domingo, 25 de agosto de 2013

HERMES O MERCURIO


Hermes (en griego) o Mercurio (en Roma) era hijo de Zeus y Maya la ninfa. Nació en una cueva cerca del monte Cilene, situado en Arcadia. Desde que nació se mostró como un niño precoz y enérgico. Gracias a tales aptitudes Zeus decidió nombrarlo mensajero de los dioses, papel que desempeñaría con esmero.

Entre las tareas que desempeñaba también estaba la de "acompañante de las almas de los difuntos al más allá". Hábil y astuto, Hermes es considerado el protector de los ladrones, de los comerciantes en general y de los viandantes. Por ello, las esculturas con su imagen esculpida adornaban, en su honor, las calles y vías principales para indicar la ruta a los viajeros.

Es, por tanto, el dios olímpico mensajero, de las fronteras y los viajeros que las cruzan, de los humildes pastores, de los oradores, el ingenio y del comercio en general, teniendo una astucia de mentirosos y ladrones. En el himno homérico a Hermes se le inovca como ploytropos, es decir, como el "de multiforme ingenio, de astutos pensamientos, ladrón, cuatrero de bueyes, jefe de los sueós, espía nocturno, guardián de las puertas, que muy pronto habría de hacer alarde de gloriosas hazañas ante los inmortales dioses". Himno homérico a Hermes, 13.

Veloz gracias a sus sandalias aladas, se dice que volaba por mares y montañas para transmitir la voluntad de cualquier divinidad que precisase de sus servicios. Otros atributos ligados a su figura eran el caduceo, el báculo con dos serpientes enroscadas, el tocado viajero y anchas faldas. Por el papel de protector de viajeros, su aspecto imita a un viandante con la ropa característica como el manteo y el tocado de viaje. Cuando aparece con la bolsa de dinero alude su papel de dios de los comerciantes.

El haber llevado Hermes una vida pastoril largo tiempo en Tesalia hizo que fuese adorado allí como dios de los pastores, y la circunstancia de haber inventado la lucha y los ejercicios corporales, en los que sobresalía siempre, le hicieron pasar por el dios de los atletas.

En la mitología romana, Mercurio era un dios importante del ámbito comercial, pero también era el mensajero de los dioses y el jefe de los viajeros, pastores y oradores. Incluso su nombre está relacionado con la palabra latina merx ("mercancía"). Además, era el encargado de conducir a las almas de los difuntos a las puertas del Inframundo.  En sus formas más primitivas parece haber estado relacionado con la deidad etrusca Turms, pero la mayoría de sus historias y características fundamentales fueron tomadas prestadas del dios griego análogo Hermes.

Se representa a Hermes en la figura de un hombre mozo, listo, sonriente y cubierto con un pequeño manto. Tanto su bonete como su caduceo están provistos de alas, como también sus tacones, para indicar que es el mensajero de los dioses. De su boca sale en algunas imágenes una cadena de oro para significar con qué poder un orador experto encadena las voluntades de sus oyentes; su mano derecha empuña el caduceo, como emblema de un ministro plenipotencioario y conciliador, y en su izquierda lleva una bolsa como símbolo del dios protector de los comerciantes. Son atributos suyos el gallo y la tortuga, significando el primero la vigilancia, tan necesaria en el cumplimiento de diversas e importantes funciones; la tortuga recuerda que Hermes fue quien inventó la lira, que en un principio fue hecha con sus placas.

En los caminos de gran tránsito figuraban de trecho en trecho estatuas de forma cuadrada que representaban a Hermes y servían para la delimitación de los campos o para señalar el camino a los viajeros extraviados. Estas estatuas, llamadas en griego Hermes, se colocaban también en el centro de las encrucijadas y tenían tantas caras como caminos a tal sitio convergían. En los sacrificios que a Hermes se dedicaban ofrecíanle miel, leche y sobre todo la lengua de las víctimas, ya que era considerado como el dios de la elocuencia.


MERCURIO
Hendrick Goltzius
1611
Haarlem, Frans Halsmuseum



NACIMIENTO E INFANCIA

Según cuenta el himno homérico a Hermes, Maya ("pequeña madre") fue la madre de Hermes junto a Zeus, padre de los dioses. Maya era la mayor de las Pléyades, las siete hijas de Atlas y Pléyone. Sus hermanas y ella, nacidas en el monte Cilene en Arcadia, eran llamadas las diosas de la montaña, siendo Maya la más bella y tímida de todas ellas.

