viernes, 30 de agosto de 2013

HESTIA O VESTA Y LAS VESTALES


Vesta (en Roma) o Hestia, hija de Saturno y Rea, y hermana de Zeus y Hera, pertenece al grupo de los doce grandes dioses olímpicos. Es la diosa del hogar doméstico y guardiana de la vida privada y familiar en general. En Roma, Vesta era considerada la protectoria del Estado -una gran familia-, y a ella le dedicaban sacrificios cónsules, pretores y dictadores antes de asumir sus respectivos cargos públicos. En el interior del santuario de la diosa no estaban sus imágenes, sino un fuego sagrado que se mantenía constantemente encendido y vigilado por las Bestales. Si el fuego se apagaba, se consideraba un presagio infausto.

Las Vestales eran las sacerdotisas vírgenes que dependían de la máxima autoridad religiosa, el pontifex maximus. Las jóvenes gozaban de notables privilegios, pero también tenían numerosos deberes, entre ellas la de mantenerse vírgenes durante toda la duración de su cargo, regla inviolable bajo pena de ser enterradas vivas.


SACRIFICIO EN HONOR A LA DIOSA VESTA


LA HISTORIA DE HESTIA

Hestia era, en realidad, la primogénita de los titanes Cronos y Rea. También fue la primera de todos sus hermanos en ser devorada por su padre al nacer, siendo, a su vez, la última expulsada del cuerpo de Cronos cuando el joven Zeus le entregó el vomitivo.

Tras la guerra contra los Titanes, conocida como Titanomaquia, esta diosa fue cortejada por Poseidón y por Apolo. Sin embargo, juró sobre la cabeza de su hermano, padre de los dioses, que permanecería siepre virgen, evitando así la primera disputa entre las deidades olímpicas. El rey de los dioses le correspondió cediéndola la primera víctima de todos los sacrificios públicos y los espacios preeminentes de todas las casas. Hestia era la primera a quien se le dedicaban las ofrendas de los banquetes, incluso antes que al propio dios del rayo. Se solían sacrificar para ella terneras de menos de un año, aludiendo así a su virginidad.

Como diosa del hogar y la intimidad familiar apenas salía del Olimpo, y nunca se inmiscuía en las disputas entre dioses y mortales, por lo que, paradójicamente, pocas veces aparece en los relatos mitólogicos a pesar de ser una de las principales diosas de la religión griega y, posteriormente, romana.

Cuando el pequeño Dionisos (Baco) fue admitido en la morada de los dioses, Hestia cedió su puesto en el consejo de los doce dioses, mostrando otra vez su carácter pacífico. Dionisos fortaleció su categoría de dios olímpico y ella se dedicó por completo al cuidado del fuego sagrado del Olimpo.



HISTORIAS DE LAS VESTALES

CLAUDIA QUINTA

Claudia Quinta era una de las sacerdotisas de la diosa del hogar, una de las llamadas vestales. Al pertenecer al grupo selecto de las vestales, al igual que todas las demás de, se aferraba a su voto de castidad. Cuando fue acusada de haber faltado al voto, consiguió demostrar que la acusación era errónea llevando a cabo una especie de prodigio. Junto al río Tiber, en Roma, había embarcado una nave procedente de Asia, que transportaba la gran estatua de piedra con la imagen de la diosa Cibeles. Claudia logró llevar la nave hasta Roma conduciéndola a contracorriente y con la única ayuda de un simple cinturón. Una vez llegada a la ciudad, la estatua fue entregada por los sacerdotes a Escipión el Africano.

TUCIA

La información sobre la diosa Vesta, en general, es escasa. El protagonismo de la diosa está concentrado sobre todo en sus sacerdotisas, guardianas de su fuego. La historia de Tucia es una de las más conocidas y significativas. Al igual que Claudia Quinta, era una vestal virgen acusada de infringir su mayor obligación rompiendo su castidad. La joven, después de solicitar la ayuda de Vesta para demostrar su inocencia, transportó un cedazo lleno de agua del río Tíber hasta el templo de la diosa sin derramar una gota.

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