sábado, 8 de febrero de 2014

LA ODISEA - LA VENGANZA DE ODISEO (CANTOS XIII - XXIV)


Finalmente, en la venganza de Odiseo (Cantos del XIII al XXIV), se describía el regreso a la isla de Ítaca, el reconocimiento por alguno de sus esclavos y su hijo, y cómo Odiseo se venga de los pretendientes matándolos a todos. Tras aquello, Odiseo fue reconocido por su esposa Penélope y recuperó su reino. Por último, se firmaría la paz entre todos los itacenses.

  • CANTO XIII. LOS FEACIOS DESPIDEN A ODISEO Y LA LLEGADA A ÍTACA.

Cuando el héroe termina de contar su viaje, su regreso al hogar es dispuesto por el rey. Acompañado por navegantes feacios, Odiseo llegó a su isla natal. Atenea lo disfrazó de vagabundo para que no fuese reconocido y, por consejo de la diosa de la sabiduría, Odiseo acudió a pedir ayuda a su porquerizo Eumeo.


  • CANTO XIV. ODISEO EN LA MAJADA DE EUMEO.

Odiseo no reveló su verdadera identidad a Eumeo, quien lo recibió con comida y mantas. Se encontró con la diosa Atenea, y juntos prepararon la venganza contra los pretendientes de la bella Penélope.


  • CANTO XV. TELÉMACO REGRESA A ÍTACA.

Atenea aconsejó al joven Telémaco, hijo de Odiseo, salir de Esparta y regresar a su hogar. Mientras tanto, Eumeo relataba su vida y sus orígenes al mendigo, y de cómo llegó al servicio de Odiseo.


  • CANTO XVI. TELÉMACO RECONOCE A ODISEO.

Gracias a la ayuda de la dosa, el joven consiguió eludir la trampa que los pretendientes le habían preparado a la entrada de la isla. Una vez en tierra, se dirigió por consejo de la diosa a la casa de Eumeo, donde conoció al supuesto mendigo. Cuando Eumeo marchó a casa de Penélope a darle la noticia del regreso de su hijo, Odiseo reveló su identidad a Telémaco, asegurándole que en verdad era su padre, a quien no veía desde hacía veinte años. Tras un fuerte abrazo, planearon una exhaustiva venganza con la ayuda de Zeus y Atenea.



  • CANTO XVII. ODISEO MENDIGA ENTRE LOS PRETENDIENTES.

Al día siguiente, Odiseo, de nuevo como mendigo, se dirigió a su palacio. Sólo era reconocido por su perro Argos, que, ya viejo, fallecía frente a su amo. Al pedir comida a los pretendientes de la reina Penélope, Odiseo fue humillado e incluso golpeado por ellos.


  • CANTO XVIII. LOS PRETENDIENTES VEJAN A ODISEO.

Aparecío un mendigo real de nombre Iro, quien solía pasarse por el palacio. Riéndose de Odiseo, lo retó a una pelea. Los pretendientes aceptaron que el ganador se juntase a comer con ellos. Le dieron dos trozos de pan al héroe veterano que, tras quitarse su manta y dejar ver sus músculos, ganó fácilmente al mendigo. A pesar de la victoria, debía seguir soportando las vejaciones de los orgullosos pretendientes.


  • CANTO XIX. LA ESCLAVA EURICLEA RECONOCÍA A ODISEO.

Odiseo, ocultando su verdadera identidad, mantenía una larga conversación con Penélope, quien ordenó a su criada, Euriclea, que lo bañase. Ésta última fue la nodriza del rey de Ítaca cuando era niño y reconoció una cicatriz que a Odiseo, en su juventud, le hizo un jabalí cuando se encontraba cazando en el monte Parnaso. La esclava, pues, reconoció a su amo, que le hizo guardar silencio para no fracasar en sus planes de venganza.


  • CANTO XX. LA ÚLTIMA CENA DE LOS PRETENDIENTES.