Maya engendró a Hermes de Zeus en la cueva del monte cilene. Tras dar a luz al niño, Maya lo envolvió en mantas y fue a dormir. El infante Hermes, que crecía rapidísimamente, se escapó gateando a Tesalia. Sin embargo, alguna tradición sitúa su nacimiento en el Olimpo. A veces se le aplica los epítetos de Atlantiades o Cilenio.

El mismo día de su nacimiento se sintió ya tan apuesto y robuto que luchó con Eros (Cupido), lo derribó con una zancadilla y robó su carcaj. Mientras los dioses le felicitaban por su victoria, hurtó la espada de Ares (Marte), el tridente de Poseidón (Neptuno), el ceñidor de Afrodita (Venus) y el cetro del padre de los dioses, y estaba a punto de escamotear el rayo si el temor de quemarse los dedos no se lo hubiera impedido.

Tanta bribonada y audacia hicieron que fuese arrojado del cielo y entonces vino a la tierra y fijó su residencia en Tesalia, donde pasó su adolescencia y su juventud. El desterrado Apolo se dedicaba entonces a guardar los bueyes del rey Admeto cuando Hermes se aprovechó de su aspecto de pastor. Se valió de un momento en que Apolo sumido en tierno delirio remembraba sus amores pastoriles tocando la flauta, y entonces Hermes desvió adrede sus bueyes del lugar en que pacían y se los llevó escondiéndolos en lo más espeso del bosque de Pilos. Para no ser descubierto por los rastros de sus pasos sobre la tierra, Hermes se puso unas sandalias mientras conducía a los bueyes, donde mató a dos y encerró el resto en una cueva. Las pieles de los animales muertos fueron clavadas a una roca. Parte de su carne fue cocinada y consumida, siendo el resto quemada. Al mismo tiempo, ofreció sacrificios a los dioses olímpicos por lo que, probablemente, fuera llamado el inventor de la adoración divina y los sacrificios.

Tras esto, volvió inmediatamente a Cilene, donde encontró una tortuga en la puerta de su cueva natal. Hermes tomó el caparazón del reptil y tensó unas cuantas cuerdas, inventando así la lira y el plectro. Algunos defienden que el número de cuerdas de su nueva invención fue tres y otros dicen que siete. En cuanto al material, se dice que estaban hechas de tripa de buey u oveja.

Mientras tanto, Apolo, gracias a su poder profético había descubierto ya que Hermes fue el autor del robo. Enfurecido, Apolo viajó a Cilene a acusar a Hermes delante de su madre Maya. Ésta mostró al dios el niño en su cuna, pero Apolo llevó al niño ante Zeus, rey de dioses, y exigió la devolución de sus bueyes. Zeus le ordenó que cumpliese con las demandas de Apolo, pero Hermes negó haber robado el ganado. Sin embargo, al ver que sus afirmaciones no eran creídas, condujo a Apolo hasta Pilos, dándole así los bueyes.

Pero al oír los dulces sonidos de la lira, Apolo quedó tan impresionado que dejó que Hermes se quedase con los bovinos. Hermes inventó entonces la siringa y, tras haber revelado a Apolo sus invenciones, los dos dioses hicieron las paces.

A cambio, Apolo obsequió a Hermes con su propia vara dorada de pastor, enseñándole el arte de profetizar por medio de los dados. Ésta era una varilla de avellano que tenía la propiedad de apaciguar las querellas y reconciliar a los enemigos. Para cerciorarse Hermes del poder de este talismán, lo interpuso entre dos serpientes que luchaban encarnizadamente y al momento las dos se enroscaron alrededor de la varilla y allí quedaron entrelazados formando el caduceo, que es el principal atributo del dios.

Poco satisfecho Hermes con tan vulgares honores, aspiró a más brillantes triunfos: recorrió las grandes ciudades, salió a la plaza pública y allí se mostró hábil en el arte de la elocuencia. Los oradores y los retóricos se pusieron bajo su protección y fue considerado como el dios de las artes liberales y de las bellas letras. Queriendo juntar lo útil a lo agradable, se dedicó a los negocios, perfeccionó el comercio y el cambio, inventó los pesos y medidas y al poco tiempo su nombre fue honrado por los mercaderes y negociantes que le llamaron el dios del comercio.

El destierro de Hermes producía en la corte celestial un sensible vacío; por eso fuje nuevamente llamado a ella, y puesto que mientras vivió sobre la tierra había demostrado superior destreza e inteligencia, Zeus le constituyó su ministro, su intérprete y mensajero del Olimpo. Cumpliendo los deberes de su cargo, Hermes ejecutaba los encargos de las deidades, sus negociaciones públicas o secretas, importantes o frívolas, y asumía a la vez el oficio de criado, escanciador, espía, embajador, satélite y verdugo.


