lunes, 21 de octubre de 2013

PERSEO


Perseo era hijo de Júpiter y Dánae y nieto de Acrisio, rey de Argos. 

EL NACIMIENTO DE PERSEO

Un oráculo había predicho al rey de Argos, Acrisio, que sería asesinado por su propio nieto. Atemorizado, el rey encerró a su única hija, Dánae, en una gran torre de bronce y rechazó darla en matrimonio a todos los príncipes que la solicitaron. Pero Júpiter, que la amaba con locura, queriendo introducirse hasta la guarida de la joven princesa, se transformó en una fina lluvia de oro. Así consiguió penetrar en la torre o, según otros, prodigó a manos llenas este metal entre los soldados que custodiaban a Dánae con el fin de sobornarlos; la raptó y se desposó con ella en secreto. De este matrimonio nació el héroe semidiós Perseo.

Acrisio, atento a las amenazas del oráculo sin ser sensible hacia el amor paterno, cogió a Dánae y su hijo abandonándolos en una frágil barca en medio de las olas agitadas por un fuerte vendabal. Su muerte parecía ya inevitable pero un dios velaba sobre ellos, arrastrando la embarcación hasta la isla de Serífea. En la ribera de la isla la barca fue recogida por un pescador llamado Dietys. Condujo a los dos a presencia del rey Polidecto, recibiendo a Dánae con benevolencia. El rey encargó a los sacerdotes del templo de Minerva que cuidaran de la educación de Perseo.


DÁNAE
Jan Gossaert
1527


PERSEO Y MEDUSA

Veinte años después, la bravura del héroe y el afecto que el pueblo le tenía oscurecieron la divina gloria de Polidecto, que buscó un pretexto razonable para alejarlo de allí; halagó las ambiciones del joven con promesas y triunfos y laureles; después, le propuso que se preparase para una expedición arriesgada a la par que brillante. Se trataba de ir al encuentro de Medusa, una de las temidas criaturas conocidas como Gorgonas. El fin era llegar a luchar contra ella y cortarle la cabeza. 

Medusa en vez de cabellos tenía serpientes y por su aspecto asqueroso convertía en piedra a todo aquel que la buscaban para hacerle frente. Perseo aceptó sin titubeo alguno y los dioses vinieron en su ayuda. Minerva le prestó su escudo, luciente como un espejo; Mercurio sus talares y una espada de diamante; Plutón, un casco que le convertía en invisible. Otras versiones aceptan el hecho de que también consiguió la ayuda de Pegaso. Armado con esa  defensa, se traslado a la otra extremidad del océano, hasta la espantosa morada de Medusa a la que halló sumida en un profundo sueño, ella y sus serpientes. Minerva guió el brazo del hñeroe que mantenía a su lado el escudo, en el cual la cara del monstruo se reflejaba, llegando a no atreverse a mirar. De un golpe, le cortó la cabeza. Las otras dos gorgonas, que se habían despertado al oír tal ruido, quisieron vengar a su hermana. Pero Perseo escapó gracias al casco proporcionado por el dios del inframundo. Levantó su vuelo llevando consigo la cabeza de Medusa ligada a la cara exterior del escudo.


PERSEO CON LA CABEZA DE MEDUSA
Benvenuto Cellini
1554
Florencia, Logia del Lanzi


PERSEO Y ATLAS

El sol ya se encaminaba hacia el ocaso y Perseo se encontraba aún en las regiones más altas del aire. Al caer la noche, descendió a tierra firme y se detuvo en la Mauritania para descansar hasta que amaneciese. Un terrible titán gigante llamado Atlas era el rey de esta comarca; sus innumerables rebaños llenaban los campos y en sus huertos crecían árboles cargados de manzanas de oro. Este era el famoso jardín de las Hespérides, donde Hércules consiguió la finalidad de uno de sus trabajos.

Perseo se adelantó al encuentro con el titán, pidiéndole hospitalidad: "Si algo vale en vuestra consideración la gloria de una elevada alcurnia, sabed que Júpiter es mi padre, y si las gestas gloriosas os merecen etima, creo podré obtener vuestro aprecio y digna acogida". A estas palabras, Atlas recuerda que un antiguo oráculo le había predicho, que un hijo de Júpiter le despojaría de su reino. Lejos, pues, de dar oídos a los ruegos, le ordenó que se alejase de sus estados. Estaba ya a punto de unir la violencia a las amenazas. El héroe griego se sintió demasiado débil para poder conseguir una victoria en una lucha contra el gigante, y le dijo: "Ya que tú desprecias por igual mis glorias y mi linaje toma el premio que mereces", le arrojó la cabeza de Medusa y le transformó en montaña (la cordillera de Atlas, norte de África).

