martes, 27 de agosto de 2013

HEFESTO O VULCANO


Hijo de Zeus y Hera, Hefesto o Vulcano (en Roma) es el dios del fuego, de la forja y el herrero de los héroes y de los dioses, muchos de los cuales poseen hermosísimas armas forjadas por el. Era dios de los herreros, los artesanos, los escultores, los metales y la metalurgia, por lo que era un dios adorado en todos los centros industriales y manufactureros de Grecia, especialmente en Atenas.

Al ser hijo de los reyes dioses era, a su vez, hermano directo de Ares, Hebe y Eris.

Desde pequeño conoció el arte de la forja de los metales, y en su fragua, localizada en varios volcanes (entre ellos el Etna, en Sicilia), era ayudado por los Cíclopes. Zeus le entregó como esposa a Afrodita, la cual, enamorada de Ares, lo traicionó.

Ordinariamente se representa a Hefesto en su fragua bañado por abundante sudor, ennegrecida la frente por el humo, empuñando con una mano un martillo y con la otra el rayo, con el pecho siempre descubierto y llevando un extraño birrete. Su pelo y su barba aparecen en desorden. Al ser el dios del arte de la forja, los atributos eran claros: el yunque y el martillo.


VULCANO
Herman Vilhelm Bissen
1838
Museo Thorvaldsen, Copenhague




VULCANO, DIOS DEL FUEGO
Andrea Mantegna
1497
Louvre, París



EL NACIMIENTO DE HEFESTO

Hefesto fue fruto de la unión entre los soberanos de los cielos, es decir, Hera y Zeus. En la Teogonía, obra de Hesíodo, Hera concedió al pequeño dios totalmente sola, celosa porque Zeus había dado a luz a Atenea por la cabeza. Sin embargo, en la Ilíada se afirma que Zeus fue el padre del dios de las fraguas.

La tensión entre estas diferentes versiones era tal que, aunque en una y en otra se narra que Atenea terminó naciendo de la cabeza de Zeus, se decía que Hefesto fue quien abrió la cabeza del padre de los dioses para liberar a su hermana. Pero la otra versión sostenía que el autor de tal acto fue el titán Prometeo, ancestro de los mortales.

De cualquier manera, en el pensamiento griego los destinos de Atenea, diosa de la sabiduría y la guerra, y Hefesto, dios de la forja que fabricaba las armas de la guerra, estaban estrechamente relacionados. Hefesto y Atenea Ergane (Atenea como patrona de los artesanos) se honraban en una fiesta llamada Calqueas en el trigésimo día del mes Pianepsio. Por otro lado, Hefesto también fabricó decenas de pertrechos de Atenea.



HEFESTO DESTERRADO

Al venir al mundo, tan deforme, que horrorizado su padre ante tamaña fealdad lo precipitó desde lo alto de los cielos. Otras tradiciones defienden que la razón para el destierro del pequeño dios fue que estaba involucrado en una conspiración de Hera para derrocar a su padre, Zeus. En la Ilíada se narra que fue porque liberó a su madre, presa de una cadena de oro entre la tierra y el cielo tras una pelea con Zeus. El celeste aborto fue rodando durante un día en el espacio y de torbellino en torbellino fue a parar, al caer la tarde, a la isla de Lemnos, cuyos habitantes lo recibieron de tal forma que sólo se rompió una pierna.

Pero otras versiones defienden que fue Hera, mortificada por haber parido tan grotesca descendencia, la que no tardó en arrojarlo del Olimpo. Hefesto cayó durante nueve días y nueve noches hasta el mar, donde, como cuenta su mismo personaje en la Ilíada, dos diosas del mar, la nereida Tetis (la madre de Aquiles) y la oceánide Eurínome lo recogieron y cuidaron de él en Lemnos.

Privado Hefesto de los dones exteriores, estaba abundantemente compensado en los del genio: era el más industrioso de los inmortales. Con un poco de arcilla amasada con agua formó la primera mujer y supo embellecerla con tales atractivos que los dioses invitaron a la admirable criatura a que formara parte de su asamblea, la colmaron de dones y le dieron el nombre de Pandora.


VULCANO
Guillaume Coustou el Jóven
1742
Louvre, París



LA VUELTA AL MONTE OLIMPO

Tras haber fabricado tronos de oro tanto para Zeus, padre de los dioses, como para otras deidades, Hefesto se vengó del pasado elaborando un trono mágico de diamante. Éste fue enviado como regalo a Hera y cuando la reina de los dioses se sentó en él quedó totalmente atrapada, siendo incapaz de levantarse.

Los demás dioses rogaron a Hefesto que volviese a la morada del Olimpo y la liberase. Sin embargo, él se negó, enfadado aún por haber sido expulsado de manera tan injusta. Intervino pues Dionisos emborrachando al dios del fuego y lo llevó de vuelta al Olimpo a lomos de una mula. Hefesto, contrariado por la treta y dueño de la situación, impuso severas condiciones para liberar a su madre, una de las cuales fue contraer matrimonio con la joven Afrodita.



