miércoles, 27 de noviembre de 2013

AQUILES


Aquiles o Aquileo, nieto de Éaco e hijo del rey Peleo y de la diosa Tetis, fue un héroe de la Guerra de Troya, siendo uno de los principales protagonistas y más grandes guerreros de la Ilíada de Homero. En la célebre obra homérica, Aquiles suele ser calificado como "el de los pies ligeros", ya que se le consideraba el más veloz de los hombres.

Leyendas posteriores afirmaban que Aquiles era invulnerable en todo su cuerpo salvo en su talón. Estas leyendas sostenían que Aquiles murió en la batalla al ser alcanzado por una flecha en el talón, de donde la expresión "talón de Aquiles" ha llegado a aludir a la única debilidad de una persona.

Aquiles también es famoso por ser el más hermoso de los héroes reunidos en Troya, así como el más rápido. En su mito es crucial su relación con su amigo Patroclo, descrita en fuentes diferentes como profunda amistad e incluso amor.


LA JUVENTUD DE AQUILES

Aquiles, el séptimo hijo de la diosa y nereida Tetis y del rey mortal Peleo, nació en Ftia, ciudad de Tesalia. La leyenda narraba que siendo el séptimo hijo, Tetis seguía un ritual cada vez que daba a luz para eliminar la parte mortal de su marido a todos sus hijos exponiéndolos al fuego y, así, provocando su suerte. Al nacer Aquiles, Peleo vigiló a su mujer para arrancar al niño de idéntico destino al de sus hermanos. Encolerizada, Tetis abandonó a su marido y se refugió junto a sus hermanas las nereidas en las profundidades marinas.

Así, Peleo le entregó el pequeño al centauro Quirón para que se ocupase de su educación. Así el héroe aprendió las artes de la música, la medicina y las artes bélicas, aprendiendo combatir. Además, el centauro  le infundió vivacidad y fuerza alimentándolo con tuétano de león.

Según otra versión de la leyenda, la que se impuso con posterioridad, su madre, que quería hacerlo invulnerable, descendió con él a los infiernos y lo sumergió en las aguas de la laguna Estigia, olvidándose de sumergir su talón.


TETIS Y AQUILES
s. II a.C.
Roma, Palazzo Altemps




AQUILES Y QUIRÓN
s. I d.C.
Nápoles, Museo Archeologico Nazionale




LA EDUCACIÓN DE AQUILES
Eugène Delacroix
1862
Los Angeles, The J. Paul Getty Museum



AQUILES ENTRE LAS HIJAS DE LICOMEDES

Un oráculo había anunciado a Tetis que Aquiles moriría combatiendo bajo las murallas de Troya. Cuando los griegos partieron hacia la ciudad del Asia Menor, la nereida escondió a su hijo en la isla de Esciro, con el rey Licomedes, quien lo acogió entre sus hijas bajo un nombre falso y bajo las vestimentas de mujer.

Las muchachas le llamaron Pirra, que en griego significaba "rojo", por el color de sus cabellos. Cuando los aqueos descubrieron dónde se escondía Aquiles, enviaron una embajada para suplicar a Licomedes que lo mandara en ayuda del ejército griego. El rey negó que el héroe estuviese con él, exhortando a la delegación incluso a buscarlo en la residencia.

Como Odiseo no consiguió reconocer a Aquiles, ideó una estratagema: ofreció a las muchachas regalos entre los que había puesto un escudo y una lanza; entonces, a una señal convenida, hizo sonar la trompa como si hubiese un ataque enemigo y Aquiles, pensando que era una repentina amenaza exterior, tomó las armas y se arrancó los vestidos que llevaba puestos. Reconocido por fin, y a pesar del infausto presagio del oráculo, decidió partir hacia Troya junto a sus hombres, los denominados mirmidones.


AQUILES Y LAS HIJAS DE LICOMEDES
Hendrick van Limborch
Rótterdam, Museum Boijmans van Beuningen




AQUILES ENTRE LAS HIJAS DE LICOMEDES
Nicolas Poussin
1656
Richmond, Virginia Museum of Fine Arts



AQUILES Y LA GUERRA DE TROYA

Viéndose obligada su madre a consentir su partida, le proveyó a Aquiles de un armamento fabricado por Hefesto (Vulcano), dios de la forja. A parte de un escudo, el héroe consiguió cuatro caballos inmortales. Le acompañaba su mejor amigo, Patroclo, y guiaba el carro su caballerizo Automedón.

Llegado que fue Aquiles ante los muros de Troya por mar, desplegó un extraordinario valor: venció a Telefo, rey de Misia, a Cycno, nieto de Poseidón, a Pentesilea, reina de las Amazonas, y a Troilo, hijo de Príamo.


AQUILES Y BRISEIDA

Después de haber sitiado y tomado a Lyresse, ciudad de Troade, pidió y obtuvo, como parte del botín, a Briseida, hija de Briseo, gran sacerdote de Zeus. La belleza de la noble cautiva, su juventud y su talento cautivaron fácilmente el corazón del héroe. Aquiles trataba a Briseida con todo el respeto y las atenciones que su rango merecía: se esforzaba en aminorar su dolor y endulzar la amargura de sus pesares, habiendo conseguido hacerse amar por ella.

