lunes, 19 de agosto de 2013

CRONOS O SATURNO


Todo comienza con la autoridad de los grandes dioses o superiores sobre el mundo, donde aquellos que formaban la corte llegaron después de los otros diez. Urano, Gea, Saturno y otros Titanes dominaban la tierra. Entre ellos, Cronos (o Saturno en Roma) era hermano de Titan, quien, como primogénito debía reinar. Sin embargo, la madre de ambos sentía especial devoción por Saturno. Después de interminables súplicas, Titan renunció con una condición: su hermano estaba obligado a exterminar todo hijo varón para que así la realeza volviese a recaer en manos de los Titanes. Saturno aceptó.

Hijo de Urano, el cielo, y Gea, la tierra, Saturno pertenece a la primera generación divina, los llamados uránidas. El más joven entre todos sus hermanos, ayudó a su madre a vengarse de su padre convirtiéndose en el nuevo señor del mundo. El reinado de Saturno, en cambio, fue un periodo y corto. Unido en matrimonio con su hermana Rea (la Cibeles romana), devoraba a sus hijos por obligación de una profecía y, así, evitar que cualquiera de sus descendentes le destronase. Engendró y, por ende, devoró a Vesta, Ceres, Juno, Plutón y Neptuno. Pero Rea salvó al último de sus hijos, Júpiter, dando a luz en Creta. En su lugar, Saturno tragó una piedra que su mujer le entregó envuelta en pañales.

Escondido, Zeus al crecer cumplió aquella profecía que garantizaba a Saturno ser destronado. Dio a beber a su padre una droga que le hizo vomitar la piedra que Gea le dio y a todos sus hijos. El temor cerró su corazón a los sentimientos de la naturaleza y armó emboscadas al hijo que era tan digno de su amor. Júpiter, activo y valeroso, esquivó las celadas y, después de intentar en vano todos los medios de conciliación, cerró sus oídos a toda consideración, entabló batalla contra Saturno, le expulsó del cielo y lo sustituyó en el trono.

El dios destronado corrió a ocultar su derrota en Italia junto al rey Jano, que lo acogió amigablemente y aun se dignó compartir con él la soberanía de su reino. Saturno, por su parte, conmovido ante tan generosa acogida, se dedicó con ahinco a civilizar el Lacio, que era la región en la que Jano reinaba, y enseñó a sus rudos habitantes diversas artes útiles.

La divinidad Cronos o Saturno está estrechamente ligado a la agricultura, de la que se considera fundador y protector. Según cuenta la historia, el dios llego a Italia después de ser expulsado del Olimpo por su hijo, Zeus. Instalado el templo en la colina Capitolina, el dios empezó a enseñar a los hombres los principios de la agricultura, contribuyendo a la superación de las costumbres bárbaras e introduciendo un estilo de vida más orientado al orden civil y moral.

Después, cuando la civilización romana cogió los principios de la griega, Saturno fue Cronos, el dios que devoraba a sus hijos, convertido en señor del universo cuando su padre, Urano, fue expulsado. La imagen del dios, adoptó paulatinamente el papel de dios del tiempo. Así adquirió atributos como la clepsidra o la serpiente que se muerde la cola, símbolo de eternidad.

En la Alta Edad Media, las imágenes de Saturno se identificaron con un planeta y aparecía en las ilustraciones de documentos textuales astrológicos. Como  potencia planetaria, Saturno era considerado el más maligno de los planetas, lo cual hacía que se identificase con un carácter oscuro. Siendo el planeta más lento, representaba la vejez, la pobreza, el paso del tiempo y la muerte. Por tanto, en imágenes era representado como un hombre viejo, alicaído, con mirada severa y melancólica. Sus atributos son imprescindibles en la iconografía para ser identificado, como la hoz curva.

Durante esta época Cronos es igual a dios del tiempo, por lo que la hoz se convierte en símbolo del tiempo que amputa la vida humana. En la antigua vida romana también aparece como un hombre viejo canoso. En la Edad Media se incorpora la imagen de un señor alado con la clepsidra. El reloj es movido por sus pies para indicar el transcurrir de las horas.

Las fiestas ligadas a esta divinidad, llamadas saturnales por los romanos, empezaban el 16 de diciembre y se celebraban por espacio de tras días, durante los que permanecían cerrados los tribunales y las escuelas públicas, se suspendía la ejecución de los criminales y no se practicaba arte alguno como no fuera el culinario. Los festines, los juegos y el placer reinaban por doquier. Durante estas fiestas, que evocaban la igualdad y la libertad de la edad de oro, los esclavos eran servidos a la mesa por sus señores a quienes podían echar en cara impunemente las más duras verdades o espetar maliciosos decires.


SATURNO
Francisco de Goya
1820 - 1823
Madrid, Museo del Prado


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