martes, 20 de agosto de 2013

ZEUS O JÚPITER, REY DE DIOSES


Hijo de Cronos y Rea, Zeus (o Júpiter su equivalente en Roma) es el dios supremo, señor del cielo y el trueno, padre de los dioses del monte Olimpo. Administra con sabiduría y es el garante del poder, del orden y de la ley. Ejerce su mando tanto frente a las divinidades como a los hombres. De entre los dioses, es el único que puede actuar de manera libre y no tiene otro límite que el poder de las Parcas.

Era el más joven de los descendientes de Cronos y Rea. En la mayoría de las tradiciones se defiende que estaba casado con una de sus hermanas, Hera o Juno, aunque en el oráculo de Dódona su esposa era Dione, con quien, según la Ilíada, fue padre de la bella Afrodita. Era conocido por sus numerosas aventuras y amantes, fruto de las cuales fueron muchas deidades y héroes, incluyendo a Atenea, Apolo y Artemisa, Hermes, Perséfone, Dionisos, Perseo, Heracles, Helena de Troya, Minos y las Musas. Con Hera fue madre de Ares, Hebe y Hefesto.

Evocado con el epíteto de "tonante", Zeus, armado de trueno y de rayo, puede desencadenar violentas tormentas y disolver nubles. Los rayos se los dieron los Cíclopes cuando les liberó del Tártaro. Es posible que a la imagen de Júpiter se le asociara un aspecto particular del mundo natural. Se llegó a defender hasta la época clásica griega que la lluvia y el sucederse de las estaciones dependían del dios. Su nombre significa "cielo" y "día".

Ordinariamente se representa a Zeus sentado en un trono de oro, esgrimiendo el rayo en una mano y empuñando un cetro con la otra, apareciendo a sus pies un águila con las alas desplegadas. Su aire respira majestad, su larga barba cae con descuido sobre su pecho.

La encina era el árbol que le estaba consagrado, porque, al igual que Cronos, había enseñado a los hombres a alimentarse con bellotas. Sus oráculos más célebres eran los de Dódona en Grecia y Ammón en Libia. Así pues, entre sus atributos se encuentran el rayo, el águila (animal consagrado a él), el cetro, el toro y el roble.




JÚPITER DE ESMIRNA
250 a.C. - brazo y rayo añadidos en 1686 por
Pierre Granier
Louvre, París



EL CARRO DE ZEUS
1879
Alfred Church
Stories from the Greek Tragedians




GANIMEDES SIRVIENDO UNA LIBACIÓN
A ZEUS
Crátera ática de figuras rojas
490 - 480 a.C.
Metropolitan Museum of Art, Nueva York



EL NACIMIENTO Y LA INFANCIA DE ZEUS

Cronos fue padre de diversos hijos con su hermana Rea: Hestia, Deméter, Hera, Hades y Poseidón, pero tan pronto como nacían se los tragaba para evitar el destino de ser derrocado por su propio hijo, tal como él había hecho con su padre, Urano o el Cielo. Pero cuando Zeus se encontraba a punto de nacer, su madre pidió consejo a Gea, la Tierra, para urdir un plan que salvase al pequeño y así Cronos tuviera el justo castigo a sus actos contra Urano y sus propios hijos.

Salvado de la crueldad de su padre, Rea huyó y se escondió en la fabulosa isla de Creta, donde dio a luz al futuro rey de los dioses. Luego engañó a Cronos, dándole una piedra envuelta en pañales que éste tragó sin desconfiar.

Zeus fue criado en Creta, concretamente en el monde Ida. Las ninfas lo alimentaron con miel y con la lecce de la cabra Amaltea. Según algunas versiones, la propia Amaltea fuese una ninfa. Mientras, una compañía de curetes o coribantes, soldados o dioses menores, bailaba, gritaba y daba palmadas para hacer ruido y que el terrible Cronos no oyese los llantos del niño. Cuando la cabra murió, Zeus cogió su piel e hizo con ella una armadura: se trata de la égida cuya resistencia pudo poner a prueba por primera vez contra los Titanes. A edad adulta, el rey de los dioses desafió a su padre y devolvió el orden al universo.

Sin embargo, otras versiones menos extendidas defienden otra historia sobre la infancia del pequeño dios. Algunos decían que fue criado por una ninfa llamada Adamantea. Como Cronos gobernaba la tierra, los cielos y el mar, la joven escondió a Zeus colgándolo con una cuerda de un árbol, de forma que quedaba suspendido entre los tres reinos, siendo invisible para el gran dios.