Al día siguiente, Odiseo pedía una señal y Zeus lanzó un trueno en medio del cielo azulado. Este gesto fue entendido por uno de los sirvientes como una señal de victoria sobre los pretendientes. Odiseo aprovechó para ver quién era fiel al desaparecido rey y, por tanto, habría de conservar la vida. Un profeta, amigo de Telémaco, avisó a los pretendientes de que pronto los muros se mancharían con la sangre de ellos. A pesar de que algunos de ellos dieron crédito a la profecía, la gran mayoría de ellos se reía de ella y no huyeron de palacio.


  • CANTO XXI. EL CERTAMEN DEL ARCO.

Aparecía Penélope con un arco que Odiseo dejó en casa antes de la marcha hacia Troya. Prometía así, por fin, a sus pretendientes que se casaría con aquel que consiguiese hacer pasar la flecha por los ojos de doce hachas alineadas. Uno detrás de otro, los pretendientes lo intentaban pero ni siquiera eran capaces de tensar el arco. Odiseo pidió participar en la prueba, pero los pretendientes se lo denegaron. Tras la insistencia de Telémaco, le era permitido intentarlo. Con suma facilidad, el rey Odiseo tensó el arco y consiguió hacer pasar la flecha por los ojos de las hachas, ante el asombro de los presentes. A la señal de su padre, Telémaco se armo, preparándose para la lucha final.


  • CANTO XXII. LA VENGANZA.

Antínoo, jefe de los pretendientes, se encontraba bebiendo cuando Odiseo le atravesó la garganta con una lanza dándole muerte. Ante las quejas de los demás, Odiseo respondió con amenazadoras palabras, y los pretendientes temían ya por sus vidas. Se inició así una feroz lucha, con los numerosos pretendientes por un lado y Odiseo, su hijo y dos fieles criados por otro. Melantio, infiel cabrero de Odiseo, consiguió armas pero gracias a la ayuda de la diosa Atenea, todos aquellos que traicionarion a Odiseo iban muriendo uno por uno. Los esclavos fueron colgados del cuello en el patio del palacio, mientras que Melantio era cortado en pedazos para que los perros se lo comiesen. Odiseo mandó a su nodriza Euriclea a que hiciese fuego y limpiase el patio con azufre. La esclava avisó a las mujeres que seguían siendo fiele al héroe, que llegaron y abrazaron a su amo.


  • CANTO XXIII. PENÉLOPE RECONOCE A ODISEO.

Después de matar a los pretendientes que se hospedaban desde hace tiempo en su casa, Odiseo, mandó a los presentes que vistiesen sus mejores galas y bailasen, para que los vecinos no sospechasen lo ocurrido. Con la ayuda de Euriclea, el héroe se presentó ante Penélope. Como el aspecto de Odiseo era distinto al que Penélope conocía, que además estaba casi convencida de que su amado esposo había muerto, el héroe no era reconocido por ella. Entonces, Odiseo describió el lecho conyugal y cómo fue él mismo quién lo hizo partiendo de un olivo. Penélope, convencida ya, abrazó a su marido, quien le narró todas sus aventuras. Finalmente le contó que aún tendría que hacer otro viaje antes de terminar su vida en una tranquila vejez.


  • CANTO XXIV. EL PACTO.

Las almas de los muertos viajaban al Hades donde contaban lo ocurrido a Agamenón y Aquiles, compañeros de Odiseo en la expedición de los aqueos a Troya. Odiseo marchó a casa de su padre, Laertes, que se encontraba trabajando en la huerta. El hombre se encontraba envejecido y apenado por la larga ausencia de su hijo. Para ser reconocido, Odiseo le mostró la cicatriz del jabalí y recordó los árboles que en su infancia le regaló su padre.

Mientras, los familiares de los pretendientes asesinados se juntaron en una asamblea pidiendo venganza por la muerte de los suyos. Odiseo, su hijo y su padre aceptaron el reto dando así comienzo a la lucha. Laertes disparó una lanza que mató al padre de Antínoo. Pero en ese momento el enfrentamiento cesó: intervino la diosa Atenea, que animaba a los itacenses a llegar a un pacto para poder vivir en paz durante los años venideros.

1 comentario: