infeliz! bakaaaaaaaaaa!!!!!


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