domingo, 13 de octubre de 2013

LA EDAD DE BRONCE Y LA EDAD DE HIERRO - ASTREA O ASTREO


Antes de la última era de la humanidad, se encontraba la Edad de Bronce, sucesora de la Edad de Plata. Los hombres se retornaron deroces, anhelaron las guerras y codiciaron el lucro, aunque sin abandonarse a los extremos que caracterizaron la posterior edad.

La Edad de Hierro fue la última edad y la más terrible de todas, caracterizada siempre por toda clase de impiedades.

Desaparecidos valores como el pudor o la sinceridad, la venganza, el engaño y la insidia lo sustituyeron. La tierra, en un principio era un ser común, fue dividida mediante fronteras y no solo se cultivaba, se excababa para buscar tesoros perdidos, instigación al mal, que guardaba cerca del terrible río Estigio. Así fueron sacados a la superficie metales preciosos como el oro y materiales esenciales para la civilización del momento como el hierro, fundamentales elementos para la guerra y la violencia.

Durante de Edad de Hierro se vivía de la rapiña y nadie se fiaba de ningún individuo. Júpiter, tras convocar una reunión entre los dioses olímpicos, decidió, a su pesar, destruir a la humanidad. Las razones principales de enviar la destricción personificada en un diluvio eran los valores de corrupción y violencia.

Fue desterrada de la tierra la buena fe, dejando libre la entrada a la traición y a la violencia, y la vida fue solo una serie de latrocinios. La discordia se introdujo entre los parientes más cercanos, el hijo atentó con osadía contra la vida de su propio padre, la madrastra contra la de su hijastro. La piedad se troncó en escarnio y Astrea abandonó suspirando, una morada manchada por los crímenes.

Astrea era hija de Júpiter y Temis y hermana de Pudicitia, era la personificación de sentimientos de virtud y justicia, que repartía continuamente entre los seres humanos. La divinidad llevó a cabo dicha tarea sobre todo durante la Edad de Oro, pero cuando, durante la Edad de Hierro, la maldad inundó el mundo, ella se refugió en el cielo, donde se convirtió en una constelación.


EL REGRESO DE ASTREO
Salvador Rosa
1640
Viena, Kunsthistorisches Museum


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