martes, 18 de febrero de 2014

LA ENEIDA - LIBROS IX, X Y XII: LA BATALLA


LIBRO IX

LA AUSENCIA DE ENEAS EN LA BATALLA CONTRA LOS RÚTULOS

Ante la inminente batalla en las tierras del Lacio, Juno envió a la diosa mensajera Iris para que llevase a Turno a la guerra contra los troyanos. 

Eneas había mandado a su gente que, en caso de ser atacados, se refugiase tras la empalizada. El rey de los rútulos, Turno, intentó pues incendiar la fortificación primero y todo lo demás más tarde. Entonces, Ops, madre de Júpiter, apartaría del incendio las naves troyanas convirtiendo a cada una de ellas en una bella ninfa inmortal.

Así pues, Turno pensó que los compañeros de Eneas ya no conseguirían escapar de sus fuerzas, haciendo que sus tropas descansasen y se regocijasen bebiendo altas cantidades de vino.

Al darse cuenta de esto Niso y Euríalo, pidieron permiso para ir en busca de Eneas los sustitutos del héroe troyano al mando, Mnesteo y Seresto. Iulo prometió muchos premios por la hazaña de los primeros, por lo que partirían inmediatemente.

Niso abrió el camino dando muerte a varios rútulos. En el camino, Euríalo se rezagó y fue alcanzado violentamente por Volscente. Advirtiéndolo, Niso regresó para rescatar a su amigo y compañero: se encomendó a Apolo y dio muerte a unos cuantos rútulos. Pero en la refriega murieron Euríalo, Niso y Volscente y luego, las cabezas de los dos troyanos caídos fueron exhibidas por el pueblo de Turno de una manera algo macabra.

Mesapo logró abrir la empalizada, inciándose así una sangrienta batalla. Ascanio, el hijo de Eneas, entró en batalla dando muerte a Numano. Algunos dioses olímpicos tomaron parte en la guerra, por lo que Marte infundió fuerza en los latinos. Ante tal situación, Turno, el jefe del pueblo atacante, quedó cercado por los troyanos sin que la diosa Juno pudiese ayudarle. Pero el destino hizo que se salvase, arrojándose al río y alargando la lucha aún más.


LIBRO X

LA LLEGADA DE ENEAS AL CAMPO DE BATALLA

Júpiter, al ser el soberano de las divinidades, prohibió a los otros dioses que participasen en la batalla celebrada en las tierras italianas. Pero Venus pidió clemencia para su hijo Eneas y todos los troyanos; ante tal súplica, Juno se hacía la desentendida por su enemistad hacia el pueblo de la legendaria ciudad de Troya. Entonces, Júpiter decidió que a nadie habría de favorecer él en la batalla, por evitar el facciones en el Olimpo.

Eneas llegó por mar con sus alianzas firmadas: le seguían nobles y virtuosos guerreros como Másico, Abante, Asilas y Astur. Las ninfas, que antes eran las naves de comandantes troyanos, se acercaron al hijo de Venus informándole de todos los acontecimientos acaecidos en la batalla. Llegados al campo de batalla, Turno no cejó en su ataque, empezando así un fiero combate.

Turno pidió a su hermana, la diosa Juturna (una deidad menor, ninfa de las aguas y manantiales), que le ayudase en la batalla. Tras haber hecho grandes estragos, Palante fue muerto por Turno, tomanod éste algunas de sus valiosas armas. Lleno de ira, Eneas reaccionó, dando muerte a muchos enemigos rútulos.

En tanto, Júpiter provocó a su mujer Juno y ésta le pidió que demorase la muerte del héroe rútulo. Ella misma tomaría la figura de Eneas y, confundiendo a Turno, haciendo que le persiguiese y así lo puso a salvo. Turno, al darse cuenta del engaño, intentó volver desesperadamente sobre sus pasos pero la diosa se lo impidió.

Mezencio tomó el lugar de Turno en la batalla, que era observada por los dioses con admiración. Al mismo tiempo, Eneas hirió a Mezencio, cuyo hijo Lauso, quien lo asistió y ayudó a huir, fue ejecutado por el caudillo troyano. Después, Mezencio volvió a la batalla, hallando también la muerte en las manos de Eneas.


LIRBO XI

LAS CONTRADICCIONES DEL REINO DE LOS LATINOS

Eneas envió el cuerpo de Palante a su padre. Luego llegaron los emisarios latinos pidiendo una tregua para poder enterrar a todos sus muertos, a lo que el semidiós troyano accedió sin impedimento alguno. Mientras tanto, Evandro se lamentaba de manera dramática por la muerte de su hijo, pero no retiraría su apoyo a Eneas. En el reino de Latino, había grandes contradicciones, pues algunos se mostraban aún a favor de Turno, pero otros pedían que se entregase la mano de la princesa Lavinia a Eneas.

Unos emisarios llegaron de la ciudad de Diomedes, que recomendaban a los latinos tener mucha cautela con el comandante troyano. Sin embargo, Latino deseaba ya detener la guerra dando tierras a los troyanos. Drances recomendó también darle la mano de Lavinia y Eneas.

Pero, como era lógico, Turno se opuso y promovió nuevas batallas, apoyado por la reina Camila. Los troyanos se acercaron a las murallas latinas, desatándose otra vez la contienda. Camila destacó de manera notoria por todas sus hazañas.

Los dioses siguieron tomando parte en la batalla, donde Júpiter infundió valor en Tarcón. Arruntes, encomendándose a Apolo, disparó una flecha a Camila, logrando el objetivo de darle muerte. Ante tal situación, las tropas de los rútulos huyeron lejos, pero Turno, enterado de los hechos, no abandonó el campo.

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