viernes, 27 de junio de 2014

OTROS ASPECTOS DE LA RELIGIÓN EN LA ANTIGUA GRECIA


La antigua religión griega es conocida gracias a tres tipos de fuentes (orden literario, epigráfico y arqueológico). Reposa sobre un conjunto complejo de prácticas de la antigüedad griega, por lo que no debe ser confundida con la mitología helena, que describe los mitos propios del mundo griego, que no estaban forzosamente ligados al sentimiento religioso pero podían tener cierta esencia literaria. La religión, en cambio, suponía el interés por los ritos y otras prácticas ceremoniales tradicionales.

La religión no era un asunto de creencia privada. Era ante todo pública y concernía a la comunidad, de donde surgieron sus importantes implicaciones con la vida política. De hecho, no se relegaba a ciertas esferas de la vida cotidiana pero podía concernir a todos sus aspectos.

Los griegos no establecían verdaderamente diferencias entre el dominio religioso y el profano: cada momento de la vida podía estar acompasado por un rito más o menos formal, una oración, una práctica religiosa.


FE, PIEDAD E IMPIEDAD

Mientras que los mitos griegos son célebres, su religión es bastante menos conocida. Una de las razones de esta extraña paradoja es la ausencia de testimonios directos que se pronuncien sobre la naturaleza real de la fe y del sentimiento religioso. En un sentido, es imposible afirmar directamente que los griegos creían en sus leyendas mitológicas y otorgaban un crédito real a sus prácticas. Sin embargo, hay dos hechos asegurados por los escritos: por un lado, el contenido de los mitos era aceptado por los griegos de la época; por otro lado, la piedad, y no la fe, era totalmente real.

La religión griega no parece haber requerido una adhesión profunda en un dogma, que no existe además, sino el simple respeto a los ritos. 

Los términos griegos clave eran la piedad (eusébeia) y la impiedad (asébeia). Sin dogma, la noción de piedad es difícil de percibir. La impiedad, por el contrario, lo es menos. Se la entiende como una ausencia de respeto a la consideración de los ritos de la polis, considerada como un crimen merecedor de denuncia ante los tribunales. Así, hay que suponer que los fieles de una nueva religión o de un dios nuevo que deseaban practicar su culto debían pedir autorización, cosa que sería sometida a voto. Por ejemplo, a Sócrates (469 - 399 a.C.) lo condujo a la pena capital, pronunciada por la ciudad ateniense.

Se puede, pues, definir la piedad griega como el respeto en su justa medida, el conocimiento de los límites a no franquear el respeto a las leyes divinas. Se trata, ante todo, de respetar las tradiciones de los ancestros y de otorgar a los dioses lo que se les debe en forma de ofrendas, oraciones u de otra manera, pudiéndose cumplir los ritos sin conocer el significado profundo. La oración es, ante todo, cívica (el cargo de sacerdote, salvo en raros casos, es civil y que no existe el clero) y cada ciudad está protegida por una deidad tutelar. Faltar al respeto es arriesgarse a que cese de asegurar esta protección, peligro que concernirá a todos los ciudadanos.


LO SAGRADO

Lo sagrado en tanto que tal no existe en la religión griega. Tres nociones cercanas, no obstante, son dadas a conocer, y no conviene confundir.

  • Hierós.
Este término remite a las cosas que permiten la aplicación de las condiciones necesarias par ala realización del rito. Se trata de formas casuales o circunstanciales, y no esenciales, de lo sagrado. Así, un lugar puede volverse sagrado al tiempo de una ceremonia (el lugar de un sacrificio), incluso un objeto de la vida cotidiana (el cuchillo para degollar a la víctima sacrificial) o incluso un hombre (el oficiante).

En efecto, el sacerdote (hiereús) no es un hombre fuera de la sociedad civil. El clero no era una casta social, sino una función administrativa de la sociedad griega. A menudo, el sacerdote, efectivamente, no es más que un funcionario sacado a suerte o elegido para un año. El sacerdocio aparece como un cargo del Estado, esencialmente efímero. Durante su mandato, el sacerdote no es investido de sus funciones más que durante los actos litúrgicos, y no fuera de estos momentos. No existe, además, un clero griego jerarquizado y organizado como una institución autónoma.

  • Hágios.
Este concepto podría ser traducido por el adjetivo santo. Caracterizaba lo que era definitivamente alejado de la vida cotidiana y del mundo común por su pureza, oponiéndose así a hierós. Es notable que sea el término que se usa en griego moderno para designar a los santos cristianos. 

  • Hósios.
Este último término connotaba la idea de permisión. Es lo que está prescrito o permitido por la ley divina. 


LO PURO Y LO IMPURO

En la religión griega, la pureza (katharós) no es moral sino material. Su importancia es capital porque no se puede participar en los ritos y penetrar en un témenos, santuario o no, más que en estado de pureza. En este aspecto, el islam está muy próximo de la religión griega. Puro es sinónimo, además, de limpio. Se comprende por qué, en algunos ritos, el lavado de manos estaba prescrito. Las nociones de pureza y de impureza dependen eternamente del contexto: tal objeto considerado puro puede ser impuro en otro contexto.

En el caso de la sangre, que no es ni pura ni impura, todo depende del rito considerado. La sangre de la víctima sacrificada es pura, la de un muerto caído en tierra, impura. Es por esta última razón que todo aquel que matase a alguien, sea mortal o no, debe ser "lavado" de su mancha tras el combate, incluso si era legal o en interés de la polis. De la misma manera, la muerte de un allegado es fuente de mancha, lo que impide asegurar el cargo de sacerdote, de participar en ciertas ceremonias y de penetrar en un témenos. Se encuentran restos de este informe ambiguo de la sangre en las historias mitológicas:
  • Orestes, después de haber vengado con sangre la muerte de su padre Agamenón (lo que se consideraba su deber), debe expiar su mancha siendo perseguido por las Erinias. Esto no acontece más que después de una absolución por parte de Atenea y tras una colecta impuesta por Apolo, siendo así lavada la sangre de sus víctimas y encontrando el reposo de las Furias.
  • La isla de Delos, entonces errante, fue la única tierra en acoger a Leto, madre de Apolo y Artemisa, para que allí diese a luz. Hera, en efecto, una vez más engañada por su esposo Zeus, padre de los gemelos de Leto, había prohibido a cualquier tierra acaparar a su "rival". Convertida en la cuna de los dos dioses, se otorgó a Delos la inmovilidad y la isla se volvió sagrada. Para hacerla exenta de toda mancha, se decretó que estaba prohibido nacer o morir allí; se fue hasta allí para exhumar los cadáveres enterrados en la isla con anterioridad a fin de garantizar la pureza.
  • Apolo debió, tras haber matado a Pitón, purificarse de su muerte. Es por este acto violento que el dios fundó una de las ciudades más piadosas del mundo griego.


ORESTES PERSEGUIDO POR LAS FURIAS
William - Adolphe Bouguereau
1862

No hay comentarios:

Publicar un comentario