martes, 28 de enero de 2014

NAUSICA O NAUSÍCAA - ODISEO EN EL PAÍS DE LOS FEACIOS


Nausica o Nausícaa es un personaje de la Odisea. Era hija de Alcínoo, rey de los feacios, y de su esposa, la reina Arete.

Contemporáneamente a la Guerra de Troya, Alcínoo reinaba en el país de los feacios, ricos habitantes de Córcira, hoy Corfú. Los feacios eran un mítico pueblo de la isla de Esqueria, parte esencial en la Odisea al ser el acogedor de Odiseo poco antes de su regreso a Ítaca. 

El palacio del rey era magnífico; sus deliciosos jardines producían en todo tiempo las flores más bellas y las más sabrosas frutas. Su familia parecía reproducir el cuadro de la inocencia y las costumbres antiguas: sus hijos no tenían más servidores que ellos mismos; su esposa, la reina, daba ejemplo de trabajo y economía. Su hija, la amable y pudorosa princesa Nausica, compartía con su madre los cuidados del hogar y atendía a los más insignificantes pormenores; hilaba, tejía la lana, limpiaba su ropa y la de sus hermanos. Atenea, la diosa de las artes, velaba sobre ella y la dirigía en todos sus actos y pasos. La diosa también protegía al prudente Odiseo, errante por los mares y juguete de su suerte.

Al abandonar Odiseo la isla de Ogigia creía ya acabadas sus desgracias cando un nuevo vendaval derribando su nave le amenazó con una muerte inevitable; pero en el momento en que parecía que el abismo iba a tragárselo, se ofreció ante sus ojos una tabla de salvación. Tras una lucha de tres días y tres noches contra el furor de las olas consiguió, al fin, llegar a las playas de los feacios, para él completamente desconocidas y donde sus ojos mortecinos no descubrieron ni casas ni habitantes. Agotado por tantas congojas, se arrastró como pudo desde la desierta costa hasta un bosque un poco lejano y cayó en profundo sueño.

Junto a este lugar corría un río de limpias aguas, al cual solía acudir Nausica para lavar su ropa. Aquel día, conducida por Atenea, fue allí con sus compañeras a lavar sus telas preciosas y los vestidos de sus hermanos. Mientras secaban al sol algunas prendas, Nausica, en tanto que declinaba el día, se entregaba con sus amigas a juegos inocentes propios de su edad. Sus expansiones, sus alegres danzas y sus risas despertaron a Odiseo, pálido, deshecho y apenas vestido, con todos sus miembros tullidos, como un náufrago que ha visto de cerca todos los horrores de la muerte.

Levantándose sobrecogido de temor, pues ignoraba si la tierra donde se encontraba refugiado era una guarida de antropófagos. La voz de las doncellas le tranquilizó y el héroe cobró ánimos: miró a través de la espesura para afirmarse en su esperanza. ¿Pero cómo le sería posible aparecer ante las jóvenes en el estado en el que se encontraba? Cubrió su cuerpo con hojas y follaje y, al fin, se decidió a salir de su escondite. Odiseo se acercaba; las jóvenes feacias, espantadas a la vista de un extranjero, lanzaron un grito y huyeron rápidamente menos la princesa Nausica, a cuyos pies se prosternó el desventurado implorando ayuda y asistencia, pidiéndole, ante todo, un vestido que le permitiese presentarse decentemente.

Nausica, movida por la compasión, llamó a sus amigas, las instó a que acudiesen a prestar socorro al extranjero y les dijo: "Zeus es el que nos envía a los pobres y mendigos; dadle de comer y llevadle a la orilla del mar en un sitio retirado y al abrigo de los vientos para que pueda bañarse. Dejad a su lado este vaso de esencia y los vestidos que necesite". 

Atenea se dirigió a intervenir en el aseo del rey de Ítaca. Cuando éste se presentó de nuevo ante Nausica, no era ya el mismo hombre de antes. El agotado y lívido náufrago, se había tornado un héroe, cuya vitalidad y noble porte delataba al jefe y caudillo habitual, causando en la bella princesa tal impresión que no pudo menos que decir a la más íntima de sus confidentes: "¡quieran los dioses que el esposo que mi padre me destina se parezca a este extranjero!".

Odiseo llegó al palacio y al divisar a Alcinoo y su mujer se postró y, en esta humilde actitud, esperó su decisión. Alcinoo lleno de benevolencia lo levantó y le hizo sentarse. Sus criados prepararon la mesa llenándola de exquisitos manjares.  La tarde se pasó en diversiones, música y afectuosas conversaciones. El rey de los feacios coronó tan buena acogida prometiendo a su huésped poner a su disposición desde la mañana siguiente el mejor de sus navíos para que pudiese marchar a Ítaca. 

Odiseo correspondió a tales obsequios haciéndoles una minuciosa exposición de sus aventuras y desgracias. El esposo de Penélope inspiró a todos los que lo escuchaban el más vivo interés y el afecto más sincero. El bajel estaba aprestado ya, y Odiseo embarcó colmado de regalos. Nausica le dispensó con toda ingenuidad una emocionante despedida y sus ojos siguieron por mucho tiempo el rastro que dejaba el navío sobre las aguas.


ULISES Y NAUSICA
Lucas van Uden
1635
Country Durham, The Bowes Museum




NAUSICA CONDUCE A ULISES AL PALACIO 
DEL REY ALCÍNOO
John Flacman
1810



ODISEO EN LA CORTE DE ALCÍNOO
Francesco Hayez
1814 - 1815
Capodimonte, Galleria Nazionale

3 comentarios:

  1. ¡Preciosa entrada y el skin del foro me encantó!

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  3. En mi casa hay una serigrafía de Nausica de Frederick Leighton, yo no conocía la historia en detalle. Muy interesante blog, felicitaciones. Gracias por difundir la cultura e instruirnos.

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