miércoles, 21 de agosto de 2013

HERA O JUNO


Hija de Cronos y Rea, hermana mayor y mujer de Zeus, Hera (en la mitología griega) o Juno (en Roma) era la reina de los dioses, la señora del cielo y la tierra y la protectora de los reinos y los imperios. Su presencia no faltaba jamás en los nacimientos y los desposorios, otorgando especial protección a las esposas virtuosas (cuando presidía el nacimiento de los niños tomaba el nombre de Lucina, Juno-Lucina o Ilicia).

En la mitología romana, Juno era una deidad mayor de la religión romana, formando así parte, junto a Júpiter y Minerva, de la Tríada Capitolina, un importante culto romano.

Famosa por su carácter imperativo, malhumorado, celoso y colérico, a veces álgido, es violenta y vengativa, sobre todo con las mujeres amadas pos Zeus, quienes, a menudo objeto de atenciones no solicitadas por parte del rey de los dioses, se ven obligadas a sufrir los crueles castigos de la diosa.

Espiaba siempre a su esposo Zeus, hasta en sus actos más insignificantes, y los gritos que os celos le hacían proferir estremecían el Empíreo. Zeus, empero, era un esposo rudo y voluble y muy frecuentemente empleaba medios violentos para acallar los gemidos de su esposa, llegando, en su bárbaro proceder, a atarle a cada pie un pesado yunque, maniatarla con una cadena de oro y colgarla de esta manera de la bóveda celeste. Los dioses no pudieron liberarla de sus ataduras y fue preciso recurrir a Hefesto que las había forjado. Tales tratos no hicieron sino aumentar los resentimientos de la diosa, que no cesó un momento de perseguir a las favoritas y amantes de Zeus.

El culto a Hera era universal y sus fiestas se desplegaban en medio de la mayor solemnidad. En Argos, Samos y Cartago era donde la diosa recibía especial culto y veneración.

En las artes se representa su personalidad fría junto a sus atributos, como la corona o polos (una alta corona cilíndrica usada por varias de las Grandes Diosas) y el cetro. Algunas veces aparecen uno o varios pavos, y otras estos animales arrastran el carro de la diosa y, tras ella, Iris desplegaba los variados colores del arco iris. En ocasiones lleva en su mano la granada, símbolo de la fértil sangre y la muerte.


HERA
Copia romana de una escultura helenística
s. II a.C.
Louvre, París




JÚPITER Y JUNO
Annibale Carracci
1600 - 1605
Roma, Galeria Borghese



LA IMPORTANCIA DE HERA EN LA ANTIGÜEDAD

En el Templo de Hera situado en la sagrada ciudad de Olimpia, la imagen de culto tradicional de HEra era más antigua aun que la imagen guerrera de Zeus que la acompañaba. Homero en la Ilíada describía la delicada relación que mantenía con su marido, en la que Hera declaraba a Zeus: "también yo soy una deidad, nuestro linaje es el mismo y el artero Crono engendróme la más venerable, por mi abolengo y por llevar el nombre de esposa tuya, de ti que reinas sobre los inmortales todos" Homero, la Ilíada, VI, 50 - 67.

Aunque Zeus era a menudo llamado Zeus Hereo (Zeus consorte de Hera), el tratamiento que Homero le dispensaba era poco respetuoso, y en posteriores versiones anecdóticas de los mitos Hera aparecía dedicando la mayor parte de su tiempo a tramar venganzas contra toda criatura seducida por su marido, pues defendía todas las antiguas reglas correctas de la sociedad y hermandad femenina helenas.

Hera también ha sido considerada el reflejo del matriarcado. Su función como diosa del matrimonio establecía el lazo patriarcal de su propia subordinación: su resistencia a las conquistas del padre de los dioses se presentaba como "celos" y formaba el tema principal de las anécdotas literarias que recortaron su antiguo culto. 


