sábado, 15 de febrero de 2014

LA ENEIDA - LIBRO IV: LOS CAMINOS DE ENEAS Y DIDO SE SEPARAN


EL TRATO DE JUNO Y VENUS

La reina Dido, por influjo del pequeño Cupido, se enamoró perdidamente de Eneas. Extasiada por el relato de Eneas, Dido, enamorada y atemorizada por el sentimiento que experimentaba se confesó a su hermana Ana, que le aconsejó librarse de la obligación de fidelidad a la memoria de su marido, afirmando que los muertos no se preocupaban de semejantes asuntos, y a considerar la oportunidad de un matrimonio que daría solidez a su reino. Al conocer dicha noticia, Juno decidió aliarse con Venus para conseguir que el comandante troyano se enamorase a su vez de Dido. Con esta artimaña, Juno pretendía que Eneas no prosiguiese con su destino por quedarse siempre en Cartago. 


ENEAS Y DIDO DE CAZA

La pasión de Dido era correspondida por Eneas gracias a la intervención divina de su madre y la reina de los dioses. Un día, durante una partida de cacería, cómplices ambas diosas, hicieron que comenzase un violento temporal que obligó a los participantes a buscar refugio en las campiñas. Eneas y Dido se encontraron precisamente en la misma caverna donde celebraron esponsales ocultos. Sin importarles los comentarios, ambos vivieron, pues, su amor con gran implicación, hasta el punto de olvidar los compromisos adquiridos.


DIDO Y ENEAS SALEN DE CAZA
Jean-Bernard Restout 
1774



MERCURIO ORDENA A ENEAS QUE ABANDONE A DIDO

Dido no dudaba en mostrarse siempre junto a Eneas, a quien públicamente incluso llamaba marido. Pero la terrible Fama difundió rápidamente por el país la noticia del nuevo amor de la reina cartaginense, deformándola como era de costumbre.

El rey Jarbas, que había ayudado a Dido a su llegada al país extranjero donándole el terreno sobre el que construir Cartago y que había sido rechazado por la reina, ofendido, pidió justicia al cielo. Al saberlo Júpiter, temiendo que Eneas detuviese su viaje hacia las tierras del Lacio italiano, envió al mensajero de los dioses, Mercurio (Hermes en Grecia), para que recordase al troyano que su destino era concluir la fundación de Roma.

Mercurio encontró al héroe mientras ayudaba a los cartaginenses en la construcción de la ciudad, y enseguida le habló para recordarle la misión que el Destino le reservaba. Al recibir tal orden, el troyano no sabía cómo decírselo a Dido.


MERCURIO EXHORTA A ENEAS A PARTIR
DE CARTAGO
Giambattista Tiepolo
1757
Vicenza, Villa Valmarana



EL ADIÓS DE ENEAS A DIDO

Eneas, con el corazón henchido de tristeza, decidió partir. Encargó a sus compañeros Sergesto, Seresto y Mnesteo que preparasen la flota con sigilo. En cuanto Dido, se preometió buscar el momento para comunicarle la noticia, pero la reina, presagiando cuanto estaba a punto de suceder, se anticipó, enfrentándose a él a cara descubierta. Le reprochó el haber preparado la marcha a escondidas y subrayaba que por amor a él ella lo habría sacrificado todo. Le suplicó, pues, que reconsiderase su decisión y no la dejase sola, rehén de la terrible Fama, por cuya causa se había atraído el odio de los pueblos limítrofes.

Pero Eneas ya estaba decidido y le recordó que nunca le había prometido desposarla, que no la olvidaría y que siempre le estaría agradecido, pero que una voluntad superior a la suya lo obligaba a partir para alcanzar y fundar una nueva patria en Italia. Ante semejantes palabras, la reina comprendió que de nada valía su amor y, profundamente ofendida, le reprochó su incomprensión y su ingratitud. Al fin, permitió que su amado marchase lejos.


EL ADIOS DE ENEAS A DIDO
Claudio de Lorena
1675 - 1676
Hamburgo, Hamburguer Kunsthalle



EL SUICIDIO DE DIDO

A pesar de las incesantes súplicas de Dido y la petición de su hermana Ana para que, al menos, retrasase la partida, Eneas resolvió marcharse, y la reina, vencida por el dolor y la amargura, decidió darse muerte. Fingiendo haber recibido los consejos de una sacerdotisa sobre el modo de librarse de su insana pasión a través de encantamientos prodigiosos, invitó a su hermana a levantar una pira en la residencia y a echar en ella todos los recuerdos de su amado, sus armas, sus ropas, para reducirlo a cenizas y deshacerse de su memoria.

Se cumplió pues la voluntad de la reina y la maga en su presencia, llevó a cabo unos ritos del caso, invocando a divinidades infernales. Mientras tanto, Eneas, apremiado por Mercurio, decidió partir al alba. Desde lo alto de su torre, la reina descubrió la nave troyana alejándose, se arrojó a la pira y se mató atravesándose con la espada de Eneas.

En su discurso de muerte, clamó por un vengador:

Luego vosotros, tirios, perseguid con odio a su estirpe
y a la raza que venga, y dedicad este presente
a mis cenizas. No haya ni amor ni pactos entre los pueblos.
Y que surja algún vengador de mis huesos
que persiga a hierro y fuego a los colonos dardanios
ahora o más tarde, cuando se presenten las fueraz.
Costas enfrentadas a sus costas, olas contra sus aguas
imploro, armas contra sus armas: peleen ellos mismos y sus nietos.

Eneida, IV, 622 - 629

Juno se apiadó pues de Dido por su larga agonía y envió a Iris para que la ayudase a morir. En medio de su arco polícromo, la mensajera descendió y cortó un mechón del cabello de Dido para consagrarlo al inframundo. De esta manera, el cuerpo de la infortunada perdió el calor de la vida.


LA MUERTE DE DIDO
Andrea Sacchi
Siglo XVII

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