jueves, 31 de octubre de 2013

ORFEO


Orfeo era un personaje heroico de la mitología clásica. Según los relatos, cuando tocaba su lira, los hombres se reunían para oírlo y hacer descansar su alma. Orfeo era teólogo, poeta y músico, hijo de Eagro, rey de Tracia.  

En lo que a fuentes se refiere, ni Homero ni Hesíodo le hicieron referencia, pero era conocido en la época de Ibico (530 a.C.) y Píndaro (522 - 442 a.C.), que se refería a él como "el padre de los cantos".

Desde su juventud se aplicó a estudiar la religión y recorrió Egipto para consultar a los sacerdotes de este maís y ser iniciado por ellos en los misterios de Isis y Osiris. Después visitó en el Asia Menor a Fenicia y Samotracia, y de vuelta a su país natal dio a conocer el origen del mundo y de los dioses, la interpretación de los sueños y la expiación de los crímenes. También instituyó las fiestas de Baco y de Ceres. Enseño a los griegos sabios conocimientos astronómicos, cantó la guerra de los Titanes, el rapto de Proserpina y los trabajos de Hércules, siendo considerado como el padre de la teología pagana.

La música le servía de solaz y descanso en sus ocupaciones. Antes en Grecía sólo se conocía la flatua. Desde el siglo IV a.C. en adelante fue considerado como uno de los principales poetas y músicos de la Antigüedad, inventor de la cítara y quién añadió dos cuerdas a la lira; antes, la lira tenía siete cuerdas; pero la de Orfeo llegó a tener nueve, haciendo referencia así a las nueve musas. Con su música, Orfeo era capaz no sólo de calmar bestias salvajes, sino incluso de mover árboles y rocas, y detener el curso de los ríos. Emblesaba a hombres y dioses y la naturaleza toda se conmovía a sus acordes: osos y leones se acercaban a lamerle los pies, los ríos retrocedían a su nacimiento para escucharle, las rocas se animaban y corrían a su encuentro. Así pues, todas las ninfas adoraban su talento, seguían sus pasos y deseaban tenerlo como esposo. 

Como músico célebre, fue con los Argonautas en busca del vellocino de oro. Se piensa que fue uno de los pioneros de la civilización, habiendo enseñado a la humanidad las artes de la medicina, la escritura y la agricultura. 

En su aspecto más conectado a la vida religiosa, fue augur y profeta. Practicó también las artes de la magia, en especial la astrología. Fundó o hizo accesibles muchos cultos importantes, entre los cuales se encontraban los de Apolo y Dionisos. Instituyó ritos místicos, tanto públicos como privados; prescribió rituales iniciatorios y de purificación. Se dice, además, que visitó Egipto, familiarizándose allí con los escritos de Moisés y con la doctrina de una vida futura.

De acuerdo con la tradición más conocida, Orfeo era hijo de Eagro, rey de Tracia, y de la musa Calíope (o Clío en otras versiones). En otras fuentes, su padre era considerado el mismísimo Apolo. Esto útlimo es más coherente en cuanto a la devoción de Orfeo por este dios, que es el dios de la música. Orfeo aprendió la música de Lino o de Apolo, que fue también su amante, y quien le entregó su propia lira, fabricada por Mercuro con el caparazón de una tortura, como un regalo de amor. Por tanto, su mayor atributo era la lira.


ORFEO CON LOS ANIMALES
Mosaico
s. III d.C.
Palermo, Museo Archeologico Nazionale



ORFEO Y LOS ARGONAUTAS

A pesar de su origen tracio, Orfeo se unió a la expedición de los Argonautas, cuyo jefe, Jasón, había sido informado por Quirón de que sólo con la ayuda del músico se podría pasar indemne a través de las Sirenas. Éstas vivían en tres pequeñas islas rocosas llamadas Sirenum Scopuli, que cantaban numerosas canciones que atraían a los marineros hacia las turbulentas aguas del mar. Entonces, al acercarse poco a poco a las Sirenas, ellas los devoraban. Cuando Orfeo oyó sus voces, sacó su lira y tocó su música, que era más bella que la de ellas, tapándola y ahogándola.


ORFEO Y EURÍDICE

La historia más conocida sobre Orfeo es la que se refiere a su bella esposa Eurídice, que aveces es conocida como Agriope. Algunas versiones atestiguan que Eurídice murió al ser mordida por una serpiente mientras huía de Aristeo; otras, que el hecho fatal ocurrió mientras paseaba con Orfeo.