LA JOVEN HERA

Hera fue más conocida como Hera Teleia o diosa matrona, pero también presidía sobre los matrimonios. En las leyendas y en el culto se conservan referencias fragmentarias y costumbres arcaicas del matrimonio sagrado de los soberanos divinos de la Antigua Grecia, y en Platea se ha encontrado una escultura de Calímaco de Hera sentada como una novia, así como la Hera matrona de pie.

Hera también fue adorada como una virgen: había una tradición en Estinfalia, en la Arcadia, según la cual había un altar triple a Hera la Virgen, la Matrona, y la Separada. En la Argólida, el templo de Hera en Hermíone, cerca de la ciudad de Argos, estaba dedicado a esta Hera "pura"; y en la fuente de Canato, cerca de Nauplia, Hera renovaba su virginidad anualmente en ritos de los que no se podía hablar.


LA CREACIÓN DE LA VÍA LACTEA

Narra la leyenda que Hermes o Mercurio, el mensajero de los dioses, por orden de Zeus, depositó sobre el pecho de Hera, mientras esta dormía, al pequeño Heracles (Hércules en Roma), fruto de la unión de Zeus con Alcmena. Alimentándose solo de la lecce divina, el pequeño habría estado destinado a convertirse en inmortal. Hércules succionaba con tanta vehemencia que no logró retener toda la leche en la boca. Parte de la leche de la diosa se derramó y sen transformó en una corona de estrellas. 

Según una diferente versión, fue la propia Hera la que separó a Hércules del seno en cuanto entendió que a quien estaba amamantando no era su hijo.


LOS ORÍGENES DE LA VÍA LÁCTEA
Tintoretto
1575
Londres, National Gallery



HERA EN EL INFRAMUNDO

Dionisos, hijo de Semele y Zeus, había sido criado por Ino, hermana de su madre y esposa de Atamas, rey de Tebas. La propia Ino había difundido con entusiasmo el culto de Dionisos, atrayendo sobre sí misma la ira de la reina de los dioses. Ésta había encolerizado como resultado por sus celos por su marido. La rabia de la reina se agudizó hasta empujarla a los infiernos donde, en presencia de Titio, Tántalo e Ixión, imploró a las terribles Furias para que le ayudasen en sus planes de venganza.

La furia Tisifone subió a la tierra y trastornó a las mentes de la pareja: Atamas, en un ataque de locura, mató a su hijo Learco, el más joven de todos; Ino escapó con Melicertes, el hijo mayor, pero como fue presa de la locura, se suicidó lanzándose con él al mar desde una alta roca. Sin embargo, Poseidón los salvó y los acogió en su reino, los hizo inmortales y les cambió los nombres por Leucotea y Palemón, las divinidades marinas que ayudaban a los navegantes en peligro en la tempestad.



LOS CELOS DE HERA

HERA Y ECO


Según la reelaboración urbana del mito en Las metamorfosis de Ovidio, durante largo tiempo una bella ninfa llamada Eco tuvo el trabajo de distraer a la reina de los olímpicos de las aventuras amorosas de su marido, Zeus. El método para lograr tal fin fue hablarle incesantemente pero cuando Hera descubrió en el tremendo engaño que había sido incluida condenó a la joven a pronunciar sólo las palabras de los demás (de ahí surgió la palabra "eco").


HERA Y LETO

Cuando Hera descubrió que Leto estaba embarazada y que Zeus era el padre prohibió a la joven que diese a luz en tierra firme, es decir, en el continente o cualquier islote. Leto, en cambio, encontró la isla flotante de Delos, que no era el continente ni una isla real, pudiendo dar así a luz. Como gesto de inmensa gratitud, Delos fue sujetada con cuatro sólidos pilares y más tarde fue santificada a Apolo, hijo de Leto. 

Alternativamente, Hera retuvo en el monte Olimpo a la diosa de los partos, Ilitía, para evitar que su "enemiga" engendrase alguna criatura. Sin embargo, las demás diosas enviaron a Iris a buscarla y cuando Ilitía llegó a la isla fue cuanto a Leto le sobrevino el parto. 

