sábado, 31 de agosto de 2013

HELIOS O SOL


Helios (en Grecia) o Sol (en Roma), el dios del astro celeste del mismo nombre, pertenece a la primera generación divina, la de los Titanes. Es hijo de Hiperión y Teia y hermano de Aurora y Luna. Los antiguos lo identificaban con una forma de hombre joven de ojos brillantes, con rizos marcados y un yelmo de oro en la cabeza. Su papel principal era el de llevar la luz los dioses y a los hombres, levantándose por la mañana del Océano en Oriente, atravesando todo el cielo y volviendo a caer al mar en el Occidente. El dios utilizaba un carro de fuego tirado por veloces caballos. Además, la tradición admite la creencia de que en Occidente se encontraba un palacio de oro donde el dios descansaba. Como aquel que todo lo ve y todo lo oye y cuya luz penetra por todo agujero, por muy pequeño que sea, se le invocaba en los juramentos y en las protestas. 

En una época más tardía, la época romana tardía, su imagen se sobrepuso a la de Apolo, aunque ambas divinidades fueron en origen distintas. 


HELIOS
Metopa del Templo de Atenea, Troya
Berlín, Museo de Pérgamo


APOLO SOLAR
s. II. a.C.
Túnez, El Djem



EL DIOS HELIOS EN LA ODISEA
John Falxman



FAETÓN

Faetón es considerado comúnmente hijo de Helios y de Climena. El niño fue criado por su madre sin saber la verdadera identidad de su padre, la cual le fue revelada siendo adulto. Deseoso de recibir una prueba acerca de su origen, el joven llegó hasta el Sol, quien, para evitar cualquier duda, aceptó conceder cualquier deseo que su hijo le pidiese. El joven pidió poder para conducir el carro del Sol. El padre aceptó de mal grado pero no paró de haciéndole recomendaciones. Los hábiles caballos de Sol, al no sentir la mano del amo, abandonaron la ruta habitual para correr por lo alto del cielo. Faetón, asustado por la altura, intentó dirigirse primero hacia abajo, a riesgo de quemar la tierra, y luego hacia arriba, hasta casi quemar los astros. Para evitar cualquier desastre, Zeus se vio obligado a fulminarlo.

Después de precipitarse bajo los rayos del rey de los dioses, el cuerpo exánime de Faetón cayó en el río Eridano. Las Helíadas, hijas de Sol y de la diosa Climena, hermanas del infortunado muchacho, recuperaron el cuerpo y lo depositaron en el sepulcro. Lo lloraron durante cuatro noches y cuatro días hasta que, gradualmente, por el profundo pesar, fueron transformadas en chopos. 


APOLO CONCEDE A FAETÓN LA CONDUCCIÓN DEL CARRO
Nicolas Poussin
1635
Berlín, Staaliche Musen


LA CEGUERA DE ORIÓN

Hijo de Poseidón y Eriale, Orión es un gigante famoso por su belleza y fuerza. El rey de Quíos, Enopión, pidió su ayuda para poder así liberar la isla de la invasión de animales feroces que allí vivían. Orión aceptó y se enamoro de Eropes, la hija del rey. Pero su amada se mostró contraria a la idea del matrimonio. Un día, en parte gracias al alcohol, Orión violó a la joven que, para vengarse, lo cegó mientras dormía. Tras interpelar a un oráculo, el gigante supo que solo podría recuperar la vista exponiendo los ojos a los rayos del sol. Fue a la fragua de Vulcano, llevó consigo a un joven llamado Cedalión y se lo subió a los hombres pidiéndole que le guiara hasta el punto donde salía el sol. Tras exponerse a los rayos se curó. 

Ya recuperado, el gigante volvió a cazar con Artemisa (Diana en Roma). Luego, intentó poseer por la fuerza a la diosa, pero esta mandó un escorpión que picó a Orión. Por la picadura, Orión murió u fue transformado en constelación del mismo nombre.


PAISAJE CON ORIÓN CIEGO
Nicolas Poussin
1685
Nueva York, The Metropolitan Museum of Art


CLICIA Y LEUCOTOE

Afrodita se quiso vengar desde un principio de Sol, pues este había revelado a Hefesto o Vulcano su amor clandestino con Ares. Así, la diosa del amor hizo que Sol se enamorase de una mujer mortal, Leucotoe, hija del rey Orcamo. Para cortejarla, Sol adoptó el aspecto de la madre de la joven, entró en su habitación y se libró de las sierbas aduciendo una excusa. Cuando estaban solos, el dios reveló su identidad y Leucotoe cedió. La oceanina Clicia, amada en otro tiempo de Sol, envidiosa y celosa, para vengarse de la ofensa reveló lo sucedido al rey Orcamo, que la hizo enterrar viva. Sol intentó en vano volverla a la vida con sus cálidos rayos: al no lograr su intento, roció el túmulo de néctar perfumado y de la tierra mojada nació un incienso. Clicia, repudiada por Sol, pasaba los días viendo como su amante atravesaba el cielo. La transformaron en una flor, la del girasol, siempre mirando al astro.



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