jueves, 5 de septiembre de 2013

EROS O CUPIDO


Cupido en Roma o Eros (literalmente "amor") en Grecia, es descrito en las fuentes más antiguas como nacido al tiempo que la Tierra y generando por el caos primigenio: representa una fuerza natural de atracción que empuja a todas las cosas a unirse. Sin embargo, la idea más divulgada es que es hijo de Ares y Afrodita, así como dios del amor. Representado como un niño alado, caprichoso y desvergonzado, es el protagonista y causa de numerosas historias amorosas, ligadas sobre todo a sus astucias y sus bromas, historias a veces crueles a las que no son inmunes ni las divinidades ni los hombres. Ni siquiera Zeus, padre de los dioses, puede sustraerse a la fuerza de Cupido.

Armado de arco y flechas, a veces también con una antorcha, el dios hiere a todo el que se ponga a tiro. Sus dardos son de dos tipos: unos, de oro, insinúan un sentimiento de amor en quien es herido; otros, de plomo y con la punta roma, provocan aversión en el corazón del amante.


EROS TENSANDO EL ARCO
s. I. a.C.
Roma, Musei Capitolini


CUPIDO VENCEDOR
Caravaggio
1602 - 1603
Berlín, Gemäldegallerie


VENUS Y CUPIDO
Lorenzo Lotto
1520 - 1530
Nueva York, The Metropolitan Museum of Art


CUPIDO CIEGO

El tema del Cupido ciego es extraño en la iconografía de la antigüedad tanto griega como romana. Sin embargo, durante la Edad Media coge fuerza. Esta nueva imagen del dios nace al haber libre interpretación de las fuentes literarias. Cupido, con los ojos vendados, acabó por adoptar distintas connotaciones según las condiciones históricas. En la Italia renacentista del siglo XVI, su imagen se corresponde a la del muchacho alado de derivación clásica; la venda subraya no solo el hecho de que sea ciego y pueda, por tanto, herir a cualquiera y en cualquier lugar, sino también la oscuridad directamente asociada con el pecado. En realidad, con el paso del tiempo, la difusión de esta tipología iconográfica hizo que el significado originario fuese perdiéndose paulatinamente.


CUPIDO CIEGO
Piero della Francesca
1495 - 1496
Arezzo, San Francesco


CUPIDO Y EL PANAL DE MIEL

En una ocasión, Cupido, mientras intentaba robar miel de un panal, fue picado en todos los dedos por una abeja. El pequeño sintió un dolor muy agudo y, pateando y nervioso, le enseñó a su madre, Venus, dónde estaba herido, lamentándose mientras de cómo un insecto tan pequeño podría hacer tanto daño. Así, Venus empezó a reírse e hizo notar a su hijo lo parecido que él mismo era a dicho insecto, tan pequeño y tan peligroso, capaz de infligir grandes heridas.


VENUS Y CUPIDO
Lucas Cranach el Viejo
1529
Londres, National Gallery


CUPIDO Y PSIQUE

Psique era la menor y más bella de tres hermanas. Su carácter era superior a la virtud humana, hasta el punto de provocar la ira de la propia Venus.

Encolerizada, la diosa del amor pidió a Cupido que le ayudase para que la joven se enamorase de alguien vil. Pero Cupido, al verla, se enamoró y decidió llevarla a su palacio, donde solamente la visitaba de noche. Además, Cupido impuso a la joven que no intentara descubrir su identidad bajo pena de abandonarla.


AMOR Y PSIQUE
Louis-Jean-François Lagrené


CUPIDO Y PSIQUE
Bertel Thorvaldsen
1807
Museo Thorvaldsen


PSIQUE CONDUCIDA AL PALACIO DE CUPIDO


Mientras todas sus hermanas ya estaban casadas, Psique seguía soltera su padre decidió consultar a un oráculo, que le sugirió llevar a la muchacha, vestida para la boda, a la cima de un monte donde un monstruo la tomaría y la raptaría. Con desesperación, los padres la prepararon y la abandonaron en la cumbre de la montaña del monstruo. De improvisto, Psique se sitió elevada y arrastrada por el viento. Así llegó hasta  lo más profundo de un valle, donde sobre un suave prado se quedó dormida nada más llegar. Al despertar, se encontraba en el jardín de un palacio lleno de maravillas. Al acabar el día, Psique se fue a dormir; durante la noche sintió la presencia del monstruo descrito por el oráculo, que yació con ella como una bestia mansa. Antes de dejarla con las primeras luces del día, el amante la advirtió que no intentase descubrir su identidad pues, de hacerlo se marcharía para siempre. Al fin y al cabo, aquella bestia no era más que el dios del amor.

