lunes, 19 de agosto de 2013

LA MITOLOGÍA ROMANA


Las creencias mitológicas de la Antigua Roma es un cúmulo de diferentes tradiciones: la primera, principalmente tardía y literaria, consistía en préstamos completamente nuevos para Roma procedentes de la mitología griega; la otra, en cambio, era antigua y cúltica, donde funcionaba en formas muy diferentes a las de la equivalente griega.

Los romanos no tenían historias secuenciales sobre los dioses comparables a la Titanomaquia griega o la seducción de Zeus por Hera hasta que los poetas empezaron a adoptar los modelos griegos en la República Romana, momento de expansión geográfica y militar considerada como "el imperialismo romano", que incluía la conquista del Mediterráneo del este. 

Sin embargo, hasta ese momento tenían un sistema muy desarrollado de rituales, escuelas sacerdotales y panteones muy relacionados con los griegos. Por otro lado, el rico conjunto de mitos históricos sobre la fundación y auge de la ciudad  de Roma lo representaban mediante actores humanos con ocasionales intervenciones divinas.

La religión romana, estrechamente relacionada con los relatos mitológicos, no se basaba en creencias como es el caso del cristianismo. Era una religión basada en hechos, pues no ponían en duda la existencia de divinidades. La fe o creencia se basaba en una falta de "pruebas" que no confirmarían la existencia de una deidad. Pero los antiguos romanos no dudaban: la presencia de las divinidades se manifestaba en el mundo material mediante los llamados prodigios, señales de dioses que expresaban, por lo general, aceptación o negación.

Existían humanos y seres suprahumanos; la apariencia física de las divinidades era antropomorfa, vivían en el mismo mundo y sólo se diferenciaban mediante los poderes que los dioses tenían.


LA MITOLOGÍA ARCAICA

El modelo romano incluía una forma muy diferente a la de los helenos de definir y concebir a los dioses. Por ejemplo, en la mitología griega Deméter era caracterizada por una historia conocida por el rapto de su hija Perséfone a manos del dios de los infiernos, Hades. Los antiguos romanos, en cambio, concebían a su equivalente Ceres como una deidad con un sacerdote oficial llamado Flamen, subalterno de los flamines de Júpiter, Marte y Quirino, pero superior a los de Flora y Pomona. También se le consideraba agrupado en una tríada con otros dos dioses agrícolas, Liber y Libera, y se sabía la relación de dioses menores con funciones especializadas que la asistían: Sarritor (escardado), Messor (cosecha), Convector (transporte), Conditor (almacenaje), Insitor (siembra) y varias docenas más.

Así pues, la mitología romana arcaica, al menos en lo referente a los dioses, no estaba formada por relatos sino más bien el entrelazamiento y las complejas interrelaciones entre dioses y humanos.

La religión original de los primeros romanos fue modificada por la adición de numerosas y contradictorias creencias en épocas posteriores, y por la asimilación de grandes porciones de la mitología griega. Lo relativamente poco que se conoce sobre la religión romana primitiva es gracias a escritores posteriores, quienes buscaron preservar las viejas tradiciones del olvido en el que estaban cayendo. Otros escritores clásicos, como el poeta Ovidio en sus Fastos ("calendario"), fueron fuertemente influidos por los modelos helenísticos, y en sus obras se recurre con frecuencia a las creencias griegas para rellenar los huecos de las tradiciones romanas.


LA HISTORIA ROMANA SEGÚN LA MITOLOGÍA ANTIGUA

En contraste a la escasez de material nativo sobre dioses, los romanos tenían una rica panoplia de leyendas sobre la fundación y primera expansión de la ciudad de Roma. Además de estas tradiciones de origen local, se injertó material procedente de leyendas heroicas griegas en una época templana, haciendo, por ejemplo, a Eneas antepasado de Rómulo y Remo: la Eneida de Virgilio y los primeros libros de Livio son las mejores fuentes para conocer esta mitología humana.


LA FUNDACIÓN DE ROMA SEGÚN LA MITOLOGÍA ROMANA

Según la tradición romana, los gemelos Rómulo (771 - 717 a.C.) y Remo (771 - 753 a.C.) fueron los fundadores de la ciudad de Roma. Finalmente sería sólo Rómulo quien la fundaría, convirtiéndose en su primer rey en el 753 a.C., dando comienzo a la fase histórica conocida como Roma Monárquica (753 - 509 a.C). Sin embargo, la historiografía actual considera falsa dicha tradición, fijando el origen a finales del siglo VII a.C.