PERSEO Y ANDRÓMEDA

Era ya la hora del lucero de la mañana abre las puertas al día: Perseo calzaba las alas y levantaba el viejo. Después de un largo trayecto se detuvo para contemplar la Etiopía en el preciso momento en el que Andrómeda, hija del rey Cefeo, se encontraba encadenada a la orilla del mar, a punto de ser devorada por un terrible monstruo marino.

Desde lo más alto de las regiones etéreas, descendió hasta ella y le preguntó su nombre y la causa que puede motivar tan bárbaro tratamiento. Andrómeda le mostró los ojos arrasados en lágrimas sin proferir palabra alguna; pero obligada a dar una respuesta, le reveló su nombre, su familia y el injusto suplicio al que estaba condenada. La madre, Casiopea, ensorbecida a causa de su belleza, había osado afirmar que era la más bella entre todas las Nereidas, las divinidades marinas nietas de Océano. Estas, ofendidas por tal presunción, pidieron a Neptuno que las vengase por el ultraje padecido. El dios del mar envió a un monstruo marino que devastó el país y, a través de un oráculo, hizo saber que, para librarse del flagelo, Andrómeda le había de ser sacrificada.

Aun pronunciaba las últimas palabras, cuando el terrible monstruo se acerca para tragársela. Andrómeda lanzó un grito de espanto; sus padres que la contemplaban se golpeaban el pecho, rasgaban su rostro y se revolcaban en polvo. "Los momentos son preciosos - decía Perseo - Si el hijo de Júpiter, si el vencedor de la Gorgona os pidiera a vuestra hija por esposa ¿se la concederíais? Con esta condición os juro que la liberaré". La proposición fue aceptada. El héroe levantó el vuelo y desde una altura considerable cayó sobre el dragón, le hiere con su espada, le abre los costados y le arranca el corazón. La muchedumbre prorrumpe en aclamaciones: Cefeo y Casiopea, en el paroxismo de su alegría, abrazaban a Perseo como su salvador y su yerno, y Andrómeda, liberada ya, llega al palacio y temblorosa sostenida por su salvador. All día siguiente comenzaron los preparativos de la boda.


PERSEO Y ANDRÓMEDA
Paolo Veronese
Segunda mitad del s. XVI
Renne, Musée des Beaux - Arts



PERSEO LIBERA A ANDRÓMEDA
Peter Paul Rubens
1639 - 1640
Madrid, Museo del Prado


PERSEO Y FINEO

Mientras se celebraba la boda, Fineo, tío de Andrómeda, que había sido su amante anteriormente, se presentó en la sala del festín acompañado de numerosos amigos. Provocó una querella y entró en una lucha sangrienta. En medio de la confusión las mesas fueron derribadas, los lechos destrozados y la vajilla saltaba hecha pedazos. Perseo amilanado por la superioridad de sus enemigos, estaba ya para sucumbir y perder el fruto de sus anteriores victorias; en aquel momento se acordó del escudo, lo encara a sus perversos adversarios y los transforma en piedras. 

PERSEO SE VENGA DE POLIDECTO

Entonces, el héroe, después de una ausencia de cuatro años, regresó a la isla de Seriféa donde Dánae estaba aun cautiva de Polidecto, llenándola de ultrajes. A ruegos de Dánae, su madre, Perseo lucho contra el tirano y lo mató. 

PERSEO, PRETO Y ACRISIO: EL CUMPLIMIENTO 
DE LA PROFECÍA

Más tarde, Perseo venció a Preto, hermano de su abuelo, que había usurpado el trono de argos a Acrisio. Acrisio, sabedor del camino triunfal de su nieto, fue hasta un lugar llamado Larisa para felicitarlo, expresar gratitud y reconciliarse con él. Este mismo día se celebraban los juegos de la rayuela, que era el ejercicio en boga.

Perseo quiso dar pruebas de su fuerza y maestría pero lanzó el disco con tal mala suerte que dio en la frente de su abuelo, lo mato de manera instantánea, con lo que se realizaron las predicciones del oráculo.

1 comentario:

  1. Si es un mito griego el dios debe ser Zeus y no Jupiter dado que este ultimo pertenece a la mitologia romena

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