HEFESTO Y AFRODITA

En el panteón olímpico, Hefesto estaba formalmente emparejado con Afrodita, diosa del amor, la belleza y el erotismo, a quien nadie podía poseer jamás. Hefesto, en cambio, estaba sumamente entusiasmado de haberse casado con la diosa de la hermosura y forjó para ella magnífica joyería, entre ella se encontraba un cinturón que la hacía más irresistible aún para los hombres.

Pero Afrodita se entregaba en secreto al dios de la guerra, Ares. Cuando Hefesto tuvo noticia de las traiciones de su mujer gracias a Apolo, dios del sol que todo lo ve, tejió una red de oro irrompible y casi invisible con la que atrapó en la cama a los amantes en uno de sus encuentros. Hesíodo afirmaba que este suceso fue motivo de gran algarabía en el Olimpo, ya que Hefesto llamó a todos los olímpicos para que se burlasen de los amates. Hermes, el mensajero de los dioses, comentó que no le habría importado sentir tal vergüenza. Hefesto, empero, no quiso liberarlos hasta que prometieran terminar su tórrido romance, cosa que cumplieron, pero los dos escaparon tan pronto como la red fue levantada, por lo que no mantuvieron su palabra.

Según algunos antiguos, su desgraciado matrimonio con Afrodita fue lo que impulsó a Hefesto a asaltar a Atenea cuando ésta acudió a él por nuevas armas.


VENUS CON UNA MANZANA
Bertel Thorvaldsen
1805
Louvre, París




LA FRAGUA

Después de haberse casado con Afrodita, diosa de la belleza, no encontró Hefesto en esta unión la felicidad que esperaba, pero Zeus lo indemnizó de los sinsabores que el amor le ocasionaba constituyéndole dios del fuego, honor al que tenía tanto más derecho cuanto que cada día veía salir de sus talleres alguna obra maestra.

Según la Ilíada, la forja de Hefesto se encontraba en el Olimpo. Pero lo habitual era situarla en el corazón volcánico de la isla egea de Lemnos. Era, incluso, identificado por los griegos con los dioses-volcanes del sur de Italia Adranos y Vulcano.

Hefesto estableció en Lemnos dos fraguas considerables y en sus montañas fueron por primera vez pulimentados el oro, el hierro, el cobre y el acero. Bajo su dirección se construyeron nuevos talleres en los antros de Lípari y en las cavernas del monte Etna: allí trabajaba Hefesto con sus Cíclopes, cuyos nervudos brazos levantaban sin cesar los martillos detonantes. Estos Cíclopes o herreros eran una raza de gigantes antropófagos que tenían solamente un ojo en medio de la frente.

A ruego de Tetis fabricó para uso de Aquiles un casco, una coraza y un escudo que fueron el asombro y el espanto de los soldados troyanos. Solicitado por Afrodita forjó las armas de Eneas; por orden de su padre, Zeus, modeló aquel maravilloso escudo de Heracles que ninguna fuerza humana podía mellar ni romper. Entre sus obras más notables merecen mencionarse el mágico collar que regaló a Hermione, esposa de Cadmo, el cetro de Agamenón, el casco de invisibilidad de Hades, el carro de Helios, la égida y los rayos de Zeus, las sandalias aladas de Hermes, el arco y las flechas de Eros y los veinte trípodes provistos de ruedas, que, por sí mismos y sin recibir impulso alguno, se trasladaban al anfiteatro donde se reunían los dioses.


APOLO EN LA FRAGUA DE VULCANO
Diego Velázquez
1630
Madrid, Museo del Prado



DESCENDENCIA

A veces se consideraba a este dios padre con Etna de los Palicos, los daimones ctónicos de los géiseres y los manantiales de aguas termales de la región de Palacia, en Sicilia.

Hefesto estaba conectado con la arcaica religión mistérica frigia y tracia de los Cabiros, llamados Hephaistoi ("hombres de Hefesto") en Lemnos. Éstos, hijos de Hefesto con la ninfa Cabiro, eran daimones que moraban en la isla de Samotracia junto con sus hermanas, las ninfas Cabírides. Entre su descendencia también se encontraba Talía, la ninfa siciliana a la que amó Zeus.

En el mundo de los mortales, Hefesto tuvo una multitud de hijos. Entre ellos son celebres los siguiente: Caco, un bárbaro gigante lacio al que mató el más famoso de los héroes griegos, Heracles; Filamón, músico y rey de la Fócide; Pilio, un hombre de la isa de Lemnos que curó de su mordedura de serpiente a Filoctetes, héroe de la Guerra de Troya; Radamantis, uno de los poderosos y temibles jueces de los muertos; y Servilio Tulio, rey del Lacio en la mitología romana.


SERVIO TULIO, EL SEXTO LEGENDARIO
REY DE LA ANTIGUA ROMA
Frans Huys
s. XVI

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