Después de la legendaria Guerra de Troya, Eneas, un príncipe troyano que sobrevivió a la destrucción de la ciudad, se refugió con su familia en la llanura del Lacio de Italia. Algunos años después, su hijo Ascanio fundó la ciudad de Alba Longa.

Cuatro siglos más tarde, un rey de la ciudad de Alba Longa, Numitor, fue destronado por su hermano menor Amulio. Para garantizar su seguridad, el usurpador mató a todos los hijos varones de su hermano y obligó a su sobrina, Rea Silvia, a hacerse sacerdotisa para que permaneciese virgen de por vida. Pero el dios Marte (el equivalente a Ares en Grecia) la hizo madre, dándole los gemelos Rómulo y Remo. Amulio, enfurecido, ordenó que los niños fuesen arrojados a las aguas del río Tiber. Pero la canasta en la que habían sido depositados quedó varada en la orilla y la loba Luperca encontró a los hermanos, amamantándolos como si fuesen sus propios hijos. Más tarde fueron recogidos y criados por un matrimonio de pastores, Fáustulo y Aca Larentia.

Pero al de unos años los gemelos descubrieron su origen. Buscando venganza, volvieron a su ciudad natal para matar a su tío abuelo y reponer en el trono a su abuelo Numitor. Éste, en agradecimiento, les entregó territorios al noroeste del Lacio. Con dieciocho años, en el año 753 a.C., decidieron fundar una ciudad justo donde la famosa loba los encontró. Discutiendo sobre el lugar decidieron que lo elegiría aquel que viese más pájaros, prueba que Rómulo ganó. Remo decía que era un augurio las seis aves que señalaban el monte Aventino, mientras que su hermano entendió como otro augurio las doce aves que señalaron el monte Palatino. Éste último, tras una fuerte disputa, decidió marcar los límites (pomerium) de la futura ciudad y amenazó con matar a todo aquel que los cruzase. Remo le desobedeció cruzando con desprecio la línea y reclamaba que Rómulo nunca llegaría a ser rey. Pero éste último no dudó ni un segundo y mató a Remo. 

Arrepentido, decidió enterrar a su hermano en la cima del Palatino y en honor a su nombre llamó a la ciudad Roma. Luego emprendió su etapa como único soberano de la recién fundada ciudad.

Creó el Senado, compuesto por cien personas conocidas como patres, cuyos descendientes fueron los patricios, y dividió la ciudad en 30 curias o congregaciones. Los primeros habitantes, por otro lado, fueron los asylum: refugiados, libertos, esclavos y prófugos.


LUPA CAPITOLINA
Siglo V a.C. (Rómulo y Remo son añadidos del s. XV)
Roma, Museos Capitolinos



EL RAPTO DE LAS SABINAS

Según contaba la tradición, los primeros habitantes de Roma eran todo hombres. Para encontrar una solución, Rómulo organizó una fiesta con pruebas deportivas en honor al dios Neptuno e a la que invitó a la población vecina, entre los que se encontraba la de Sabina. Los sabinos, especialmente voluntariosos, acudieron en masa con sus mujeres e hijos y precedidos por su soberano. Comenzó el espectáculo y el rey romano aprovechó la ocasión: con una señal cada romano raptó a una mujer, hecho conocido como el rapto de las sabinas, y después echaron a los hombres de sus terrenos. 

Los romanos intentaron aplacarlas convenciéndolas de que sólo lo hicieron porque querían que fuesen sus esposas, y que ellas no podían menos que sentirse extremadamente orgullosas de pasar a formar parte de un pueblo que había sido elegido por los dioses. Las sabinas pusieron un requisito a la hora de contraer matrimonio: en el hogar, ellas sólo se ocuparían del telar, sin verse obligadas a realizar otros trabajos domésticos y se erigirían como las que gobernarían la casa.

