sábado, 8 de marzo de 2014

LA PITONISA - EL ORÁCULO DE DELFOS


Los griegos designaban con el nombre de pitonisa a la sacerdotisa que daba a conocer los oráculos de Apolo en Delfos. Se llamaban también pitonisas a todas las adivinadoras y a todas las mujeres que se dedicaban a predecir lo futuro.

EL ORÁCULO DE DELFOS

El oráculo de Delfos, en el Santuario de Delfos, fue un lugar de consulta a los dioses en el templo sagrado dedicado principalmente al dios Apolo. Situado en Grecia, en la actual villa de Delfos, al pie del monte Parnaso, consagrado al propio dios y a las Musas, en medio de las montañas de la Fócida. Ésta era una antigua región del centro de Grecia atravesada por el gran macizo del monte Parnaso. En la Grecia clásica una parte de esta región, la que está situada al pie de dicho monte, tenía el topónimo de Pyto (o Pito), siendo sinónimo de Delfos.

De las rocas de la montaña brotaban varios manantiales que formaban diferentes fuentes. Una de las más conocidas desde era la de Castalia, rodeada de un bosquecillo de laureles consagrados a Apolo. La leyenda contaba que en el Parnaso y cerca de esta fuente se reunían diversas divinidades, diosas menores del canto, la poesía, llamadas Musas junto con las ninfas de las fuentes, las llamadas náyades. En estas reuniones mientras Apolo tocaba su lira las divinidades cantaban.

El oráculo de Delfos influyó de manera notable en la colonización de las costas de la Magna Grecia (las costas del sur de Italia y Sicilia). Además, llegó a ser el centro religioso del mundo helénico.

El nombre de Pito para referirse a Delfos fue tomado de la famosa serpiente Pitón, que vivía en una cueva de estos parajes y a la que el dios Apolo dio muerte para apoderarse así de su sabiduría y ser él quien presidiera el oráculo. La mitología contaba que después de matar a la criatura, Apolo guardó sus cenizas en un sarcófago y fundó en su honor los juegos fúnebres conocidos como Juegos Píticos. Más tarde corrió la leyenda de que ese sarcófago se hallaba enterrado debajo de ónfalos, la piedra cuyo nombre significaba "obligo del mundo", en el templo de Apolo en Delfos.

De este nombre derivó, pues, el de Pitia o Pitonisa, nombre que se le fue dando a las mujeres que interpretaban las respuestas de los dioses (es decir, los oráculos). Al templo de Apolo también se le llamaba Pitón, y al mismo Apolo en Delfos se le añadió el epíteto, siendo conocido como "Apolo Pitio".


LA PITONISA

La Pitonisa era elegida entre las doncellas de oscuro pero honrado nacimiento; no se le exigía instrucción alguna y bastaba que pudiese repetir lo que el dios le dictaba. Sólo profetizaba una vez al año, más concretamente hacia los comienzos de la primavera. Las consultas debían serle presentadas por escrito y selladas.

Antes de dar la conveniente respuesta a cuantos iban a consultarla, ayunaba durante tres días consecutivos, se bañaba en las aguas inspiradoras de la fuente de Castalia (Castalia era una ninfa a la que Apolo amaba pero ella huyó zambulléndose en la fuente que había en Delfos al pie del monte Parnaso, que desde entonces se llamaba fuente de Castalia) y mascaba hojas de laurel.

Después se sentaba sobre el santo trípode colocado sobre una cavidad de la que se desprendía un fuerte olor y un vapor embriagador. A medida que la emanación divina la envolvía, sus cabellos se erizaban, su mirada se tornaba feroz, su boca vomitaba espuma y un violento temblor se apoderaba de todo su cuerpo. Dominada por esta dolorosa crisis, luchaba contra los sacerdotes que la retenían sobre el trípode a viva fuerza; lanzaba estridentes gritos y sembraba el espanto en la asamblea.

No pudiendo, al fin, resistir por más tiempo al dios que la subyugaba, profería a intervalos palabras mal articuladas que los ministros recogían con sumo cuidado, para arreglarlas a su manera y darles un ritmo, una tabazón y un sentido que no tenían al salir de la boca de la sacerdotisa. Al acabar de anunciar los oráculos, la Pitonisa era retirada del trípode y conducida a su casa, donde pasaba muchos días restableciéndose de sus fatigas, y aun, con frecuencia, a su entusiasmo convulsivo seguíase una muerte súbita.

El oráculo habló primeramente en verso, pero a algunos viajeros maliciosos les pareció extraño que el dios de la poesía produjese versos tan desprovistos de toda belleza, por lo cual, desde entonces, la sacerdotisa habló en prosa.


EGEO CONSULTANDO A LA PITIA
Tondo de kílix ático de figuras rojas del
Pintor Codros
440 - 430 a.C.
Berlín, Altes Museum

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