En las orillas del río Estrimón, Orfeo se lamentaba por la pérdida. Consternado, Orfeo tocó canciones tan tristes que todas las ninfas y todos los dioses lloraron, aconsejándole, al fin, que descendiese al Hades o inframundo en busca de su amada. Camino al inframundo, Orfeo tuvo que sortear muchos peligros; empleando siempre su arte musical, hizo detenerse los tormentos del inframundo por primera y única vez, y, llegado el momento, ablandó los corazones de los señores del Hades, Plutón y Proserpina, que permitieron a Eurídice volviese con su esposo al mundo de los vivos. Sin embargo, había una condición: Orfeo tenía que caminar siempre delante de ella y no mirar nunca atrás hasta que hubiesen alcanzado el mundo superior.

A pesar de las ganas, Orfeo no volvió la cabeza en todo el trayecto: ni siquiera se daba la vuelta para asegurarse de que Eurídice estuviese bien cuando pasaban junto a un demonio o corrían algún otro peligro. Llegaron finalmente a la superficie pero entonces, ya por la desesperación, Orfeo se giró para ver a su amada; pero ella todavía no había sido completamente bañada por el sol, pues aún tenía un pie en el inframundo. Por ello, se desvaneció en el aire, y esta vez para siempre.


ORFEO Y EURÍDICE
Jean Raoux
1718 - 1720
Los Angeles, The J. Paul Getty Museum



LA MUERTE DE ORFEO

Según Ovidio, el héroe intentó volver al Hades, pero el barquero Caronte le negó el paso por el río Leteo, así que Orfeo se retiró a los montes Ródope y Hemo, donde permaneció durante tres años evitando la vida amorosa con cualquier otra mujer, aunque muchas ninfas se le ofrecieron.

Orfeo seguía cantando y tocando la lira, lo que provocó que los árboles se conmoviesen. En esos montes, fue visto por las Bacantes tracias, que se sintieron despreciadas por él. Apresaron a los animales que lo acompañaban y a él lo apredearon, lo despedazaron y repartieron sus miembros. Su cabeza y su lira fueron arrojados al río Hebro; esos restos acabaron llegando al mar y, cerca de la isla de Lesbos, una serpiente quiso comerse la cabeza del héroe. Pero Apolo transformó a la vípeda en una roca. Por su parte, Dionisos castigó a las Bacantes convirtiéndolas en árboles.

Mientras, el alma de Orfeo encontró a la de su mujer en el inframundo, convirtiéndose desde aquel momento en inseparables.

Sin embargo en la versión recogida por Eratóstenes, la cual se remonta a la obra perdida de Esquilo Las basárides, Orfeo, al final de su vida, desdeñó el culto a Dionisos, del que antes presidía los misterios. Consideró a Helios, a quien llamaba también Apolo, como el dios principal. Por ello, mientras el héroe se encontraba en el monte Pangeo esperando la salida del sol, Dionisos envió a las Ménades para que lo despedazasen. Pero las ninfas unieron sus pedazos, enterrando el cuerpo en un lugar llamado Libetros, cerca del monte Olimpo. Mientras, la lira fue colocada por el rey de los dioses entre las constelaciones.

Por otra parte, Pausanias señalaba que Orfeo obligaba a los maridos de las mujeres de la antigua Tracia a que lo siguieran en sus viajes. Por ese motivo lo mataron mientras estaban embriagadas de vino, y por eso se estableció la costumbre de que los hombres saliesen a combatir tras haber bebido.

También se recurría a la tradición de que Júpiter, mediante un rayo, castigó a Orfeo fulminándolo por haber enseñado a los mortales misterios inauditos.

Por su parte, Higino recoge otras dos tradiciones. Calíope, quien era la madre de Orfeo, había participado como juez en la disputa entre Venus y Proserpina por la posesión de Adonis. La diosa del amor, al no satisfacerle el veredicto, hizo que todas las mujeres de Tracia se enamorasen de Orfeo hasta tal punto que llegaron a despedazarlo vivo.

Según Platón, los dioses impusieron al héroe el castigo de morir a manos de mujeres por no haber tenido el arrojo de morir por amor como Alcestis, hija de Pelias, que habia muerto en lugar de su marido Admeto.


LA MUERTE DE ORFEO
Alberto Durero
1494
Hamburgo, Hamburger Kunsthalle

No hay comentarios:

Publicar un comentario