sábado, 5 de octubre de 2013

LA FAMA


La Fama en Roma (también conocida como Feme u Osa en la mitología griega) era una conocida divinidad alegórica tanto de griegos como de romanos, que personificaba los rumores, los cotilleos y la fama.

Su función era simple: se encargaba de extender los rumores y hechos de los hombres, sin importarle la credibilidad de dichas ideas. Por ello, no era bien recibida en la morada celeste de los dioses, y al no ser tampoco una criatura infernal, habitaba entre las nubes, provocando desórdenes y malentendidos entre los mortales. En algunas tradiciones se defendía su imagen pues se la consideraba una mensajera del mismísimo Júpiter.

En cuanto al origen de la diosa, hay discrepancias: la tradición más arraigada afirma que la Fama era hija de Venus aunque muchas otras señalan que era la última hija de Gea, quien la engendró por sí misma para así poder vengarse de los dioses.

También fue relacionada con Niké o la Victoria, pues sus caprichos podían conseguir el logro de que los derrotados alcanzasen la notoriedad, como el caso de la derrota de los espartiatas de las Termópilas.

A pesar de todos los problemas que causaba, era querida por gran parte de la población, porque era la que se encargaba de que los hechos heroicos fueran conocidos, y de transmitir a un público las grandes gestas o desgracias de los pueblos, fomentando de esta manera la comunicación. En consecuencia, era invocada continuamente por aquellos orgullosos de sus actos, que apelaban a su fama para diferenciarse del resto. Con aleatoriedad, la Fortuna podía ensalzar eternamente a personas caídas en desgracias o, por el contrario, hundir a quien no lo mereciese. 

Se pensaba que era una posible proveedora de inmortalidad: la razón más lógica para justificar tal afirmación era que hacía recordar hazañas de los hombres mucho tiempo después de perecer. Este deseo de permanecer en las mentes eternamente inspiraba a los héroes a arriesgar hasta la vida con tal de conseguir tan ansiado reconocimiento, como por ejemplo, el propio Aquiles, que pudo elegir entre una larga vida pero anónima o una corta y gloriosa, decantándose por la última.

En lo que a su aspecto se refiere, en la tradición más antigua, era representada como una mujer con cien ojos continuamente abiertos (repartidos también por las plumas de sus alas) y cien bocas incansables. Nunca cerraba los ojos y era muy rápida para poder cumplir así con su misión. Los poetas modernos la representaban en forma de una mujer alada que vuela por el aire con una trompeta en la mano.

Siempre moviéndose, agitada, corría, volaba día y noche desde un extremo de la tierra a otro, divulgando con la misma seguridad lo que conocía pero también lo que ignoraba, el bien y el mal, la verdad y la mentira.


FEME
Dresden

1 comentario:

  1. Falta añadir que como la fama es efímera e inestable, suele representarse sobre una bola, que es lo más inestable que existe. Véanse las estatuas de Dresde, de Burdeos o de Ferrol.

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