sábado, 30 de noviembre de 2013

ÁYAX EL GRANDE - ÁYAX, HIJO DE TELAMÓN - TEUCRO


Áyax o Ayante, hijo de Telamón y Peribea, reyes de Salamina, fue un legendario héroe de la mitología griega que, después de Aquiles, se le consideraba el más valiente entre todos los griegos. Para poder distinguirlo de Áyax, hijo de Oileo, se le llamaba Áyax el Grande, Gran Áyax o Áyax Telamonio. Su nombre venía, según la tradición, de la nominación de Hércules, amigo de Telamón, quien al ver el águila (aías) de Zeus, se posaba en su hombro le anunció: "nacerá de ti, Telamón, el hijo que deseas y del hombre del ave que acaba de aparecérsenos lo llamarán Áyax. Sorprenderá a los pueblos en las luchas de Marte", según anotó el poeta Píndaro (Istmias, V).

Fue un valeroso guerrero, el más fuerte después de su primo Aquiles, quien se embarcó a la legendaria Guerra de Troya al mando de doce navíos de Salamina, acompañado de su hermano Teurco. Tuvo como hijos suyos a Eantides con su esposa Brenda, y Erísaces y Fileo, con su sierva Tecmesa. Tradicionalmente se pensaba que Fileo era el primer ancestro de la familia ateniense de los Filaidas.


ÁYAX CON TERMESA Y EURYSAKES
Asmus Jacob Carstens
1791
Weimar, Kunstsammlungen


ÁYAX EL GRANDE EN LA GUERRA DE TROYA

Peleó en la guerra con valentía, coraje y destreza. En la Ilíada de Homero se le describe como un guerrero de gran estatura y fuerza colosal, testarudo y de inmenso escudo que por sí mismo era un antemural de las falanges, segundo en destreza y valentía, únicamente por detrás de Aquiles. No fue herido en ninguna de las batallas relatadas en la obra homérica y fue el único personaje de importancia en la obra que no recibió ayuda por parte de los dioses. Así pues, era, por decirlo, el único héroe homérico, que debía todos sus triunfos a ser un mortal. Al igual que el destacado Aquiles, fue entrenado por el centauro Quirón. Áyax, era, sin duda, uno de los reyes más relevantes en el campo de batalla. Sin embargo, su sabiduría estaba limitada, pues personajes como Néstos, Idomeneo o Menesteo lo superaban con creces. Por otro lado, no era tan hábil como Diomedes, Odiseo o Palamedes. Mandaba a su ejército llevando una gran hacha de guerra y un enorme escudo, acompañado siempre por Teucro. 


ÁYAX EL GRANDE Y HÉCTOR

En la guerra, Áyax luchó con Héctor en dos ocasiones: la primera fue en un duelo que duró todo un día sin que hubiese un vencedor; la segunda fue durante una incrusión de los troyanos en el campamento de los aqueos. En esta ocasión, Áyax y el príncipe troyano pelearon  en los barcos griegos. El griego casí mató a Héctor arrojándole una piedra mayor que el propio príncipe. Ambos encuentros tuvieron lugar cuando Aquiles había abandonado el campo de batalla por el enfado que tuvo con el rey de Micenas, Agamenón, y los griegos estaban desolados.

Héctor y su hermano Paris reagruparon a los troyanos dentro de las murallas de Troya para lanzar un ataque contra los aqueos, provocando así estragos entre los enemigos. Al comunicarle su hermano Héleno, gemelo de Casandra, quien también disponía de las dotas adivinatorias, que no era su destino morir todavía, Héctor desafiaba a cualquier griego a un combate singular.

Al principio, los griegos se mostraron reticentes, pero después de ser reprendidos por Néstor, nueve griegos son los que se ofrecieron y sortearon quién de todos ellos se enfrentará al domador de caballos. Áyax Telamón se convirtió en el elegido, y luchó con Héctor durante todo el día, siendo ambos incapaces de obtener victoria alguna. Cuando el duelo se terminó, cada rival expresó su admiración al contrincante por las virtudes del valor y la habilidad bélica. Así pues, el príncipe regaló al héroe aqueo su espada, que Áyax acabaría usándola para suicidarse. A cambio, éste último hizo lo propio con su cinturón.


Ambos bandos acabaron pactando una breve tregua para enterrar a los muertos que yacían en las llanuras próximas a la ciudad, tregua aprovechada por los griegos para construir una muralla y abrir un foso alrededor de las naves.

Cuando Patroclo murió a manos de Héctor, los troyanos intentaron hacerse con su cuerpo y alimentar con él a los perros, pero Áyax luchó y logró proteger al inerte aqueo, devolviéndolo al campamento griego y a su amigo Aquiles.


ÁYAX EL GRANDE Y LAS ARMAS DE AQUILES: EL 
SUICIDIO DE ÁYAX

Muerto Aquiles, Áyax y Ulises se disputaron las armas de el héroe y cada uno defendió su pretensión ante la asamblea de capitanes. Áyax invocó las hazañas por él realizadas y las llevadas a cabo por su familia. Odiseo hizo constar con tanta habilidad como enardecimiento los servicios que había rendido a Grecia: su elocuencia triunfó. Lleno Áyax de desesperación por una preferencia que creía injusta, se levantó de la cama durante la noche y, en completo estado de delirio, empuñó su espada, recorrió el campo de los griegos y creyendo dar muerte a Odiseo, Menelao y Agamenón, degolló los carneros y las cabras que pacían alrededor de las tiendas. Vuelto en sí de su alucinación y al ver que era objeto de burla por parte de los soldados griegos, se hundió en el pecho la espada que Héctor le había regalado. 

Así, de la tierra empapada con su sangre nació una flor semejante al jacinto, sobre la que se ven, según dicen, las dos primeras letras del nombre del héroe. Su muerte ocurrió antes de que Troya fuese tomada. Los griegos le erigieron un magnífico monumento sobre el promontorio de Reteo. Además, en su nombre se celebraban en Salamina, su patria, las fiestas Aiantes.


ÁYAX LLEVANDO EL CADÁVER DE AQUILES, PROTEGIDO
POR HERMES Y ATENEA
Lado 1 de una ánfora ática de figuras negras
520 - 510 a.C.



EL SUICIDIO DE ÁYAX
Crátera Etruria de figuars rojas
400 - 350 a.C.


TEUCRO

Teurco, hermano de Áyax, le había acompañado en su expedición a Frigia. En relaidad, eran medio hermanos, siendo hermanos sólo por parte de padre, pues la madre de Teucro era Hesione, hija de Laomedonte.

Éste era tan habíl arquero, que se decía que había recibido el arco que manejaba del mismísimo Apolo. Al volver a Salamina, su patria, después de la expedición, fue acogido por el anciano Telamón con frialdad y de un modo hostil: "¿Dónde está tu hermano? ¿Que has hecho para vengar a tu hermano? ¿Dónde están las cenizas de tu hermano?". A esta desconcertante acogida, siguió la orden de destierro perpetuo. 

Teurco se sometió sin abatirse y, acompañado de amigos fieles, se dirigió a Sidón donde residía el rey Belo. Sabedor de sus desdichas y su constancia, le dio algunos colonos fenicios con los que edificó en la isla de Chipre una ciudad a la que dio por nombre Salamina, en la cual sus descendientes reinaron por muchos siglos. Los que el historiador Justino narra sobre el viaje de Teurco a la Península Ibérica -concretamente la España actual- parece completamente fabuloso.


TEUCRO
Pontevedra

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