En otras tradiciones se afirmaba que su criadora fue la ninfa Cinosura que, en agradecimiento, recibió el regalo de ser subida a las estrellas por Zeus después de su muerte. La historia de la ninfa Melisa o la Melisa hija de Meliseo, rey de Creta, también ha sido aceptada por algunos autores, siendo alimentado el pequeño Zeus con miel y leche de cabra.

Por otra parte, también se ha dicho que fue criado por una humilde familia de pastores a cambio de la promesa de que sus ovejas se encontrasen a salvo de los sanguinarios lobos.


LA INFANCIA DE ZEUS
Nicolaes Pietersz Berchem
1648
Royal Picture Gallery Mauritshuis, The Hague



ZEUS Y SU LLEGADA AL TRONO DIVINO

Al llegar a la edad adulta, Zeus obligó a su padre a regurgitar primero la piedra (que más tarde se la dejó al monstruo Pitón bajo las cañadas del Párnaso como señal a los hombres mortales, el célebre Ónfalos) y después a cada uno de sus hermanos en orden inverso al que los había tragado. En algunas versiones, Metis le dio a Cronos un emético para obligarlo a vomitar a los bebés, y en otras Zeus abrió el estómago de Cronos directamente.

Más tarde Zeus liberó a los hermanos de Cronos, los Hecatónquiros de cien manos y los Cíclopes de su mazmorra en el Tártado y mató a su guardiana, Campe. Como muestra de inmensa gratitud, los Cíclopes le dieron el trueno, el rayo o el relámpago, que habían sido previamente escondidos por Gea, la Tierra. 

Así comenzó la llamada Guerra de los Titanes o Titanomaquia, donde Zeus junto a sus hermanos y hermanas y Hecatónquiros y Cíclopes derrocaron a Cronos y a los Titanes, que fueron encerrados en lo más profundo del Tártaro, un lugar húmedo, lúgubre, frío y neblinoso en lo más profundo de la tierra y allí quedaron custodiados por los Hecatónquiros.

Elevado a la soberanía del mundo por la derrota de su padre, Zeus compartió el imperio con sus dos hermanos; asignó a Poseidón las aguas y a Hades los infiernos, reservándose como dominios suyos la vasta extensión de los cielos. La antigua tierra, Gea, no podía ser reclamada y quedó bajo el dominio de los tres hermanos según sus capacidades, lo que explica por qué Poseidón era el dios de los terremotos y Hades reclamaba a los humanos que perecían.

Gea estaba resentida por cómo Zeus había tratado a sus hijos los Titanes. Poco después de la ascensión al trono del padre de los dioses, Zeus tuvo que luchar contra otros hijos de Gea, los monstruos Tifón y Equidna. Zeus derrotó al primero atrapándolo bajo una sólida montaña, pero dejó a Equidna y a sus hijos con vida como desafío para futuros héroes.



ZEUS Y UN MUNDO DE CAOS

Los comienzos de su reinado fueron turbados por la rebelión de los Gigantes, hombres de colosal estatura, algunos de los cuales incluso tenían unas cincuenta cabezas y cien brazos, y otros, en vez de piernas tenían enormes serpientes como extremidades.

Zeus regía pacíficamente el mundo cunado sus monstruosos enemigos resolvieron destronarle. Acumularon montañas sobre montañas, la Osa sobre el Pelión y el Olimpo sobre la Osa, queriendo así formarse un estribo, una especie de escalera para subir a los cielos. En el primero combate que se libró lo superaron ventajosamente; el padre de los dioses fue vencido y en su espanto supremo llamó en su defensa a los dioses, pero éstos temblaron también en presencia de los Gigantes, y todos, excepto Dioniso se refugiaron en las más apartadas regiones de Egipto, donde, para poder ocultarse mejor, tomaron diferentes formas de animales, árboles y plantas.

Un antiguo oráculo había predicho que los habitantes del cielo sufrirían postergaciones hasta que un mortal acudiese a socorrerlos. Zeus, apurado, imploró el socorro de Heracles (mejor conocido como Hércules), uno de los dactilos de Idea (sin embargo, no habría que confundirlo con el hijo de Alcmena), y en un supremo esfuerzo por los dioses reaccionaron, abandonaron Egipto, esgrimieron todas sus armas y exterminaron a los Gigantes. Hércules mató a Alcione y Eurito, Zeus derribó a Porfirio, Poseidón venció a Polibotes, Hefesto derribó a Citio de un mazazo; Encelado y Tifeo fueron sepultados bajo el monte Etna, y los restantes, heridos por el reyo, se hundieron en los profundos abismos del temido Tártaro.