Años más tarde, los sabinos, enfadados por el doble ultraje de traición y el rapto de sus mujeres atacaron a los romanos, a los que fueron acorralando en el Capitolio. Para lograr penetran en la zona, contaron con la romana Tarpeya, quien les flanqueó la entrada a cambo de "aquello que llevasen en los brazos", refiriéndose a los brazaletes. Viendo con desprecio la traición de la romana a su propio pueblo, aceptaron pero, en lugar de darle joyas la mataron aplastándola con sus pesados escudos. El espacio donde, según la leyenda, tuvo lugar el asesinato, recibió el nombre de Roca Tarpeya desde la que se arrojaba a los convictos de traición.

Cuando se iban a enfrentar en lo que parecía ser la batalla final, las sabinas se interpusieron entre ambos ejércitos combatientes para que dejasen de matarse porque, razonaron. Los hombres de la ciudad a la que Rómulo había ofendido y atacado decidieron rescatarlas bajo el mando del rey Tito Tacio, provocando en las sabinas un gran dilema: si morían los sabinos, morían sus padres y hermanos; pero si morían los romanos, morían sus maridos e hijos. Las sabinas lograron hacerlos entrar en razón y, finalmente, se celebró un banquete para festejar la reconciliación. Finalmente, Rómulo pactó con el rey sabino Tito Tacio una diarquía hasta la muerte de éste último.


LA INTERVENCIÓN DE LAS SABINAS
Jacques-Louis David
1799
París, Louvre



EL REINADO DE RÓMULO HASTA SU MUERTE

Terminada la guerra con los sabinos, Rómulo estableció la diarquía junto a Tito Tracio y aumentó el numero de senadores a 200. El rey romano, además, creó las primeras tres tribus: la de los romanos o Ramnes, la de los sabinos o Titites y la población restante o Luceres. Asimismo, dividió cada una de las tribus en 10 curias; cada una de éstas se llamaron como 30 de las sabinas raptadas, que a su vez dividió en 10 gentes.

También formó las primeras legiones que estaban conformadas por 3000 soldados de infantería y 300 de caballería: cada curia debía aportar una centuria de infantería y una decuria de caballería. Igualmente, creó la guardia de los celeres, guardia personal de los monarcas. Su nombre derivaba de Celer, el jefe y el más importante consejero de Rómulo. Estaba formada por 300 hombres de infantería o de caballería, dependiendo siempre de la fuente histórica de información.

Rómulo murió en el 716 a.C. en medio de una tormenta provocada por su propio padre, el dios Marte. Tras este hecho fue su cuñado Numa Pompilio quien le sucedió como rey.


DIOSES NATIVOS: ROMANOS E ITÁLICOS

Las prácticas rituales romanas de los sacerdotes oficiales distinguían claramente dos clases de dioses. Por un lado estaban los indigetes, dioses originales del estado romano. Su nombre y naturaleza estaban indicados por los títulos de los artistas más antiguos y por las fiestas fijas en el calendario.

Por otro lado se encontraban los novensides, divinidades posteriores cuyos cultos fueron introducidos en la ciudad en el periodo histórico, normalmente en una fecha conocida y como respuesta a una crisis específica o necesidad percibida.

Además, las divinidades romanas incluían los llamados dioses especialistas, cuyos nombres eran invocados al realizar diversas actividades, como por ejemplo la cosecha. Los fragmentos de los viejos rituales que acompañaban a estos actos como el arado o la siembra revelan que en cada parte del proceso se invocaba a una deidad diferente, estando el nombre de cada una de ellas derivando regularmente del verbo para la operación. Estas divinidades podían ser agrupadas bajo un término general, el de los dioses asistentes o auxiliares, que eran invocados junto con las deidades mayores. 

Los antiguos cultos romanos eran más un polidemonismo que un politeísmo: los conceptos que los adoradores tenían de los seres invocados consistían en poco más que sus nombres y funciones, y el "poder" o numen del ser se manifestaba en formas altamente especializadas.