PSIQUE Y SUS HERMANAS

Durante un largo periodo de tiempo, la vida de Psique en el palacio de Cupido transcurrió tranquila; permanecía sola durante el día hasta que a la noche la visitaba el dios. Sin embargo, la muchacha, nostálgica hacia su familia, pidió permiso para poder invitar a sus hermanas. Éstas fueron traídas por Céfiro, el cálido viento primaveral. Psique había preparado regalos valiosos para ellas, pero ellas, al verla tan feliz, se sintieron celosas y decidieron vengarse.

PSIQUE DESCUBRE EL ROSTRO DE CUPIDO: LAS PRUEBAS DE VENUS

Una noche, Psique, curiosa y convencida por sus hermanas, iluminó la cara de su amado mientras dormía. Pero una gota de aceite se derramó por el hombro de Cupido quien, despertado de improvisto y desilusionado, la abandonó. Desesperada, Psique vagó por toda la tierra para buscar a su amado, hasta que llegó al palacio de Venus. Tras perseguirla y atormentarla, la diosa del amor la sometió a diferentes pruebas, todas superadas gracias a la ayuda de seres divinos. La primera consistía en separar garbanzos, lentejas, habas, granos de trigo, cebada, mijo y amapola, todas mezcladas entre sí. Psique se quedó petrificada ante aquel montón de semillas, convencida de que no lo conseguiría. Pero una hormiga del campo, que conocía bien las dificultades de la tarea, se compadeció y, ayudada de otras hormigas de los alrededores, consiguieron realizar la prueba.

LA PRUEBA DEL AGUA DEL ESTIGIO

No satisfecha y rabiosa, Venus la conminó a ir al alba para recoger lana de carneros salvajes, misión que Psique llevó a cabo. Pero la diosa de la belleza seguía sin estar satisfecha, antes al contrario, y confió a la joven Psique una prueba más dura. Después de darle en la mano una pequeña urna, la ordenó que se la devolviese llena de agua del Estigio, el río infernal temido por cualquier ser vivo, incluso los dioses. Éste nacía en una roca muy elevada e iba descendiendo para perderse luego en el reino de Hades. Esta vez fue Júpiter el salvador de Psique: envió a un águila -animal consagrado al rey de los dioses- a prestarle ayuda.

PSIQUE EN EL HADES

Al ver que la amada de Cupido conseguía superar las pruebas, Venus en el colmo de la ira la sometió a la última y terrible prueba: Psique debía trasladarse a ultratumba y entregarle a Proserpina una urna en la que la diosa de los infiernos tenía que depositar un poco de su belleza. Psique se dirigió a una torre alta con la intención de suicidarse arrojandose al vacío para, así, llegar al reino de los muertos. Pero, de pronto, la torre habló, dándole numerosos consejos sobre cómo llegar al más allá o sobre como comportarse en los infiernos y, sobre todo, cómo conseguir volver a ver de nuevo la luz evitando las trampas impuestas por Venus.

La torre aconsejó a la joven que llevase dos monedas para que Caronte, el barquero que transportaba las almas en el inframundo, y dos hogazas de cebada para echar a Cerbero, el terrible perro de tres cabezas, guardián del Hades.

EL SUEÑO DE PSIQUE

Tras salir del Hades, Psique se dirigió con la urna hacia Venus cuando, curiosa por el contenido y olvidando los consejos recibidos para no abrirla, levantó la tapa. En el aire se difundió un infernal vapor que alcanzó a la muchacha, que cayó en un sueño profundo semejante a la muerte.

Mientras tanto, Cupido, arrepentido y nostálgico, fue a buscar a Psique y, una vez la encontró, logró que Júpiter le diese permiso para desposarla y acogerla en el Olimpo.


CUPIDO DESCUBRE A PSIQUE DORMIDA
Antón van Dyck
1638
Londres, Kensington Palace, The Royal Collection

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