viernes, 1 de noviembre de 2013

CADMO


Cadmo era hermano de la bella Europa e hijo de Agenor, rey de Fenicia. Es un personaje de relativa importancia por ser el fundador de Cadmea, que posteriormente llegaría a convertirse en la célebre Tebas.

Se atribuye a Cadmo la introducción del alfabeto en Grecia, al igual que la del arado, la fundición de metales y la agricultura. Introdujo también el culto de los dioses egipcios y fenicios.


LA FUNDACIÓN DE TEBAS

Cuando Júpiter, después de haberse transformado en un bello toro blanco, raptó a Europa. De inmediato, Agenor envió a su hijo Cadmo en busca de su hermana, advirtiéndole de que no volviese nunca a su palacio hasta que la encontrase. Cadmo, después de realizar en vano muchos viajes y perdida ya la esperanza de poder llegar a encontrar a su hermana, renunció a volver a su patria. Consultó, también, el oráculo de Apolo en Delfos, para así, saber dónde debía fijar su residencia, a lo cual respondió el oráculo: "En un campo desierto hallarás una vaca que nunca jamás ha sido uncida al yugo: sigue sus pisadas, levanta una ciudad en el lugar en que ella se detenga a apacentarse y da a esta comarca el nombre de Beocia". Este nombre alude, probablemente, a la vaca que guiaba a Cadmo, que en griego corresponde a la voz de bous.

Apenas Cadmo hubo abandonado el antro de la pitonisa se encontró con la becerra. Mientras la seguía ésta se detuvo. Lleno de alegría, Cadmo ofreció a Júpiter un sacrificio en acción de gracias. A este efecto ordenó  a sus compañeros que Fueran a una selva cercana, para recoger un poco de agua de una fuente dentro de una caverna. Este bosque estaba consagrado al dios de la guerra, Marte, y un dragón custodiaba la entrada de la cueva: tenía un aspecto feroz, sus fauces estaban provistas de una triple hilera de dientes y tenía todo el cuerpo cubierto de amarillentas escamas.

Apenas los amigos de Cadmo hubieron bajado a la oscura caverna y empezaban a recoger el agua cuando a causa del ruido que ellos hicieran despertaron a la fiera. Llenos de espanto y pavor, dejaron caer los cántaros de sus manos para poder huir. Sin embargo, el animal se lanzó furioso sobre ellos, desgarrando sus cuerpos, ahogándoles entre los pliegues de su piel o envolviéndoles en su hálito envenenado.

Viendo Cadmo que no volvían, empezó a inquietarse. Entonces, después de haberse vestido con su piel de león, tomó su lanza y sus dardos para dirigirse precipitadamente al bosque. La enorme serpiente yacía recostada sobre los cuerpos de sus compañeros, bebiendo su sangre y alimentándose de su carne. Cadmo no podía soportar el espanto que aquella visión incrementaba y exclamó: "¡Amigos, vuestra muerte será vengada o yo pereceré como vosotros!". Inmediatamente, con mano segura, lanzó su dardo contra el monstruo, hiriéndole en la espina dorsal y atravesándole el cuerpo, arrancándole así la vida.

Cuando vencido el dragón, Cadmo se complació en contemplar la desmesurada corpulencia de su víctima y gozó observando algunas últimas convulsiones de la fiera. Palas, quien protege al héroe fenicio, bajó del Olimpo y le ordenó que sembrase los dientes del dragón para obtener así un "nuevo pueblo". Cadmo obedeció sin entender el sentido de la orden de la diosa: ara la tierra y disemina en los surcos los dientes del dragón. Tres días después, los terrones empezaron a moverse; primero surgieron las puntas de las lanzas, después los cascos guarnecidos de plumas, más tarde las espadas, el pecho y los brazos nervudos de los nuevos hombres y al fin se agrandó aquel extraño plantel de guerreros. Semejante batallón le infundió un gran temor al héroe y se aprestaba ya a tomar las armas cuando uno de estos "hijos de la tierra", dirigiéndose a Cadmo, le dijo: "Detén tu brazo y permanece neutral en la guerra civil que vas a presenciar". Dichas estas palabras hundió su espada en el pecho de uno de sus hermanos y a su vez cayó herido por un dardo. El causante de la muerte no sobrevivió a su crimen y al cabo de pocos minutos perdió una existencia apenas comenzada. Toda la multitud se sintió animada de igual furor y los desdichados hermanos luchaban entre ellos mismos causándose la muerte y empapando con sangre el suelo que acababa de engrendrarlos.

Solamente cinco hombres quedaron en pie, uno de los cuales era Equión, quien habiendo depuesto las armas por orden de Palas, concertó la paz con sus hermanos prometiendo, con un estrecho abrazo, amor y fidelidad. Convertidos éstos en compañeros de Cadmo, les encomendó la construcción de la ciudad que el oráculo le mandó edificar y que no era otra sino la famosa ciudad de Tebas. Cuando terminaron, Cadmo dictó leyes y tomó sabias decisiones para mantener la unión, el orden y la paz entre todos los ciudadanos. Según las tradiciones más fidedignas, Cadmo se dedicó a construir una ciudadela, llamada, después de su muerte Cadmea, y a poner los primeros cimientos de Tebas. Esta ciudad fue terminada por sus sucesores y Anfión fue el que circundó las murallas.


DOS COMPAÑEROS DE CADMO
DEVORADOS POR EL DRAGÓN
Cornelis van Haarlem
1588
Londres, National Gallery



CADMO
Hendrick Goltzius


LA MALDICIÓN DE CADMO

Después tomó por esposa a Harmonía o Hermione, hija de Venus y Marte. Ésta era la diosa de la armonía y la concordia: su equivalente en la mitología romana era la Concordia. Esta unión tuvo los más halagüeños comienzos. Cadmo gozaba viéndose yerno de dos grandes divinidades, parde de cuatro hijas bellas y seductoras -Ino, Agave, Autonoe y Semelé. Además, era el jefe supremo de un pueblo adicto y sumiso.

Pero Juno no veía con buenos ojos tanta felicidad. Celosa, como era, ¿podía olvidar que Cadmo era el hermano de Europa, una de sus rivales? Por esto no se dio punto de reposo hasta que hubo empañado la alegría del príncipe, acumulando sobre él toda suerte de pesares.

Acteón, su nieto, que era un diestro cazador, murió despedazado por sus propios perros al violar los principios de la diosa de la caza Diana; Semelé pereció víctima del fulgor ardiente de los rayos de Júpiter; Penteo, hijo de Agave, fue despedazado por las bacantes; Ino, presa de la locura, se precipitó al mar; para cúmulo de infortunios, el pueblo de Tebas se rebeló contra Cadmo, su autoridad fue despreciada y después de haber sido arrojado de Tebas se vio obligado a buscar, junto a su esposa, un refugio de lo más apartado en Iliria. Agobiados ambos por el paso de los años, rogaron a los dioses que pusiesen fin a sus males y fueron convertidos en serpientes.


CADMO Y HARMONÍA
Evelyn De Morgan
1877

No hay comentarios:

Publicar un comentario