Su carácter y sus fiestas mostraban que los antiguos romanos no sólo eran miembros de una comunidad agrícola, sino que también estaban orgullosos de luchar y muy involucrados en la guerra. Los dioses representaban distintivamente las necesidades prácticas de la vida diaria, como las sentía la comunidad romana a la que pertenecían. Se entregaban a los ritos y ofrendas que consideraban apropiados. Así, Jano y Vesta guardaban la puerta y el hogar, los Lares protegían el campo y la casa, Pales los pastos, Saturno la siembra, Ceres el crecimiento del grano, Pomona la fruta y Consus y Ops la cosecha. Incluso el majestuoso Júpiter, rey de los dioses, era honrado por la ayuda que sus lluvias daban a las granjas y viñedos. En su más amplio carácter era considerado, a través de su arma de rayos, el director de la actividad humana y, por su amplio dominio, el protector de los romanos en sus expediciones militares más allá de sus fronteras.

Prominentes en la época más antigua fueron los dioses Marte y Quirino, que a menudo se identificaban entre sí. Marte era el dios de la guerra al que se honraba en marzo y octubre. Se cree que Quirino fue patrón de la comunidad militar en tiempos de paz.

Jano y Vesta eran dioses antiguos con poca individualidad, y sus historias personales carecían de matrimonios y genealogías. A diferencia de los dioses griegos, no se consideraba que funcionaban de la misma forma que los mortales, y por ello no existen muchos relatos sobre sus actividades. Este culto primitivo estaba asociado con Numa Pompilio, segundo rey de Roma, de quien se creía que tuvo como consorte y consejera a la diosa romana de las fuentes y los partos, Egeria, a quien a menudo se identifica como una ninfa en las fuentes literarias posteriores. 

Sin embargo, se añadieron nuevos elementos en una época relativamente temprana. Otras adiciones fueron el culto de Diana en el monte Aventino y la introducción de los Libros Sibilinos, profecías de la historia del mundo que, según el mito, fueron compradas por Tarquino a finales del siglo IV a.C. a la Sibila de Cumas.

A la casa real de los Tarquinios se atribuyó en las leyendas el establecimiento de la gran Tríada Capitolina, Júpiter, Juno y Minerva, que asumió el lugar supremo en la religión de la Antigua Roma. Son los tres dioses principales de la religión romana que, como en otras religiones indoeuropeas, entre los romanos había una marcada tendencia a reunir a los dioses en grupos de tres. Fruto de esta tendencia son las distintas tríadas que a lo largo de la historia se compusieron con diferentes dioses.

Aunque la primera tríada, conocida como la tríada arcaica, estaba formada por Júpiter, Marte y Jano, pero pronto éste último fue sustituido por Quirino. Su culto era importante, como lo atestigua el nombre dado a los tres principales sacerdocios o flamines.

La tríada clásica era conocida con el nombre de tríada capitolina, por tener su templo en la Colina Capitolina, donde se encontraba el templo de Júpiter Óptimo Máximo o Júpiter Capitolino, y estaba formada por Júpiter, Juno y Minerva. Derivaba de la religión etrusca: la tríada etrusca estaba formada por Tinia, Uni y Menrva.


TRIADA CAPITOLINA
Jacopo Zucchi
1589 - 1592 
Roma, Palazzo Ruspoli



DIOSES EXTRANJEROS

La adquisición de deidades locales vecinas tuvo lugar a medida que el estado romano conquistaba el territorio de los alrededores. Los romanos solían conceder a los dioses locales del territorio conquistado los mimos honores que a los dioses antiguos que habían sido considerados propios del estado romano. En muchos casos, las recién absorbidas deidades eran invitadas formalmente a llevar su domicilio a nuevos santuarios en Roma mediante el ritual de evocatio

En el 203 a.C., la figura de culto representativa de Cibeles fue retirada de Pesino (Frigia) y acogida  en Roma. Además, el crecimiento de la ciudad atrajo a extranjeros, a los que se permitía continuar con la adoración a sus propios dioses. De esta forma llegó Mitra y su popularidad entre las legiones extendió su culto hasta lugares tan lejanos como Bretaña. 

Además de Cástor y Pólux, los asentamientos conquistados en Italia parecieron haber contribuido al panteón romano con Diana, Minerva, Hércules, Venus y otras deidades de menor rango, algunas de las cuales eran divinidades itálicas, procediendo otras originalmente de la cultura griega de Magna Graecia (Sicilia). 

Las deidades romanas importantes fueron, finalmente, identificadas con los más antropomórficos dioses y diosas griegos, y asumieron muchos de sus atributos y mitos.

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