sábado, 21 de septiembre de 2013

EL INFRAMUNDO O EL HADES


Los infiernos o el inframundo era un territorio tenebroso que se encontraba en las entrañas de la tierra, al que se podía acceder por diversas entradas, como cuevas o hendiduras profundas del terreno.

Ya dentro del inframundo se encuentran cinco ríos: Aqueronte (el río de la pena), Cocito (lamentos), Flegetonte (fuego), Lete (olvido) y Estigio (odio). Este último era el que más terror suponía por dar varias vueltas en torno al infierno y que solo se podía atravesar gracias a la ayuda del famoso barquero Caronte. El paso del Estigio había que pagar al barquero y, así, los antiguos colocaban en las bocas de los muertos una moneda.

Después de transcurrir por los ríos, estaban las puertas del infierno, siempre custodiadas por Cerbero, que no impedía la entrada a nadie pero no deja que nadie salga. Apenas entradas en el Hades, las almas eran juzgadas por Minos, Raadamante y Eaco, quienes decidían quién era enviado entre los réprobos y quién entre los justos. Los primeros eran enviados al Tártaro, lugar donde los tormentos estaban garantizados; los segundos acababan en los Campos Elíseos, donde la felicidad eterna era el pilar de la vida después de la muerte.

Los Campos Elíseos eran un espacio paradisíaco, con pájaros cantantes, con brisas agradables y donde el sol jamás era empañado por la más leve niebla. Era una tierra fecunda donde había al año dobre o triple cosecha y, ofrecía, a su debido tiempo, flores y frutos. Allí no tenían entrada el dolor, la enfermedad ni la vejez. La ambición, el odio, la envidia y las bajas pasiones que agitan a los mortales eran allí completamente desconocidos.


LA MORADA DE PLUTÓN
Jan Brueghel el Viejo
Milán, Pinacoteca di Brera



CARONTE
Guztave Doré

El Tártaro era el lugar destinado a los malvados, una vasta prisión fortificada, guardada por un triple muro y circundada por un río de fuego llamado Flegetón. Tres furias, Alecto,Meguera y Tisífone, eran las gondoleras de esta ígnea corriente; con una mano empuñaban una antorcha y con la otra un látigo con el que flagelaban sin piedad. Los malechores sufrían terribles castigos, todos expiaban sus faltas, todos quienes quisieran volver a gozar de la luz del día para comenazar de nuevo una existencia apacible y llena de merecimientos.

No lejos del Tártaro moraban los Remordimientos, las Enfermedades, la Miseria vestida de andajos, la Guerra chorreando sangre, la Muerte, las Gorgonas, que tenían serpientes en vez de cabellos, la Quimera, las Arpías y otros monstruos a cual más horribles.

TÁNTALO

Tántalo era un rey asiático y antepasado de Agamenón y Menelao. Se pensaba que era hijo de Júpiter, parentesco que aprovechaba por estar autorizado a sentarse en la mesa de los dioses olímpicos y participar en los banquetes allí celebrados. Presuntuoso y orgulloso, se atrevió a sustraer néctar y ambrosía durante una de las comidas para poder dárselo a sus amigos mortales. Además, para poner a prueba la divina omnisciencia, descuartizó a su hijo, Pélope, y lo ofreció como comida a los dioses.

Pero los dioses al darse cuenta del horrible hecho, nadie osó comer de esa carne; apiadados, recompusieron al joven dándole de nuevo una vida y castigaron a Tántalo relegándolo al Tártaro, la región infernal, donde son confinados aquellos que cometen graves delitos, condenados al hambre y a la sed eternas.


TÁNTALO ENCADENADO
Gian Battista Llangetti
1650 - 1676
Venecia, Ca' Rezzonico


SÍSIFO

Sísifo fue el héroe fundador de la ciudad de Corinto. Las numerosas leyendas referidas a él destacan su sagacidad. cuando Júpiter raptó a Egina, la hija del río Asopo, fue descubierto por Sísifo, quien se lo explicó todo al padre de la joven, consiguiendo a cambio la fuente Pirena, la cual nace junto a la ciudadela de Corinto.

Para castigarlo por la traición, el rey de los dioses envió a la Muerte. Sin embargo, Sísifo consiguió sorprenderla y encadenarla. Por tanto, consiguió que la parca no consiguiese sus objetivos, garantizando que nadie muriese. Entonces Júpiter, obligado a intervenir, liberó a la muerte. La primera víctima fue directamente el héroe, pero antes de morir suplicó a su mujer que no celebrase los habituales ritos funerarios. 

Cuando llegó al inframundo y estando delante del rey de los infiernos, Plutón, se lamentó de la impiedad de su mujer, logrando del dios el permiso para volver al mundo de los vivos y, así, poder castigarla. Pero una vez que vio la luz, Sísifo se aseguró de regresar a los infiernos, y así murió con una avanzada edad, siendo una muerte totalmente natural.

Por todos los engaños perpetrados, el fundador de Corinto fue condenado a cargar hasta la cumbre de un monte con una pesada piedra que, una vez arriba, caía de nuevo al llano, y él estaba obligado a iniciar de nuevo la fatigosa ascensión.


SÍSIFO
Tiziano Vecellio
1549
Madrid, Museo del Prado


IXIÓN

Ixión fue el famoso rey de los lapitas, condenado a la locura por los terribles crímenes que cometió. De entre todas las divinidades, sólo Júpiter tuvo piedad de él y decidió curarlo. Pero el rey se mostró ingrato con el padre de los dioses, se atrevió a enamorarse de Juno e intentó poseerla por la fuerza. Así, Júpiter creo una nube con el aspecto de su esposa para engañar al rey, que se unió a ella, dando origen a los Centauros.

Ante tal sacrilegio, Júpiter decidió castigarle: lo ató a una rueda ardiendo que daba vueltas continuamente y lo llevó al Tártaro. Dado que Ixión, en otro tiempo protegido por Júpiter, había bebido la ambrosía que convierte en inmortal, se vio obligado a sufrir un castigo eterno.


EL CASTIGO DE IXIÓN
s. I. a.C. - s. I. d.C.
Nápoles, Museo Archeologico Nazionale


TITIO O TICIO

Titio era un gigante fruto de la unión entre Júpiter y Elara. Temiendo los celos de Juno, el padre de los dioses escondió a su amante mientras estaba embarazada en las profundidades de la tierra. Así, de la tierra, salió Titio a la luz.

Después que Latona dió a luz a los gemelos Diana y Apolo, Juno, celosa y encolerizada, envió contra ella al gigante, infundiendo en él el deseo de poseerla. La madre de los gemelos fue salvada por el propio Júpiter, que fulminó a su hijo Titio y lo llevó a los infiernos. Allí, inmovilizado por completo en el suelo, dos águilas le devoraban el hígado que, una vez consumido, vuelve a renacer.


TICIO
Tiziano Vecellio
1548 - 1549
Madrid, Museo del Prado

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