Sobre la tierra imperaba entonces el crimen. Prometeo, hijo de Japeto, había modelado una estatua de hombre y le había comunicado la vida y el movimiento, arrebatando una partícula de fuego al carro del Sol. Zeus, indignado por este latrocinio, ordenó al mensajero de los dioses, Hermes o Mercurio, que atase al audaz culpable sobre el monte Cáucaso y que allí fuese devorado por un buitre.

Licaón, tirano de Arcadia, se complacía en inmolar a los dioses víctimas humanas y hacía perecer, gozándose ferozmente, a todos los extranjeros que ponían la planta en su reino. Zeus abandonó el monte Olimpo y bajó a la tierra para ser testigo de sus maldades; llegó a Arcadia, entró en el palacio del soberano y pidió hospitalidad. Los arcadios, que le habían reconocido por su porte noble y majestuoso, se aprestaban a ofrecerle sacrificios: Licaón se burló de su credulidad pueril y para cerciorarse de si su huésped era dios, degolló un niño, le cortó en pedazos y mandó que la carne fuese cocida y servida entre los platos que se sacaban a la mesa. Este abominable festín causó horror a Zeus, el cual echando mano del rayo prendió fuego al palacio. Licaón consiguió escapar; pero apenas había salido de la ciudad quedó transformado en lobo.


ZEUS Y EL DILUVIO UNIVERSAL

Semejantes fechorías indujeron al padre de los dioses a enviar el diluvio, que convirtió la tierra en un inmenso mar. Las montañas más altas habían desaparecido. Solamente una sobresalía por encima de las olas; el monte Parnaso, situado en Beocia. Sobre este océano sin riberas y entre los restos de la humanidad, flotaba una frágil barquilla juguete de los vientos en la cual iban Deucalión y Pirra, esposos fieles y virtuosos.

Guiados por una mano protectora, tomaron tierra sobre la cima del Parnaso, quedando a salvo, pero sus ojos sólo divisaban por doquier horrores de destrucción y muerte. Las aguas menguaron poco a poco, y fueron apareciendo las colinas y algunas llanuras; la piadosa pareja bajó y se dirigió a Delfos para consultar el oráculo de Temis y conocer el medio de poblar la tierra: "Salid del templo -exclamó Temis,- cubrid con un velo vuestro rostro y por encima de vuestras cabezas arrojad, tras de vosotros, los huesos de vuestra abuela".

El piadoso Deucalión se llenó de tempor ante el mandato que consideraba absolutamente cruel; pero reflexionando al momento que Gea, la Tierra, es nuestra madre común y que las piedras que ella contenía podían ser consideradas sus huesos, recogió algunas y las arrojó religiosamente tras sí cerrando los ojos. Estas piedras se animaron, tomaron figura humana y se tornaron hombres; las piedras lanzadas por la mano de Pirra se trocaron en mujeres y de esta manera fue repoblado el mundo.


DEUCALIÓN Y PIRRA
Miniatura
Mestro del Libro de Horas de Brujas
1500
British Library, Londres



ZEUS Y HERA

Zeus era hermano y marido de Hera (Juno en la mitología romana), con quien tuvo a Ares, Hebe y Hefesto (algunas fuentes, en cambio, dicen que Hera tuvo a Hefesto sola). Algunos autores incluyen a Ilitía y Eres como sus hijas.

Pero Zeus era muy famoso por sus conquistas entre los mortales, entre las que destacaban Sémele, Alcmena, Ío, Europa y Leda, y ninfas, de las que nacieron las fundadoras de muchas dinastías helénicas. La mitografía olímpica recoge incluso uniones con las diosas Leto, Deméter, Dione y Maya.

Muchos mitos mostraban a una Hera absolutamente celosa por las conquistas de su marido traicionero, siendo una enemiga sistemática de todas las amantes de Zeus y de los hijos que tenían con el. Durante un breve periodo de tiempo, una ninfa llamada Eco tuvo la tarea de distraer a Hera de estas aventuras hablándole incesantemente. Cuando Hera descubrió el engaño, maldijo a la joven a pronunciar sólo las palabras de los demás.

Hera también era representada despreciando profundamente a Ganimedes, un troyano a quien Zeus llevó al monte Olimpo para ser copero de los dioses, además de su erómeno.


JÚPITER Y JUNO
Annibale Carracci
1600 - 1605
Galleria Borghese, Roma

2 comentarios:

  1. Gracias por hacer resonar lo divino

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  2. Muchas gracias por tu artículo, estoy encantado con la historia de Zeus

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