La Ilíada, que narra el último año de la legendaria guerra, se abría con la terrible peste enviada por el dios Apolo contra el ejército griego. Tras nueve días de flagelo, Aquiles decidió convocar una asamblea durante la cual el adivino Calcas comunicó la voluntad del dios, es decir, que Criseida fuese devuelta a su padre, Crises, sacerdote de Apolo. Ante estas palabras, el rey Agamenón, enfurecido, aseguró que sólo devolvería a Criseida a cambio de Briseida, sierva de Aquiles. Agamenón, hombre caprichoso y soberbio abusó de su poder mandando a dos de sus oficiales a que se apoderasen de ella y la condujeron a su tienda.


LA IRA DE AQUILES
Giovanni Battista Tiepolo
1747
Vicenza, Villa Valmarana




TETIS EMERGE DEL OLEAJE PARA 
CONSOLAR A AQUILES
Giambattista Tiepolo
1757
Vicenza, Villa Valmarana



AQUILES, PATROCLO Y HÉCTOR: LA IRA DE AQUILES

Ultrajado Aquiles por tal afrenta, juró no pelear más por la causa de los griegos y se encerró en su tienda permaneciendo un año entero alejado del campo de batalla. Agamenón reconoció, al fin, lo injusto de su proceder y cuán necesario le era el brazo de Aquiles para poner fin a las victorias del príncipe Héctor. Así, le devolvió a Briseida acompañada de ricos regalos. Aquiles se negó a aceptarla y permaneció obstinado en su negativa de luchar a favor de los griegos. Ni los ruegos de los generales, ni las reflexiones de Fénix, su viejo preceptor, ni las instancias de todos sus amigos pudieron determinarlo a salir de su inacción. 

Patroclo siguió el ejemplo de su amigo, compartió su sentimiento y no apareció al frente de los batallones. Esta discordia era fatal para la coalición griega y no podía durar más tiempo; las fervientes exhortaciones de Néstor decidieron a Patroclo a volver a su puesto de honor. Aquiles le prestó su coraza, su casco y su espada.

A la vista de las armas de Aquiles, los enemigos llenos de espanto emprendieron la retirada. Patroclo derribaba todo aquel que se le oponía; Sarpedón mordía el polvo, los ejércitos troyanos se precipitaban sobre la ciudad lanzando espantos alaridos, pero Apolo tenía compasión de ellos y envió al príncipe troyano Héctor contra Patroclo. Héctor bajó de su carro y comenzó el ataque. Los dos héroes luchaban con igual valentía. A su alrededor, troyanos y griegos, soldados y capitanes, se mataban en confusión. Silbaban los dardos, las flechas volaban por los aires y la tierra quedaba cubierta de cadáveres y sangre. En medio de la confusión general, Patroclo perdía su casco, su coraza y su espada, ofreciendo así a su adversario una victoria fácil: Héctor se lanzó sobre el amigo de Aquiles y le atravesó con su espada.

Al conocer Aquiles la muerte de su amigo no podía contener su ira y rabia, sintiendo renacer más ardiente que nunca su odio contra los troyanos. Así, tomó sus armas y obligó a sus enemigos a refugiarse, en confusión, dentro de las murallas de la ciudad. Héctor permanecía sordo a sus palabras y a las súplicas de su esposa Andrómaca, esperando firme y sin inmutarse al temible hijo de Peleo. Mientras Héctor decidía hacer frente a su destino, Aquiles se acercaba amenazante con su gran lanza. Cuando los dos se encontraron, el príncipe troyano, héroe de la ciudad, se sintió presa del miedo, empezó a correr y dio tres vueltas completas a las murallas de Troya. 

Blandiendo la balanza del destino, Zeus pesó la muerte de los contrincantes; el plato de Héctor, que tenía más peso, se inclinó hacia el Hades. Apolo, que hasta aquel instante había protegido al héroe troyano, abandonó a Héctor y Aquiles logró matar al odiado enemigo; después lo despojó y con profundo desprecio arrastró con su carro el cadáver alrededor de la ciudad mientras, desde lo alto de la muralla, Príamo, Hécuba y Andrómaca asistían a la escena destrozados por el dolor. No satisfecho, Aquiles repitió el mismo gesto durante doce largos días, hasta que el rey Príamo se acercó al héroe suplicando el rescate del cuerpo de su hijo a cambio de una importante compensación. Conmovido por las lágrimas del anciano Príamo, quien cayó a los pies de Aquiles besándolos y rogándole una y mil veces que le concediera los restos de Héctor, el hijo de Tetis cedió. El cadáver, transportado a la ciudad, fue solemnemente incinerado. Andrómaca, Hécuba y Helena hicieron resonar en torno de la pira cantos lúgubres de desesperación. Este episodio era el que cerraba la trama de la Ilíada.


