domingo, 9 de febrero de 2014

PENÉLOPE - ODISEO REGRESA A ÍTACA


Penélope, mujer de Odiseo, era la más virtuosa y la más tierna de las esposas según el poeta Homero. Por ende, se puede presumir cuáles serían sus añoranzas mientras duró la prolognada ausencia de Odiseo y también cuál sería su dolor o sus temores cuando, después de tantos años, veía que su esposo no regresaba con los otros príncipes a Grecia.


PENÉLOPE
Roma, Vaticano, Museo Pío-Clementino



ATENEA Y PENÉLOPE
John Flaxman


PENÉLOPE Y SUS PRETENDIENTES

La hermosura de Penélope, su talento y sus virtudes, habían atraído a Ítaca numerosos pretendientes que se esforzaban en persuadirla de que su marido seguramente había muerto y que debía casarse de nuevo. La reina eludía hábilmente sus encuentros y rehusaba sus peticiones. Pero cada día aumentaban los importunos y, llenos de audacia, habían ya invadido el palacio, instalándose en él, prodigando los festines y disponiendo de todo como verdaderos señores. 

Penélope se vio entonces obligada a ceder en apariencia: los convocó y declaró que estaba resuelta a elegir esposo entre todos ellos tan pronto como hubieseacabado de tejer la tela para envolver el cuerpo de su suegro Laertes, cuando este anciano, consumido por las enfermedades, dejase de existir en vida. Penélope durante el día entregaba a su tarea con la más viva asiduidad, pero cada noche deshacía lo que durante el día había bordado. Gracias a este artificio pudo entretener a los ambiciosos pretendientes durante tres años consecutivos. Traicionada, al fin, por una de sus esclavas, se vio obligada a acabar la tela. Así pues, de una empresa que no tiene fin o que no conduce a nada, se dice proverbialmente que es la tela de Penélope. 


TELÉMACO Y PENÉLOPE EN EL TELAR
Skiphos ático de figuras rojas
440 a.C..
Chiusi, Museo Archeologico Nazionale


PENÉLOPE Y SU TELAR
John Flaxman


ODISEO Y EURICLEA

Cuando desembarcó en Ítaca, por consejo de Atenea, Odiseo se disfrazó de mendigo y e albergó en la cabaña del porqueizo Eumeo, que le puso al corriente de los últimos acontecimientos de palacio. Después, Odiseo desveló su identidad a su hijo Telémaco y ambos decidieron qué hacer. Al día siguiente, el falso mendigo llegó al palacio: informada por Eumeo de su llegada, Penélope pidió verle. A la puesta de sol, una vez que despidió a todos sus pretendientes , la reina se reunió con el extranjero y conversó con él. A las preguntas de Penélope el mendigo respondió con precisión, demostrando que había conocido al rey de Ítaca y, al oír sus palabras, el rostro de Penélope se inundó en lágrimas.

La reina pidió entonces a la anciana nodriza de Odiseo, Euriclea, que lavase los pies del invitado. La mujer reconoció a su amo por una profunda cicatriz en la pierna, pero Odiseo la conminó a mantener el secreto de su identidad.


ODISEO Y EURICLEA
Christian Gottlob Heyne



LOS PRETENDIENTES Y LA PRUEBA DEL ARCO

Habían transcurrido hasta el momento veinte largos años desde que Odiseo partió de su lado. Penélope había agotado ya todas sus ardides y todos los medios de dilación. Los pretendientes demostraban una impaciencia sin igual y su cólera se traducía en lamentos y reproches constantes, instándola con estas palabras: "Hora es ya, bella Penélope, de que os decidáis: si el rey, vuestro esposo, exitiese aún, seguramente estaría de vuelta; las aguas del mar deben haberlo tragado junto con sus soldados. ¿Por qué, pues, guardar fidelidad a unos manes insensibles? El Estado necesita un caudillo.-Ay de mí- contestaba Penélope,- ¿Por qué me proponéis tales cosas y por qué me acosáis de esta manera? Os conjuro a que esperéis aún un poco más. La muerte de un héroe como Odiseo causa sensación; la noticia de su fallecimiento hubiese llegado a mis oídos. Tal vez, arrojado por las olas a alguna isla desierta, vuelve sus ojos hacia Ítaca esperando solamente que un viento favorable le permita volver. No obstante, y ya que el Estado necesita un jefe, he aquí el arco de Odiseo. Sólo un héroe es capaz de manejar este arco; aquel de entre vosotros que pueda doblarlo será mi esposo."

Penélope sabía a que género de hombres afeminados proponía tal desafío; ellos aceptaron. El pueblo acudió en tropel a su palacio. Cada uno de los pretendientes se esforzó por salir vencedor de la prueba decisiva. La reina, tranquila entre los espectadores, sonreía bajo el velo y se felicitaba de aquel procedimiento que debía librarle de tantos importunios. En efecto: ninguno de ellos logró lo propuesto; el arco rebelde resistió a sus débiles manos.

En otra versión en vez de que el arco fuese doblado se defendía que Penélope propuso la siguiente prueba: la reina tomaría por marido a aquel que, logrando tensar el arco, atravesase los doce anillos que coronaban otros tantos mástiles.


LA PRUEBA DEL ARCO
Francesco Primaticcio
Finales del s. XVI
Fontainebleau, Musée National du Château



LA MATANZA DE LOS PRETENDIENTES

Un hombre mal vestido y de un porte vulgar, cruzó la multitud y se presentó en la lid asegurando a grandes gritos que lo doblaría (o, en la otra versión, atravesaría los anillos). La gente apenas le hizo caso. Él insistió, invocando la equidad de los jueves, las leyes del combate y la palabra dada por la reina. No se le podía negar lo que él pedía. Tomó el arco en sus manos y al primer esfuerzo lo consiguió, mientras exclamaba, mirando al pueblo estupefacto: "Reconoced por este acto de vigor a vuestro rey Odiseo, esposo de la casta Penélope". Después, recogiendo algunos dardos y dirigiéndose a sus súbditos añadió: "Amigos, seguidme; exterminemos esta raza de insolentes y parásitos". La revolución fue instantánea; todos los pretendientes, excepto el cantor Femio, fueron masacrados. 


LA MATANZA DE LOS PRETENDIENTES
Crátera de figuras rojas
330 a.C.
París, Louvre




ODISEO MATA A LOS PRETENDIENTES
John Flaxman



ODISEO Y PENÉLOPE SE REENCUENTRAN

Sin embargo, Penélope no pudo creer que su esposo hubiese regresado, temiendo que el personaje ganador sea un dios disfrazado, como en la historia de Alcmena. Odiseo protestó y para demostrar su identidad hizo saber a su esposa que fue él quién hizo su cama, de la cual una de sus patas era de un tronco de olivo. Así, finalmente, Penélope reconoció que él era realmente su marido.

El anciano Laertes halló nuevamente un hijo, Telémaco un padre y Penélope a su amado esposo. Homero destacó que, a partir de ese momento, Odiseo iba a vivir una larga y feliz vida junto a sus seres queridos, sabiendo gobernar sabiamente su reino, disfrutando de amplio respeto de su pueblo.


PENÉLOPE EXPLICA A ULISES LAS PRUEBAS
SUFRIDAS DURANTE SU AUSENCIA
Francesco Primaticcio
1552
Toledo, Ohio, Museum of Art


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