miércoles, 25 de junio de 2014

TRIPTOLEMO


Triptolemo era un semidiós y un héroe que aprendió de la mismísima Deméter las artes de la agricultura y las enseñó a los griegos. Era hijo del rey Céleo y la reina Metanira de Eleusis, en el Ática. Sin embargo, según Pseudo-Apolodoro era hijo de Gea y Océano, considerándolo así un "hombre primordial".

Siempre estuvo relacionado con la Deméter de los misterios eleusinos, que perduraron en el mundo heleno y romano hasta la era cristiana.

Se representaba a Triptolemo como un joven con una rama o diadema en la cabeza, normalmente sentado en su carro alado de una sola rueda tirado por dragones o serpientes. El carro probablemente simbolizaba el proceso de trillar el grano, siendo la rueda el círculo en el que giran los bueyes y las alas los bieldos con los que aventar, separando las cáscaras vacías del grano. Las serpientes eran el reflejo del renacimiento y la fertilidad de la tierra.

Sus atributos incluyen un plato de grano, un par de espigas y un cetro.



EL MITO DE TRIPTÓLEMO

Deméter (Ceres en Roma), diosa de los cereales y las cosechas, recorrió muchos países buscando a su hija Perséfone (Proserpina), que Hades (Plutón) le había arrebatado. Un día que esta madre infortunada atravesaba el Ática bajo la apariencia de una vulgar mujer, se detuvo cerca de Eleusis y se sentó sobre una piedra para descansar un poco. Allí conoció a las hijas de Céleo, a quienes contó que se hacía llamar Doso, una cretense que había sido raptada por piratas y que podía realizar cualquier tarea doméstica que le diesen. Al conocer a la hija de Céleo, Metanira, y suponiendo por su decaído aspecto que alguna pena la mortificaba, acercóse a ella y le rogó que fuese a casa de su padre para reposar. La diosa aceptó y se dirigió a la mansión real; Céleo le dispensó tan buena acogida, que la diosa, altamente reconocida a la sincera hospitalidad, devolvió la salud a su hijo Triptolemo, que todavía se encontraba en la cuna.

Deméter se encariñó con el infante. No se contentó con esto la diosa, su gratitud le exigía hacer algo más: tomó a su cargo la educación de Triptolemo y quiso hacerle inmortal. A este efecto, durante el día le alimentaba con su leche y por la noche le tendía sobre carbones encendidos para despojarle de su condición mortal.

El niño crecía visiblemente y de modo tan prodigioso que se apoderó de su madre la más viva curiosidad; quiso Metanira saber lo que pasaba durante la noche y qué mágicos procedimientos empleaba Deméter. A este fin se ocultó en un rincón de la estancia y, al ver que la diosa se disponía a someter a su hijo al fuego depurador, lanzó un grito de espanto y quedó destruido el encantamiento.

Cuando la oyó lamentarse, Deméter quitó al niño del fuego y lo arrojó al suelo diciendo: "Insensatos sois los mortales... Pues habría hecho inmortal a tu hijo y no habría envejecido en su vida, pero ahora no puede escapar en modo alguno de la muerte".

No pudiendo ya la diosa dar al joven Triptolemo la inmortalidad, quiso, por lo menos, que fuera amado por todos los hombres: enseñóle el arte de sembrar el trigo y de hacer el pan, y dióle, después, un carro tirado por dos dragones para que recorriese diversos lugares de la tierra enseñando el arte de la agricultura y plantando semillas desde el aire por toda la tierra. Así pues, a través de él, el resto de Grecia aprendió a plantar y segar los cultivos. Según algunas tradiciones, fue así como Deméter agradeció a Triptolemo la información sobre su hija.

Cuando Triptolemo enseñó a Linco, rey de Escitia, las artes agricultoras, éste rehusó enseñarlas a sus súbditos y trató de matar al hijo de Metanira. Deméter, para salvarlo, lo transformó en un lince.

A su muerte, Triptolemo también fue considerado un juez del inframundo. Por otro lado, Triptolemo estaba igualmente relacionado con la concepción de esperanza para la otra vida, asociada con la expansión de los misterios eleusinos.



TRIPTOLEMO Y CORÉ
Copa ática del Pintor de Aberdeen
470 - 460 a.C.
Louvre, París

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