viernes, 20 de septiembre de 2013

GENIO E HIMENEO


GENIO

Genio era una divinidad que regía el nacimiento de cada mortal, con el que vivía durante el transcurso de su vida y, a la vez, conocía pensamientos y guiaba en todos sus actos. 

Cada humano tenía dos Genios: por un lado, uno bueno que le inclinaba al bien pero, por otro, uno malo que desviaba ese camino hacia el mal. Además, cada país, provincia, ciudad o casa tenía su Genio particular.

En lo que al culto se refiere, en Roma se adoraba al Genio en público, siendo así divinidad tutelar del imperio. Cada persona, cuando celebraba el día de su nacimiento, ofrecía sacrificios (vino, flores, frutas o incienso) a su Genio particular. Al contrario que en otros cultos a dioses en Roma, el culto a Genio no involucraba sacrificio de sangre sobre su altar.

Para representar al dios, se le divide en dos imágenes opuestas. Por un lado, se encuentra el Genio "bueno", representado en forma de joven coronado de flores que lleva un cuerno de la abundancia. Por otro lado, en cambio, está el Genio "malo", un viejo con barba espesa y pelo corto con un buho en la mano, tenido por ave de mal agüero.


HIMENEO

Himeneo era hijo de Venus y presidía las bodas o fiestas nupciales. Era representado con la figura de un joven vestido de manera cuidadosa, coronado de rosas y sujetando con la mano derecha una antorcha.

El día de los desposorios se entonaban himnos en su honor y en cada estribillo se repetía, a coro, su nombre. Al ofrecerle sacrificios cuidaban mucho de sacar la hiel de las entrañas de la víctima y arrojarla a lo lejos, queriendo así simbolizar a los esposos que debían abstenerse de las querellas y de las palabras airadas, por las cuales la paz doméstica se ve tan comprometida.

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