viernes, 7 de marzo de 2014

LOS ORÁCULOS


Un oráculo eran las respuestas dadas por los dioses a los mortales, al ser preguntados. Se aplicaban por extensión también al lugar donde tales respuestas se obtenían y a la divinidad que era interrogada. Sin embargo, tendría una definición muy amplia: era la respuesta de una deidad por medio de sacerdotes, Pitia o Pitonisa griega y romana, la Sibila, interpretaciones físicas (por ejemplo, el tintineo de campanillas), interpretaciones de símbolos sobre piedras (como las Runas), interpretaciones de símbolos sobre cartas (como el Tarot) o de sacrificios de animales.

Consultábanse los oráculos con motivo de las grandes empresas o por insignificantes asuntos domésticos.. Si se trataba de declarar la guerra, negocias la paz, librarse de una plaga, dictar leyes, fundar una nueva colonia, etc., siempre se consultaba a los oráculos. Si alguien pretendía emprender un viaje, tomar esposa, construir un palacio, saber si curaría una de sus enfermedades etc., recurría a cualquiera de las divinidades que tenían fama de predecir el futuro, gozando así de la más grande reputación:

  • En Dodona y en Libia se encontraban los oráculos de Júpiter o Zeus.
  • En Delfos, Claros y Delos los del dios Apolo.
  • En Epidauro estaba el del dios de la medicina y la curación, Esculapio o Ascelpio.
  • En Beocia estaba Trofonio.

Cada oráculo tenía un modo particular de exponer la voluntad del cielo. En Delfos había una sacerdotisa llamada Pitonisa que cumplía esta función; en Dodona se hacía hablar a las palomas y a los robles. Júpiter-Ammón expresaba su voluntad claramente y sin rodeos. En ciertos lugares, se obtenía la respuesta del dios durante la noche y por medio de los sueños. En Claros el que consultaba no formulaba pregunta alguna, limitándose a dar su nombre por escrito y la respuesta satisfacía la pregunta que se quería proponer.

Las decisiones de estos oráculos eran tenidas por infalibles, pero ordinariamente ofrecían doble sentido o nebulosa ambigüedad. Así cuando la Pitonisa aconsejó a Nerón "que desconfiase de los setenta y tres años", este último emperador de la dinastía julio-claudia entendió que su vida se prolongaría hasta esa avanzada edad sin pensar en su lugarteniente, Galba, que tenía esta edad y fue quien le arrebató el trono.

Alejandro Magno Antes de realizar su expedición a Asia acudió a Delfos precisamente uno de los meses en que el oráculo no formulaba respuestas y en que la pitonisa no tenía derecho a subir sobre el trípode sagrado. Indignado por este obstáculo imprevisto arrancó a viva fuerza a la sacerdotisa de su celta y la llevó a rastras al santuario, cuando ella se apresuró a gritar: "¡Hijo mío, eres irresistible!", Alejandro no quiso ya escuchar otro oráculo y partió lleno de confianza a buscar la conquista de Asia.


ALEJANDRO MAGNO PIDIENDO AUDIENCIA CON EL
ORÁCULO DE JÚPITER-AMÓN
1696

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