HERMES Y MAYA
Detalle de una ánfora ática
500 a.C.
Staatliche Antikensammlungen, Munich



MERCURIO Y APOLO
Annibale Carracci
Galería Farnesio, Roma




HERMES ATÁNDOSE LA SANDALIA
François Rude
1834
Louvre, París



HERMES COMO DIOS

Cuando la bella ninfa Ío, una de las amantes secretas de Zeus, fue atrapada por la colérica Hera y puesta bajo la estricta vigilancia del gran gigante de cien ohos, Argos Panoptes.

Cumpliendo órdenes de los dioses dio muerte al inoportuno Argos. Zeus ordenó al mensajero de los dioses que robase a la ternera, animal en que fue transformada la joven para ser ocultada de los ojos de la reina Hera, pero fue denunciado por Hiérax. Hermes tuvo que matar a Argos, y por este asesinato es muy comúnmente llamado Argifontes. Enn algunas versiones se narra que mató al gigante durmiéndolo con historias y canciones; después lo decapitó con una gran espada con forma de media luna. Más tarde, los ojos de Argos fueron puestos en la cola del pavo real, el símbolo de Hera.

Hermes también fue el encargado de encadenar al titán Prometeo, ancestro de los mortales, en el monte Cáucaso. En la tragedia Prometeo encadenado, atribuida a Esquilo, Zeus enviaba a su mensajero a enfrentarse a Prometeo por una profecía que aseguraba que el titán derrocaría al primero de los dioses. Hermes engañó a Prometeo por no ser razonable y querer prolongar su dura tortura, pero Prometeo rehusaba darle detalles sobre la terrible profecía.

Este dios ayudó al héroe Perseo a matar a la gorgona Medusa al garantizarle la ayuda de sus sandalias aladas y la hoz de Zeus. También le entregó el casco de invisibilidad de Hades y le dijo que lo usase para que las inmortales hermanas de Medusa no consiguiesen verlo huir.

En la Odisea, ayudó a su tátara-nieto, Odiseo o Ulises, que le informaba sobre el destino de sus compañeros, que fueron convertidos en animales por el poder de la maga Circe. El dios también le dio instrucciones al hñeroe para que se protegiese al masticar una hierba mágica. También fue quién le dijo a Calipso, por orden de Zeus, para que liberase a Odiseo de su isla para continuar su viaje de vuelta a casa.

Entre sus hazañas también se encuentran ayudas a otros olímpicos. Liberó a Ares de la prisión en que le habían encarcelado los Gigantes, condujo a Dionisos hasta donde se encontraban las ninfas de Nisa, acompañó a Hades cuando éste último llevó a cabo el rapto de Perséfone y... largo sería enumerar todos los pormenores de su actuación.

Aun cuando parecía que tan numerosas ocupaciones habían de absorberle por entero tiempo y fuerzas, sin embargo, era aun Hermes el encargado de conducir hasta los infiernos las almas de los muertos y asistir al juicio supremo a que, ante el tribunal de Minos, eran sometidas; era él también quien conducía de nuevo estos entes a la tierra cuando habían transcurrido mil años desde que de ella se les arrancara la muerte, y las introducía en cuerpos nuevos.



MERCURIO Y ARGOS
Diego Velázquez
1659
Museo del Prado, Madrid



MERCURIO Y LAS TRES GRACIAS
Tintoretto
1564 - 1565
PalacioDucal, Venecia



HERMES Y HERSÉ

Hermes descubrió un día a las hijas del rey de Atenas Crecops mientras volvían de una ceremonia en honor de Atenea. Así se enamoró de Hersé, la más bella entre todas las hermanas. El dios convenció a Aglaura, una de las hijas del rey ateniense, para que le colase en la habitación de su amada a cambio de una jugosa recompensa. Mientras Hermes se alejaba para conseguir oro, Aglaura fue mordida por Envidia -la diosa que personifica la venganza y los celos- y, poco a poco, comenzó a sentir un odio muy profundo por la felicidad de Hersé.

A pesar del acuerdo con el dios, Aglaura no cumplió lo que Hermes le pidió. Al principio, Hermes procuró tranquilizarla y, así, intentar persuadirla para que le dejase entrar en la habitación de la bella Hersé. La respuesta de la muchacha, en cambio, era constantemente negativa. Viendo la imposibilidad de acceder a su amada, transformó a Aglaura en una piedra oscura, haciendo referencia así a sus pensamientos oscuros.


HERMES PERSIGUE A UNA MUJER
QUE TAL VEZ SEA HERSÉ
Crátera de campana de figuras rojas
390 - 380 a.C.
Louvre, París

No hay comentarios:

Publicar un comentario