AQUILES INTENTA ASIR LA SOMBRA DE 
PATROCLO
Heinrich Füssli
1805
Zurich, Kunsthaus




AQUILES SACRIFICA SUS CABELLOS EN LA PIRA
FUNERARIA DE PATROCLO
Heinrich Füssli
1800
Zurich, Kunsthaus




AQUILES VENCE A HÉCTOR
Pedro Pablo Rubens
1630
Bruselas, Musées des Beaux-Arts




AQUILES ARRASTRA EL CUERPO DE HÉCTOR
EN TORNO A LAS MURALLAS DE TROYA
Donato Creti
Fin s. XVII - inicio s. XVIII
Tarbes, Musée Massey




PRÍAMO VA HASTA AQUILES PARA PEDIR EL 
RESCATE DEL CUERPO DE HÉCTOR
Skiphos ático de figuras rojas
490 - 480 a.C.
Viena, Kunsthistorisches Museum


AQUILES Y PENTESILEA

Las narraciones posteriores completaban la historia de la Guerra de Troya. Entre ellas, era conocida aquella en la que se relata el duelo entre Aquiles y Pentesilea, la reina de las Amazonas, el legendario pueblo de mujeres guerreras descendientes del dios de la guerra, Ares (o Marte en Roma). Después de los funerales por Héctor, los troyanos, a la sazón desanimados, recibieron una ayuda inesperada por parte de Pentesilea. 

La reina logró, en un principio, llevar la mejor parte frente a los aqueos o griegos, haciéndoles retroceder hacia sus campamentos; luego, cuando se encontró cara a cara con Aquiles, se vio obligada a enfrentarse a él. El hñerie la derroto hiriéndola mortalmente, pero en el momento en el que le quitó el yelmo que le cubría el rostro, quedó profundamente impresionado por su belleza, hasta el punto de enamorarse de ella. El cuerpo de la reina fue devuelto, después, a los troyanos, quienes le dieron sepultura.


AQUILES MATA A LA REINA DE LAS
AMAZONAS, PENTESILEA
Ánfora de figuras negras de Exequias
540 - 530 a.C.
Londres, British Museum



LA MUERTE DE AQUILES

Existían numerosas versiones sobre la mítica muerte de Aquiles, que implicaba su punto débil, el talón. Un año antes de que fuera destruida la ciudad de Troya, Aquiles se enamoró de Polixena, hija de Príamo, pidiéndola que se casase con él. Pero cuando éste se acercaba al altar nupcial fue herido en el talón por una flecha que el príncipe troyano Paris le disparó, causándole así la muerte. 

Otra versión comenzaba con la narración de que, tras la muerte de su amigo Patroclo, la ira de Aquiles era ya insostenible y el héroe, al mando de los griegos, se lanzó varias veces a la conquista de Troya. Apolo detuvo a Aquiles, dispuesto a derribar las puertas de la ciudad. El héroe, que no se atemorizó para nada ante el dios, hizo ademán de alzar el brazo con su cuchillo, pero Apolo, más veloz, lo hirió con una flecha en el talón dándole muerte.

Los griegos depositaron sus cenizas en el promontorio de Sigeo, no muy lejos de la llanura de Troya, levantáronle un templo y le rindieron honores divinos. Neoptolemo o Pirro, hijo de Aquiles y de Deidamia, será mencionado con frecuencia en el transcurso de las historias míticas relacionadas con la Guerra de Troya y su leyenda.


LA MUERTE DE AQUILES
Pedro Pablo Rubens
1630 - 1635
Londres, Courtauld Institute od Arts



LA LUCHA POR LAS ARMAS DE AQUILES

Después de la muerte del héroe griego más destacado, a las puertas de Troya tuvo lugar una dura lucha sobre el cadáver de Aquiles hasta que Áyax y Odiseo (Ulises) consiguieron arrebatar el cuerpo a sus enemigos y llevarlo al campamento aqueo. Allí, se prepararon los solemnes funerales en honor al difunto.

Nació entonces una encendida disputa entre Áyax y Odiseo por la posesión de las armas de Aquiles. Agamenón, que no quería tomar la responsabilidad de la elección, invitó a los comandantes griegos a una asamblea, remitiendo la decisión al juicio de todos. Áyax y Odiseo se exhibieron por turnos en un largo monólogo sobre sus propias virtudes, y al final la asamblea se decidió por Odiseo. Áyax, profundamente enfadado, desenvainó la espada y se la hundió en el pecho, suicidándose. De su sangre, vertida en tierra, nació un clavel.

Otra versión del mito, más antigua aún, narraba cómo las armas de Aquiles le fueron entregadas a Odiseo, a pesar de que fue Áyax quien salvó los restos del héroe. Presa de la ira, Áyax decidió vengarse de los aqueos, pero la diosa Atenea lo volvió loco y el fuerte guerrero se lanzó contra indefensos rebaños pensando que eran sus enemigos. Cuando se dio cuenta de lo ocurrido, profundamente herido en su honor, decidió darse muerte.


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