Algunas versiones apuntan a que la pequeña Artemisa tuvo que ayudar a su madre a dar a luz a Apolo, su hermano, durante nueve largos y fatidicos días. Otra variante afirma que Artemisa nació un día antes que Apolo en la isla de Ortigia, y que ayudó a su madre a cruzar el profundo mar hasta Delos el día siguiente. 

No obstante, hay versiones que apuntan que la poderosa reina de los olímpicos había enviado a la terrible Pitón en persecución de la amante de Zeus. El viento Aquilón llevó a Leto hasta donde se encontraba Poseidón, que la salvó y cubrió la isla de Ortigia con sus olas mientras Leto daba a luz. Más tarde, la isla de Ortigia fue llamada Delos y Apolo, dios de las artes, mató a la serpiente Pitón para vengar el sufrimiento de su madre.


HERA Y SÉMELE

Cuando la reina de los dioses conoció que Sémele, hija del rey Cadmo de Tebas, se encontraba en cinta de Zeus, se disfrazó como su niñera y la persuadió para que le pidiese al padre de los dioses que se mostrase en su auténtica forma. Cuando éste se vio obligado a hacerlo, sus rayos y truenos la mataron. Sin embargo, Zeus tomó al niño y completó su gestación cosiéndolo a su propio muslo.

Otra versión defendía que Hera convenció a Sémele para obligar a Zeus a mostrarse en su forma real. Desafortunadamente, debía hacer todo aquello que la bella princesa deseaba porque había jurado por Estigia.

No obstante, en otra versión completamente diferente, Dionisos era originalmente el hijo de Zeus con Deméter o su hija Perséfone. Hera envió a sus aliados Titanes a despedazar al infante, de donde fue llamado Zagreo ("descuartizado"). Zeus, o según la fuente Atenea, Rea o Deméter rescató el corazón del pequeño Dionisos. Zeus usó este organo para recrear al joven dios e implantarlo en el vientre de Sémele, de ahí que sea conocido como el "nacido dos veces". Ciertas tradiciones incluso insinuaban que Zeus le dio a comer el corazón a su amada Sémele para así dejarla embarazada.


SÉMELE Y JÚPITER
Sebastiano Ricci
1695 - 1704
Galería Uffizi, Florencia



HERA E ÍO

Hera estuvo a punto de sorprender a su marido con su amante, la princesa argiva Ído, lo que Zeus logró evitar convirtiéndola en una hermosa ternera blanca. Pero Hera sospechó siempre del engaño y pidió al padre de los dioses que le diese el bobino como un regalo, a lo que no pudo negarse en absoluto.

Cuando Hera recibió a Ío la dejó a cargo de Argos para mantenerla apartada del dios soberano. Por tanto, Zeus mandó a Hermes a matar al terrible gigante, quien, disfrazado de humilde pastor, logró que todos los cien ojos de Argos cayesen dormidos con aburridas historias y lo mató de una pedrada, rescatando así a la joven princesa.

En la interpolación de Ovidio, cuando Hera conoció la terrible noticia de la muerte de Argos, tomó sus ojos y los colocó en el plumaje del pavo real, cosa que explica los dibujos de su majestuosa cola. Para conseguir su propósito, Hera envió un tábano para que picase a Ío, obligándola a vagar sin rumbo por el mundo en forma de vaca. Finalmente llegó a los confines del mundo, que los romanos creían que era Egipto, donde se convirtió en sacerdotisa de la diosa egipcia Isis.


JÚPITER HACE ENTREGA A JUNO
DE ÍO TRANSFORMADA EN TERNERA
EN SEÑAL DE PAZ
Giovanni Ambrogio Figino
1599
Pinacoteca Malaspina, Pavia



HERA Y LAMIA

Lamia fue una reina de Libia a quien Zeus amó. Hera la transformó en un terrible monstruo y arrasó toda su descendencia. O, alternativamente, masacró a su estirpe y fue el tremendo dolor lo que la convirtió en una horrible criatura. Lamia fue maldecida con la incapacidad de cerrar sus ojos, de manera que siempre estaba obsesionada con la imagen de sus hijos muertos.

Zeus le concedió el don de poder sacarse los ojos para descansar y volver a ponérselos más tarde. Pero Lamia, que sentía una tremenda envidia de otras madres atacaba devorando a sus hijos.



OTRAS HISTORIAS EN LAS QUE APARECE HERA

GERANA

Gerana era la reina de los pigmeos que, para su desgracia, alardeaba de poseer una mayor belleza que la mismísima Hera. La iracunda diosa la transformó en grulla y decretó que los descendientes de este pájaro estarían eternamente en guerra con el pueblo pigmeo.


CÍDIPE

Cídipe era una sacerdotisa de Hera. Mientras se encontraba en el camino hacia un festival en honor de la diosa, los bueyes que tiraban su pesado carro iban bastante retrasados y los hijos de la joven, Bitón y Cleobis, tiraron del carro el camino completo (45 estadios, es decir, unos 8 km). Cídipe quedó absolutamente impresionada con la devoción que los jóvenes mostraron hacia ella y su diosa y pidió a Hera que concediese a los niños el mejor regalo que un dios pudiese entregar a un simple mortal. Hera, pues, ordenó que los hermanos morirían cuando estuviesen sumergidos en un profundo sueño.


TIRESIAS

Tiresias era un sacerdote de Zeus que, de joven, encontró dos serpientes apareándose y las golpeó con un palo. Por este motivo fue transformado en mujer y así se convirtió en una sacerdotisa de Hera, se casó y tuvo hijos. Tras siete largos años como mujer, Tiresias volvió a encontrar la escena de las serpientes, las golpeó con su bastón y se convirtió en hombre de nuevo.

Zeus y Hera le pidieron que decidiese la cuestión de con que sexo experimentaba más placer en sus relaciones más íntimas. Zeus afirmaba que era como mujer, y Hera decía que como hombre. Cuando Tiresias se puso del lado del soberano de los cielos afirmando que la mujer recibe nueve décimos de placer, Hera lo cegó por completo. Como Zeus no era capaz de deshacer esta terrible maldición, concedió a Tiresias el don de la profecía.


TIRESIAS GOLPEANDO A LAS
SERPIENTES
Grabado de Johann Ulrich Krauß
1690
Las metamorfosis de Ovidio en 226 láminas



EL ENGAÑO DE ZEUS

Junto a algunos de los dioses olímpicos como Apolo o Poseidón, Hera maquinó el plan de intentar destronar a Zeus y adueñarse así del Olimpo. Para ello, encadenaron a Zeus a su lecho y alejaron de él su más poderosa arma, el rayo. Mientras los dioses se encontraban discutiendo sobre quién sería el soberano del Olimpo, el hecatónquiro o centímano Briareo liberó a Zeus. Así, el padre de los dioses fue capaz de recuperar su poder y castigar a los usurpadores. Como castigo ejemplar, colgó a Hera desde el cuerpo celeste, con los brazos encadenados a argollas de oro y un yunque atado a cada pie. Los gritos lastimeros de la diosa terminaron ablandando el corazón de Zeus, que la liberó.


JÚPITER Y JUNO EN
EL MONTE IDA
James Barry
1790 - 1799
Sheffield City Museum and
Mappin Art Gallery, Graves Art Gallery



HERA EN LA GUERRA DE TROYA

Zeus organizó un banquete para celebrar la boda entre Peleo y Tetis, pero dejó fuera de la inmensa lista de invitados a Eris, la diosa de la discordia, quien, tras acudir a pesar de todo, dejó caer una manzana dorada con la inscripción "para la más bella".

Tres diosas reclamaron la manzana para sí: Hera, Atenea y Afrodita. Zeus decidió entonces que Paris de Troya tendría que decidir quién debía ser la legítima propietaria de la manzana. Casa una de ellas ofreció al príncipe troyano un regalo: Hera le otorgaría el gobierno de toda Asia y ser el hombre más rico que viviese en la tierra; Atenea le entregaría la victoria de todos sus combates y la gloria de la batalla; y Afrodita le prometió el amor de la mujer más hermosa del mundo, Helena de Esparta. Paris eligió la opción de la diosa del amor, y luego Helena abandonó a su marido Menelao, por lo que sobrevendría la Guerra de Troya.

Según la obra, durante la Guerra de Troya Diomedes luchó contra Héctor y vio al dios de la guerra violenta, Ares, luchando a favor del bando troyano. Diomedes pidió así a sus soldados que se retirasen lentamente. Hera, la madre de Ares, vio la injerencia de el dios y pidió permiso a Zeus para alejar a Ares del campo de batalla. Hera animó al griego Diómedes a atacar a Ares y este arrojó su lanza contra el dios. Atenea guió la lanza hasta el cuerpo de Ares, quien rugió de dolor y huyó rápidamente al monte Olimpo, lo que obligó a los troyanos a retirarse.


EL JUICIO DE PARIS
Guillaume Guillon-Lethière
1812



HERA Y EL VELLOCINO DE ORO

Pelis había matado a Sidero, su madrastra, en un templo consagrado a Hera. La diosa lo odiaba por ello, por lo que ayudó a Jasón en su viaje de búsqueda del vellocino de oro que necesitaba para arrebatarle a Pelias el trono de Yolco.



HERA Y HERACLES

Hera fue la madrastra y enemiga de Heracles ("gloria de Hera). Cuando Alcmena, su madre, estaba embarazada, Hera intentó evitar el nacimiento del célebre héroe atando las piernas de la amante de Zeus en nudos. Sin embargo, sus plantes fueron frustrados gracias a Galantis, la sierva de Alcmena, quien admitió a Hera que ya había traído al niño al mundo. Pero Galantis sufrió la cólera de la diosa, quien la transformó en una comadreja.

Cuando Heracles era todavía un infante, Hera envió dos monumentales serpientes para matarlo mientras dormía en su cuna. El pequeño, en cambio, no sucumbió al pánico y estranguló a las serpientes, una con cada mano, y su niñera lo encontró divirtiéndose con sus cuerpos flácidos, como si de unos juguetes se tratase.

El relato del origen de la Vía Láctea contaba que Zeus engañó a su esposa Hera para que amamantase al pequeño Heracles. Pero cuando la diosa se dio cuenta de quién era aquel niño, lo retiró de su pecho y un chorro de la leche pasó a formar la mancha que cruza el cielo.

Pero Hera tomó protagonismo sin igual en la vida de Heracles siendo la instigadora de los trabajos del semidiós: fue Hera quien encargó a Heracles trabajar para el rey Euristeo de Micenas. No obstante, intentó hacer casi todos los doce trabajos más difíciles de lo que ya eran.

  • Cuando Heracles luchó contra la temible hidra de Lerna envió un cangrejo para que picase en los pies al héroe con la esperanza de distraerle.
  • Cuando Heracles robó el inmenso ganado de Gerión, hirió a Hera en el pecho derecho con una flecha de tres puntas. La herida era incurable y dejó a Hera un dolor constante. Luego, Hera envió un tábano como arma para picar a las reses, irritarlas y dispersarlas. Por otra parte, la diosa provocó entonces una inundación que elevó el nivel de un río de tal modo que Heracles no podía vadearlo con el ganado. Así, el héroe apiló piedras para hacer el agua menos profunda y cuando logró llegar a la corte de Euristeo el ganado fue sacrificado a Hera.
  • Euristeo también pretendía sacrificar el Toro de Creta a la reina de los dioses, quien rehusó el sacrificio porque reflejaba la gloria de su enemigo. El toro fue liberado y vagó hasta Maratón, pasando a ser conocido como el Toro de Maratón.

En ocasiones se ha defendido que al final la soberana del cielo dejó de un lado esta enemistad y se hizo amiga de Heracles por haber sido salvada de Porfirión, un gigante que intentó violar a Hera durante la Gigantomaquia, y que incluso le dio a su hija Hebe como prometida.


HERACLES ESTRANGULANDO LAS
SERPIENTES
Stamnos ática de figuras rojas
480 - 470 a.C.
De Vulci, Etruria

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